Inpresioak, sentsazioak, ezusteak … Ez bilatu “informazio erabilgarria” saila --------------------------------------- Impresiones, sensaciones, sorpresas… No busques sección de “información útil”
2021/12/21
2021/12/02
GR 282 SENDA DEL PASTOREO (5)
4.- BOSQUE, CUMBRES Y RASOS
GR-282. Camino natural Senda del Pastoreo.
Viaje a pie y en solitario realizado en 20 etapas (en periodos de 3, 4 y 5 días) entre el 8 de junio y el 8 de julio de 2021.
2021/09/22
GR-282 SENDA DEL PASTOREO (4)
3.- LLEVAR LA CONTRARIA AL SOL
GR-282. Camino natural Senda del Pastoreo.
Viaje a pie y en solitario realizado en 20 etapas (en periodos de 3, 4 y 5 días) entre el 8 de junio y el 8 de julio de 2021.
2021/09/12
GR-282 SENDA DEL PASTOREO (3)
2.- CERCA DE CASA
GR-282. Camino natural Senda del Pastoreo.
Viaje a pie y en solitario realizado en 20 etapas (en periodos de 3, 4 y 5 días) entre el 8 de junio y el 8 de julio de 2021.
2021/09/08
GR-282 SENDA DEL PASTOREO (2)
1.- SIGUIENDO AL SOL
GR-282. Camino natural Senda del Pastoreo.
Viaje a pie y en solitario realizado en 20 etapas (en periodos de 3, 4 y 5 días) entre el 8 de junio y el 8 de julio de 2021.
2021/09/05
2021/08/08
PUERTO DE SANTA TEODOSIA, MIRADOR DEL VALLE DE ARANA
Un plato desconocido para ti con una presentación apetitosa primero lo ves, luego lo catas y por fin lo disfrutas; después repites de vez en cuando para seguir saboreándolo. Ver, catar, saborear. Podría decir que con la ermita de Santa Teodosia, en San Vicente de Arana, ese es el proceso de disfrute en el que me encuentro inmerso.
En un reciente viaje a pie para recorrer la Senda del Pastoreo (GR-282), casi al inicio de mi catorceava etapa, llegué a un lugar que no conocía y que me sorprendió. La ermita y, sobre todo, el entorno del collado de Zanarri o de Santa Teodosia me parecieron admirables.
No he podido iniciar otro viaje sin compartir antes lo que para mí fue un hallazgo, si no casual sí inesperado.
Ver y catar
Había salido de San Vicente de Arana cuando aún el silencio no tenía rasgaduras. El camino pronto me introdujo en un hayal. Después de caminar poco más de 2 km me topé con la ermita de Santa Teodosia. Allí parecía terminar el camino que subía por el bosque. Unas esbeltas columnas toscanas fue lo primero que llamó mi atención, y el amplio pórtico con dos de los lados del rectángulo que forma su superficie abiertos; uno al camino que sube por el SW, el otro mirando hacia Anda, al SE.
‒Podría haber dormido aquí ‒fue lo primero que pensé al ver el generoso pórtico y sus vistas. Pero no me arrepentí de haberlo hecho en el albergue de San Vicente y haber disfrutado de la amabilidad de la gente del pueblo.
Dejé la mochila bajo un balcón semicircular (un púlpito abierto hacia el valle), rodeé la ermita y caminé por los alrededores. Descubrí en uno de sus lados un fresno declarado árbol singular en 1995, un precioso crucero y, hacia el E, un dolmen. Seguí caminando por el borde de los acantilados que miran hacia el Valle de Arana para contemplar San Vicente, que desde la ermita queda tapado por el bosque por donde subí. No estuve más de media hora por el lugar. No había hecho mucho más de 2 km y un cartel que había junto al camino me avisaba de que me quedaban más de 30 km para llegar al destino de aquel día.
Había descubierto un plato con una atractiva presentación y lo había catado. Tendría que volver para saborearlo.
