2026/06/11

Las acrópolis de Rodas


La Isla de Rodas surgió del mar mucho antes de que algún ser humano llegase a ella y decidiese habitarla. La ciencia, la Geología en este caso, explica que la colisión entre las placas Africana y Euroasiática (la subducción de la primera bajo la segunda) fue la responsable de la formación de la isla hace unos tres o cuatro millones de años(1). Para un ser humano, cuya vida comparada con la duración del planeta o del universo en el que vive es menos que un suspiro, la explicación científica y los millones de años necesarios para todo el proceso pueden ser generadores de asombro, motivadores de curiosidad y, también, confirmadores de su propia intrascendencia. Pero cuando algo queda explicado y deja de ser cuestionable, se acaban las dudas, desaparece la incertidumbre y puede disiparse el interés. Ya no podemos inflamar la imaginación para moldear la realidad y se hace más difícil ser creativos. Dejamos de ser quienes deciden lo que ha sido, lo que es y lo que va a ser.

La mitología no sirve para esclarecer cómo surgieron las islas del Egeo. Los mitos no son hoy la fuente a la que acude quien tiene sed de conocimiento y curiosidad por comprender el universo, la naturaleza, el origen de la humanidad y la evolución de esta en el mundo. Pero las atemporales historias mitológicas se inventaron para explicar todo eso; también para compartir interpretaciones colectivas como pueblo, como cultura o como civilización. Estamos ya muy lejos del origen de los mitos griegos, sin embargo, siguen formando parte de nuestro acervo cultural. No necesitan obrar en nuestro sistema de creencias para que, con sus historias, podamos envolver muchos lugares a los que llegamos en una radiante y misteriosa atmósfera que proporciona más belleza a lo que ya de por sí la tiene. Y los mitos pueden llegar a encadenarse estrechamente con la historia real. Pueden hacer que lugares y personajes para los que tenemos fechas más o menos ciertas quedan estrechamente enlazados a otros de edades mitológicas y, por lo tanto, sin dimensión temporal. Eso es lo que pasa con Rodas y su historia.

Según algunas versiones mitológicas sobre el origen de Rodas, la isla debe su nombre a la ninfa Rodo. Helios, a quien Zeus se la regaló para compensarle porque no había estado en el reparto del cosmos entre los dioses olímpicos, tuvo siete hijos con ella. Tres de sus nietos fueron quienes fundaron las tres ciudades-estado de la isla, a las que dieron sus nombres: Yálisos, Camiros y Lindos(2). Estas ciudades fueron fundadas por dorios que, procedentes del Peloponeso, se establecieron en Rodas entre los siglos XI y X a. C. Varios milenios antes que ellos, durante el Neolítico, el ser humano ya había llegado a la isla y se había establecido en ella. Pasó mucho tiempo antes de la fundación o establecimiento de las tres ciudades-estado. La versión mitológica de que los fundadores fueron tres nietos de Helios origina algunas consecuencias: se borra toda la historia anterior y, como por arte de magia, en el mapa del tiempo desaparecen eones, edades y milenios. A escala humana es como si el surgimiento de la isla se hubiese producido solo dos generaciones antes de que los fundadores pusiesen la primera piedra a cada una de sus ciudades.

Hay leyendas que alimentan esa misteriosa atmósfera con la que envolvemos historias y lugares para mirarlos con más admiración. En Rodas nos hablan de otro personaje mitológico, un héroe a quien también se le atribuye la fundación de Lindos(3): Tlepólemo de Rodas. Este héroe dorio, hijo del dios Heracles y la mortal Astioquía, nos acerca a un mapa del tiempo más ajustado a nuestra capacidad de comprensión. En la Ilíada podemos leer su agitada historia(4) y, a través de ella, sospechar que los dorios que llegaron a Rodas y erigieron sus tres ciudades-estado eran fugitivos; quizás emigrantes de la época. Tlepólemo murió en la guerra de Troya(5). Aunque aquella guerra no se desarrollase como se relata en la Ilíada, sí hay consenso sobre las razones que la provocaron y la época en la que se pudo producir; esto nos deja más cerca de la historia que del mito, aunque se trate de una historia envuelta en leyendas. 

Entre todo lo que se conserva de la antigüedad en Rodas, lo más vinculado a las leyendas sobre sus fundadores, a la ninfa Rodo y al dios Helios lo buscamos en lo que el paisaje mantiene de sus antiguas ciudades. Comenzamos por la acrópolis de Lindos(6).

Acrópolis de Lindos

Salimos de la ciudad de Rodas por la carretera que sigue la costa oriental de la isla. Durante los primeros kilómetros, la sucesión de hoteles y edificios modernos se interpone entre nosotros y el mar cercano. Más tarde, cuando el paisaje deja de estar saturado del blanco de las construcciones costeras y el de las villas y chalets hacia el interior, los pinos visten las laderas montañosas y los olivos el paisaje agrícola más cercano a la costa. Poco antes de llegar a Lindos divisamos el pueblo desde arriba. Se exhibe tendido sobre un istmo que parece hundido entre el cerro de la acrópolis y el resto del territorio de la isla. Más allá, muy por encima del pueblo, la silueta de murallas, columnas y templos corona el monte que surge del mar.