Catar y saborear
Cuando viajas en solitario hay momentos en los que desearías que las personas que quieres y aprecias pudiesen ver y sentir lo mismo que tú ante los paisajes que admiras, lo que ves y lo que sientes. Esta semana he vuelto a la ermita de Santa Teodosia con Josune (con quien cada día compartía lo que había hecho en mi viaje por el GR-282) y con Nerea. Yo volvía a saborear, esperaba que ellas a catar y saborear.
El viernes accedimos a la ermita desde el puerto de Opakua. Por la carretera que atraviesa los altos de Iturrieta para llegar a Maeztu (o, desviándose por Sabando, al valle de Arana) llegamos al cruce del ramal que sale hacia la ermita de Santa Teodosia. Antes de llegar a la ermita comprobamos la tranquilidad en la que viven las vacas que aprovechan los pastos de la parzonería de Iturrieta. Tuvimos que parar ante un par de rebaños que ni se inmutaban ni se apartaban de la pista al paso del coche.Al llegar a nuestro destino pude comprobar que mi admiración por el lugar no tenía nada de extraño. Quienes me acompañaban no pudieron dejar de expresar la suya por el hermoso lugar, por el admirable paisaje.
Tuvimos la suerte de poder acceder al interior de la ermita y de sus dependencias. Varias personas del valle de Arana estaban trabajando para mantener adecentados los edificios y los alrededores, y preparando su comida en las dependencias del ermitaño. Nos invitaron a entrar.
La iglesia es de una sola nave. Sobre el presbiterio hay una cúpula abierta en su parte superior para iluminar la zona del altar; desde fuera no es visible porque durante la última obra del tejado, que ahora es de uralita, colocaron sobre ella una viga de madera. Adjunta a la iglesia y las dependencias del ermitaño hay una amplia sala adornada con pinturas realistas y modernas en las que se representan escenas propias de la vida y oficios del Valle de Arana: yuguero, pastor, carbonero, elaboración de queso, colocación del mayo… Esta sala se puede alquilar.
Quien nos enseñó los edificios nos explicó cuáles eran para él los balcones con mejores vistas:
‒Igeldo para ver Donostia, Gaztelugatxe para contemplar la costa vizcaína, Santa Teodosia para ver Anda, que por algo es mi pueblo.
‒Te olvidas de uno ‒le dijo Nerea‒, la sierra Salvada, para ver Aiaraldea.
‒Tienes razón, ese también es un balcón excelente ‒dijo nuestro anfitrión.
Nosotros ascendimos unos centenares de metros hacia el E para ver si Igeldo y Gastelugatxe pueden compentir con Santa Teodosia, y si Santa Teodosia puede competir con la Sierra Salvada. A medida que dejábamos atrás y más abajo la ermita, el dolmen y el propio puerto, la vistas se hacían más atractivas. Al sur los montes Joar y Kostalera dibujaban el horizonte; más al oeste destacaba la silueta característica del monte La Población, seguido del resto de la sierra de Cantabria; también al sur, y delante de Joar y Kostalera, la sierra de Lokiz... A nuestros pies los pueblos del Valle de Arana, cada vez más despoblados.
El Valle de Arana y las cumbres meridionales de los Montes de Iturrieta, hasta ahora imperdonablemente desconocidos para mí, serán en adelante lugares para recorrer, para ascender, para saborear en compañía de familiares y amigos; serán lugares para aconsejar a quienes sé que disfrutan sintiéndose rodeados de una naturaleza generosa y tranquila.
No pasará mucho tiempo antes de que vuelva a San Vicente de Arana para ascender a la ermita de Santa Teodosia, recorrer las cumbres meridionales de los Montes de Iturrieta, descender a Kontrasta, caminar por los cuatro pueblos del valle (Kontrasta, Ullibarri-Arana, Alda y San Vicente de Arana) y reponer fuerzas en el restaurante Obenkun.SANTA TEODOSIA MENDATEA, HARANAKO BEGIRATOKI APARTA
Zuretzat ezezaguna den plater bat, itxura atsegina badu, lehendabizi ikusi, gero dastatu eta azkenik gozatu egiten duzu; gero noizean behin errepikatzen duzu gozatzen jarraitzeko. Ikusi, dastatu eta gozatu. Esan nezake horrela dela Done Bikendi Haraneko Santa Teodosia ermitarekiko murgilduta nagoen gozamen prozesua.
Artzaintzaren Naturbidea (GR-282) oinez egin berri dudan bidaian, ia nire hamalaugarren etaparen hasieran, ezagutzen ez nuen leku batera iritsi nintzen. Zanarri edo Santa Teodosia mendatean dagoen baseliza eta, batez ere, ingurua miresgarriak iruditu zitzaizkidan. Ezin izan dut beste bidaia bat hasi partekatu gabe niretzat aurkikuntza izan zena, ustekabekoa ez bazen ere.
Ikusi eta dastatu
Isiltasunak oraindik urradurarik ez zuenean Done Bikendi Haranatik aterea nintzen. Bideak laster pagadi batean sartu ninduen. 2 km pasatxo ibiliak nituenean, Santa Teodosia ermitarekin egin nuen topo. Bazirudien han amaitzen zela basoan gora zihoan bidea. Toskanar zutabe lirain batzuk izan ziren nire arreta piztu zuen lehen gauza, eta gero baselizaren elizpe laukizuzen zabala bi aldetako irekia; bata hego-mendebaldetik igotzen den bidera, bestea Anda aldera begira, hego-ekialdera.
‒Hemen lo egin nezakeen ‒horixe izan zen elizpe zabala eta bere bistak ikustean pentsatu nuen lehen gauza. Baina ez nintzen damutu Done Bikendiko aterpetxean lo egin eta herriko jendearen adeitasunaz gozatu izanaz.
Dastatu eta gozatu
Gozatzen jarraitu
2020/08/05
ZUBEROA, destino recurrente
Julio de 2020
Han pasado tres décadas desde que Josune y yo hicimos el primer viaje juntos a Zuberoa. Aunque no hayamos vuelto con regularidad se ha convertido en un destino recurrente. Hemos vuelto en diferentes estaciones del año, primero solos , con Aimar después; algunas veces acompañados por otras personas.
Nuestro primer viaje fue en verano. Cada vez que por las tardes íbamos a instalar nuestra tienda en algún camping se desataba la tormenta; algún día también nos sorprendió en medio de un bosque durante algún recorrido montañero.
En alguno de nuestros viajes la lluvia no nos abandonó en ningún momento; proporcionaba al paisaje un verde saturado y, a veces, un ambiente misterioso. Aquel color y aquel ambiente es el que visualizo cada vez que pienso en Zuberoa.
Esta vez nos instalamos en el camping de Pont d'Aubense (Oinizegaine), un camping precioso en un pueblo separado de Atharratze por el río. Los dos pueblos están comunicados por un estrechísimo puente sobre el río Uhaitzandi (la Saison).
En este enésimo viaje a Zuberoa nos hemos centrado sobre todo en las gargantas de Basabürüa: Holtzarte y Oladibia, Kakueta y Eluharre. Algo de ellas se puede ver pulsando en este enlace.
2019/10/04
Baztan
BAZTANGO PAISAIAZ BLAI
Urriaren hasierarekin batera Baztanera joan ginen Auza mendira igotzeko asmoz. Erratzuko kanpinean hartu genuen ostatu, eta ilundu aurretik Xorroxin ur-jauziraino joan ginen. Gauean euria entzun genuen; euri-jasak ez zuten atertu eta egunsentiarekin handiagotu egin ziren. Euriak eta lainoek Auzaren mendi-hegalak estaltzen zituzten; ez ginen igo. Euripean, Baztango hainbat leku bisitatu genituen, eta paisaiaz blai bukatu genuen eguna.
Auza ez genuen igo; badaukagu aitzaki bat Baztanera itzultzeko.
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BAZTÁN; EMPAPADOS DE PAISAJE
Con el comienzo de octubre fuimos a Baztán, con la intención de subir al Auza. Nos alojamos en el camping de Erratzu, y antes del atardecer fuimos hasta la cascada de Xorroxin. Por la noche oímos la lluvia; los chaparrones no amainaron, y arreciaron al amanecer. La lluvia y las nieblas ocultaban las laderas del Auza; no subimos. Bajo la lluvia visitamos varios lugares del Baztán; terminamos el día empapados de paisaje.
2019/07/05
Lendoño de Abajo. En la Esquina de Arriba
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Al este de la iglesia del pueblo y pegada a ella, está la elegante y restaurada torre medieval (del siglo XIII o del XIV). La torre es mucho más vieja que la iglesia, por lo que quizás sea mejor decir que la iglesia está al oeste de la torre.
Para todos los lendoñeses de más de cincuenta años esa torre fue escuela; una escuela con un único maestro o maestra. Durante varias décadas el mismo: el que enseñó a leer y escribir a mi madre también me enseñó a mí. Tanto ella como yo poco aprendimos en la escuela, pero mi madre tenía una letra mucho más clara.
Durante los recreos jugábamos casi siempre en la Esquina de Arriba, detrás de la iglesia. La Esquina de Abajo era un espacio muy estrecho y solo la frecuentábamos para jugar al escondite o en las carreras alrededor de la escuela y de la iglesia. Bueno, también para algo imposible de evitar: los chicos usábamos la Esquina de Abajo de meadero (así lo llamábamos).
En las fiestas de este año de Lendoño de Abajo también hemos usado la Esquina de Arriba como lugar de recreo. Lo podéis ver en la foto; en ella aparecen tres alumnos de la última época en la que la torre fue escuela: uno lleva una camiseta roja, los otros dos están en los extremos de la fila; el de la izquierda ya ha superado la frontera de los sesenta, el de la derecha está más cerca de los sesenta que de los cincuenta. Compitieron con intención de ganar; el de la derecha ganó la carrera de sacos, el de la izquierda no la perdió. Hace tiempo que los dos participaron con pasión en los juegos de la Esquina de Arriba. ¡Todavía la mantienen!
2019/06/24
Lendoño de Abajo. Lejos de la escuela
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Esta foto es anterior a la de la tala de las encinas (1968) del barrio de Elizalde de Lendoño de Abajo; tiene por lo menos seis años más. La ocupación de quienes aparecemos en ella es evidente. Era por la tarde, probablemente en otoño. No recuerdo la hora, podría ser hora de estar en la escuela. La de Lendoño la teníamos cerca, pero la caprichosa decisión de alguien nos había secuestrado el derecho de acudir a ella. A veces, cuando teníamos que ayudar en los quehaceres urgentes del caserío, pedíamos permiso al maestro o a la maestra para salir antes de clase. Pero no, el secuestro o el robo del derecho no fue para ese día; nos cerraron la escuela durante cuatro años. Según le pareció a alguien, el edificio (la actualmente rehabilitada supuesta casa torre) no reunía condiciones suficientes. Los niños de los dos Lendoños nos quedamos sin aula y sin maestra. Esta no hizo ningún esfuerzo por quedarse, estaba deseando abandonar Lendoño; quien ordenó el cierre no nos dio la oportunidad de ejercer nuestro derecho en las escuelas de Belandia o de Orduña.
Algunos fuimos un año a donde un maestro jubilado de Orduña; otro año la mayoría de los de Lendoño de Abajo fuimos donde dos frailes que estuvieron en la casa El Recuerdo, en el barrio de La Antigua de Orduña; durante otro curso un cura joven que vino a Ruzabal, nos enseñaba algo en la escuela que habían cerrado… Todo sin método, sin seguimiento, casi sin resultados.
La maestra que se había ido volvió de nuevo a dar clases en la misma escuela que había abandonado. El único cambio que se había producido en el edificio era el solado del aula, mucho más feo que el anterior. No sabemos dónde estuvo la maestra durante aquellos cuatro años. Nosotros yendo y viniendo de Orduña; jugando al fútbol con el cura del pueblo (tampoco aprendimos mucho en esto) y practicando otros juegos alrededor de la iglesia y la escuela; ayudando en los trabajos del caserío… Y muchos días cuidando las vacas, como en la foto. Quien nos sacó la foto tenía que conocer el entorno para pasar por donde estábamos. Para nosotros era ya mayor, pero le vimos con ojos de niño y puede que fuese joven. ¿Era de Orduña? Si aún vive, ¿recuerda aquel momento? (*👇)
2019/06/18
Lendoño de Abajo. Crónica de una tala anunciada
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Después de la misa dominical del 27 de octubre de 1968, el alcalde de Lendoño de Abajo organizó una reunión desacostumbrada y repentina, aunque los vecinos no habían sido convocados. La propuesta del alcalde pilló desprevenidos a quienes estaban delante de la iglesia: quería talar las encinas que había en los extremos de la bolera. Solo dos de los presentes se mostraron en contra, y la decisión caprichosa del alcalde supuso la condena a muerte de los árboles. Pero esta historia había empezado antes.
En setiembre llegaron a Lendoño de Abajo una nueva maestra y su madre. La escuela estaba en la casa torre recientemente restaurada: en la planta baja el aula y una pequeña cuadra, en la de arriba la vivienda. La nueva maestra se instaló en la casa con su madre y comenzó su trabajo. El vecindario (sobre todo Rosario, mi madre) hicieron lo posible para que se sintiesen a gusto. La maestra, de nombre Sara, era agradable y se adaptó bien. Todo el vecindario la llamábamos Sarita.
Debajo de la ventana de la cocina de la casa estaba el cementerio viejo, y fuera del cementerio una encina grande y añosa; tenía el tronco medio vacío. Unos metros más lejos había otra, y entre las dos una bolera que no se usaba. Los árboles ocultaban el resto de casas del barrio, y la maestra quería mejores vistas.
El alcalde de aquel tiempo tenía ya sus años; para entonces no tenía hijos o hijas en edad escolar. Pero era enamoradizo. Cada vez que pasaba cerca de la escuela acortaba el paso y los ojos se le iban hacia allí; la mayoría de las veces las encinas estaban en medio. Más de una vez se encontraba con la madre de la maestra, pero ella no era la que le quitaba el sueño.
Como dos elementos químicos que no pueden mezclarse sin riesgo, los deseos de la maestra y el capricho del alcalde se hicieron presentes al mismo tiempo y en el mismo lugar. Aquellos elementos necesitaban un catalizador para producir la desventurada reacción. Esa función la cumplieron la indiferencia de algunos vecinos y la sorpresa paralizante de otros. Los argumentos de quienes se pronunciaron en contra eran más afectivos que racionales, y no tuvieron la fuerza suficiente para evitar lo que ya era inevitable.
La foto está sacada en el barrio Elizalde de Lendoño de Abajo, cuando estaba a punto de cambiar el paisaje. Todos quienes se acercaron a ver la tala eran más jóvenes que las encinas, y la mayoría tenían algún lazo afectivo con ellas. Al ser recién llegada, la maestra era la única que no tenía ningún tipo de vínculo con los árboles. Para todo el vecindario las encinas estaban allí “de siempre”. Ver cómo acaba la eternidad para algo que era eterno tiene que producir profunda emoción; quizás por eso la mayoría ponía su atención en el árbol que era “de siempre” y que estaba a punto de caer. En primer plano, junto a la pared de la bolera, se ve a la maestra y delante de ella a Rosario, mi madre; por encima aparece una rama de la otra encina. Del grupo que se ve al fondo dos no ponen su atención en el viejo tronco; un muchacho mira al fotógrafo; el alcalde tampoco sigue el trabajo de tala, tiene sus ojos en la maestra. Aquellos días “la eternidad”, “la infinitud” y “la inmensidad cósmica” las veía en la maestra.
Nadie convocó a la Junta Administrativa de Lendoño de Abajo para que tomase la decisión de talar las encinas; la seudorreunión no fue oficial y en los libros de actas no se escribió nada. Las encinas permanecieron casi cinco años en el lugar en el que cayeron, como si fuesen intocables, o como si no hubiese ocurrido nada. Por fin, en setiembre de 1973, se hizo leña con sus troncos. Rufino y Magdaleno, dos leñadores de Orozco que vinieron a trabajar en el hayal de La Dehesa de Lendoño de Abajo, las hicieron astillas. Pero la leña no se utilizó ya para calentar la escuela en invierno. En 1972, con el curso ya empezado, se cerró para siempre la escuela de Lendoño.
Sara, la maestra que quería mejores vistas, no vivió ese cierre. Solo permaneció un curso en Lendoño de Abajo; tomo parte en un concurso de traslados y se fue. No sabemos si al marchar miró hacia atrás; no sabemos si fue a un pueblo más cómodo. Sí sabemos que la nostalgia no le ha hecho volver.
2019/06/12
Lendoño de Abajo. Documental de un solo fotograma
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El paisaje ha cambiado. Para poder comparar el de la antigua fotografía con el actual adjunto aquí la foto antigua y otra sacada el 25/08/2022, con números para identificar los cambios.
Las casas
Al primer golpe de vista vemos el Lendoño actual, pero a quienes conocemos el pueblo, inmediatamente nos sorprende la casa de la izquierda. Era la Casa cural(1), que ya no existe. Durante la Guerra Civil estaba desocupada; la convirtieron en polvorín y, más tarde, acabó quemándose. Se aprecia bien la huerta que tenía, rodeada por una pared; para nosotros era la Huerta cural, hasta que en 1984 llegó la concentración parcelaria. Otra casa que desapareció es la primera que se ve en Poza: la Casa Chaves(2). Mi madre nació en 1925 y no la conoció, pero al campo cerrado que se ve delante le llamaba Campo Chaves.
Otro caserío que se ve en el barrio Elizalde también se arruinó del todo(3), es el que está detrás de la casa que más cerca vemos(4). Hoy hay una vivienda nueva en el mismo lugar; aquí, de una manera u otra, se ha mantenido la silueta del pueblo.La construcción que está adosada a la iglesia(5) fue escuela para todas las personas de Lendoño que hoy tienen más de cincuenta años. Es una antigua casa torre* construida en el siglo XIII o XIV. A lo largo de la historia ha sido casa torre, humilladero, sede del concejo, y escuela; cumplió con esta última función entre 1825 y 1972. En 2003 se celebró la inauguración de su rehabilitación; hoy es una elegante sede para el concejo de Lendoño de Abajo.
A la derecha de la casa torre se ve un pequeño espacio rodeado por una pared, también desaparecido; era el antiguo cementerio(6). Durante nuestra época escolar no había puerta para entrar, pero a menudo saltábamos dentro cuando jugábamos al escondite. Si encontrábamos huesos, los tocábamos; alguna vez habíamos oído que frotando los huesos de los muertos éstos se convertían en oro. Que yo sepa nadie de los que andábamos en la escuela se ha hecho rico, si no es en años.En el barrio Elizalde se ven cuatro hornos, son las pequeñas construcciones con tejado que hay cerca de los caseríos o adheridas a ellos; hoy no queda ninguno. El de la casa cural está entre la casa y la iglesia; las personas de más edad de Lendoño (con más de 90 años) no lo recuerdan. Los otros tres desaparecieron con la rehabilitación de los caseríos; para la década de los 80 del siglo XX no quedaba ninguno. El último que se utilizó fue el del caserío que hay a la derecha. En ese caserío se ven tres construcciones: la casa más grande, al lado otra de dimensiones mucho más reducidas ―la casa vieja―, y a la derecha de esta una construcción mucho más pequeña; ese era el horno de pan. En 1972 se recogió la última cosecha de trigo en Lendoño de Abajo, y fue en este caserío, por tanto ese año y el siguiente fueron los últimos en los que se utilizó el horno.
El caserío que hay detrás de la casa que más cerca vemos, tiene el horno a la derecha. Éste, además de la función de horno de pan, hizo de escuela durante algún tiempo. El actual vecindario de Lendoño no lo recuerda, pero mi ama decía que ahí dio escuela un maestro faneguero, que ella no conoció. El salario de aquellos maestros no lo pagaba el gobierno, parece que lo pagaban los pueblos o los vecinos de los pueblos.En el barrio Elizalde se pueden ver otros dos elementos que desaparecieron. El pequeño espacio rodeado de pared y losas que se ve delante del caserío de la derecha; se llamaba el Abejal(8) (sic), aunque las personas de mi edad no hayamos visto abejas ahí. El otro es la Huerta del maestro(9); está debajo de la huerta de la Casa cural, y solo se ve un trozo de pared. Hoy están ahí la nueva bolera y el txoko del pueblo, recién construidos.
Me voy a fijar en tres árboles, dos de ellos están en la foto, el tercero solo en mi memoria. Los dos primeros se ven delante de la iglesia, uno cerca del campanario(10) y el otro casi tapado(11) por el caserío que vemos más cerca; entre los dos había una bolera. Son encinas, relativamente jóvenes. Cuando empecé a ir a la escuela, en los primeros años de la década de los 60 del siglo XX, utilizábamos la encina de la izquierda como escondite. El tronco parecía ya muy viejo; algunos se escondían en un gran hueco que había en él; otros nos subíamos a las ramas, que entonces llegaban hasta el cementerio viejo. En 1968 llegó una nueva maestra a Lendoño. Las encinas tapaban la ventana de la cocina de la escuela, que estaba sobre el cementerio mencionado, y la maestra quería mejores vistas. El alcalde de entonces no era joven, ya no tenía hijos en edad escolar, pero era enamoradizo, y para ver bien a la maestra cuando ésta fregaba, decidió tirar las encinas.
El tercer árbol era un nogal(12). En la foto no se ve, y hoy no queda rastro de él. Estaba delante del caserío que se ve a la derecha de la foto. Cuando se hizo la foto todavía no se había plantado. Después creció hasta hacerse viejo. Lo talaron en 1969 o 1970, y con sus raíces hicieron una bola grande para una bolera de Laudio.
Las encinas pueden vivir varios siglos, los nogales también pueden contar siglos. Con estos datos, y con todos los facilitados más arriba, ¿podemos acercarnos a la edad de la fotografía?
2019/03/26
Laudio-Bilbao Ganekogortatik
2017 / 03 / 30
Laudiotik Bilborako ibilbidearen laburpena. Laudiotik atera eta Goikogana, Kamaraka, Ganekogorta eta Pagazarri gailurrak zapaldu ondoren, Bilboko pintxoak daztatu genituen.
Beheko estekatan ibilbidearen bideoa ikus daiteke.
San Miguel de Panormitis
En la isla de Symi, en el mar Egeo, termina el viaje que inicié en 2017 para recorrer la Línea Sacra de San Miguel. En Symi se encuentra el ...
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Hacía horas que la Sierra Salvada y los Montes Obarenes habían quedado atrás. Después, nuestras retinas se fueron saturando de paisaje cas...
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“Cuando mataron a mi padre, a mi madre solo le quedaron los ojos para llorar y las calles para correr”. Esta frase pronunciada por Carmen Ve...
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Cuando enero empezaba a envejecer, atravesamos, desde el norte, la cadena de los Montes Obarenes por el desfiladero de Pancorbo. Nos diri...





