Cuando pensamos en una acrópolis, quizás la primera imagen que visualicemos sea la de Atenas, un cerro rocoso, escarpado y fortificado lleno de templos en ruinas o restaurados, y siempre saturado de turistas. La de Lindos no puede competir con ella por el número de visitantes; mientras la de Atenas recibió 4.609.113 turistas durante 2025, la de Lindos “solo” 595.625, casi ocho veces menos(7). Pero en la comparación de las características que debe tener una acrópolis, la de Lindos las consuma todas. Se construyó en una colina que se eleva 116 m sobre el nivel del mar; las aguas del Egeo lamen su base y la protegen por tres de sus lados; en el cuarto, ocupando el istmo que une el cerro a la isla, se extiende el pueblo de Lindos. Todos los lados de la colina son tan abruptos que hacen difícil el acceso a la cumbre y la convierten en un lugar ideal para el culto, un lugar apartado, silencioso, protegido y seguro. La orografía separa el cerro del resto de la isla de la que forma parte, sin arrancarlo de ella, y otorga a la acrópolis unas vistas privilegiadas sobre el entorno.

Para llegar a la acrópolis hay que atravesar las estrechas calles del pueblo llenas de tiendas. En el ascenso nos asomamos a la bahía de Lindos, al norte, y a la de San Pablo, una ensenada casi cerrada, al sur. El pueblo se extiende entre las dos; parece una bufanda blanca protegiendo el cuello que une el cuerpo de la isla con la acrópolis, que sería la cabeza. Desde el camino de subida se observa un paisaje precioso, enmarcado a menudo por el ramaje de los pinos y más espléndido a medida que se asciende a lo alto de la acrópolis. Entramos en ella.

Para llegar al recinto amurallado de la acrópolis hay que ascender por un escalera del siglo II a. C. El primer lugar al que se accede por ella son las construcciones realizadas unos cuantos siglos más tarde, durante la ocupación de los Caballeros de Jerusalén. Al inicio de la escalera hay un bajo relieve de un barco de guerra esculpido con mucho detalle; al parecer se utilizó para una estatua de bronce. Está tallado en la misma roca del farallón sobre el que, muchos metros más arriba, se asienta la muralla de la acrópolis.

Desde el Neolítico, todas las civilizaciones que han ocupado Rodas han intervenido en esta roca. Aunque los hallazgos arqueológicos tan antiguos sean pocos y esporádicos, estos dan testimonio de la ocupación humana del sitio desde hace entre seis mil y cuatro mil años; de ser así hace muchísimo tiempo ya que se llegaba a la cumbre del cerro para venerar a alguna deidad. El santuario más antiguo que se puede ver, al menos en los restos que de él quedan y en las restauraciones arqueológicas modernas, es el de Atenea Lindia. Ocupa el extremo sur de la parte más llana y alta de la acrópolis. Los paneles informativos indican que la fundación del santuario se produjo en el siglo IX a. C., pero que en la época micénica (unos cuantos siglos antes) ya había allí un santuario dedicado a Lindia, una deidad femenina prehelénica vinculada a la naturaleza y a la fertilidad. De cualquier modo, el primer templo de piedra se construyó en el siglo VI a. C. Dos siglos más tarde, tras sufrir un incendio, hubo que reconstruirlo.

Nada de lo que hoy se ve estaba en pie al inicio del siglo XX. Entre 1902 y 1905 una misión arqueológica danesa excavó la acrópolis hasta descubrir los cimientos de todos los edificios. Durante la ocupación italiana se restauró buena parte del sitio, principalmente los edificios de la antigüedad griega. Junto al objetivo de ensalzar los monumentos estaba también el propagandístico: el de justificación del dominio italiano en el Egeo por parte de la Italia fascista. Aquellas intervenciones realizadas entre 1936 y 1940, en las que se utilizó hormigón armado, tuvieron efectos perjudiciales para la conservación de los monumentos y contribuyeron a su deterioro. Como en otros monumentos antiguos en los que se utilizó hormigón armado para su restauración, también en la acrópolis de Lindos hubo “necesidad de restaurar lo ya restaurado”(8). Entre 2000 y 2005 arqueólogos griegos rehabilitaron de nuevo los restos del templo de Atenea Lindia y corrigieron errores de la restauración italiana: recuperaron la altura original de sus columnas, recolocaron correctamente bloques originales de piedra y sustituyeron los materiales que habían contribuido al deterioro por otros compatibles con la conservación del monumento. Mariana Esponda Cascajares(9) dice en su trabajo:

En los últimos años arqueólogos del Ministerio Griego de Cultura han trabajado para restaurar y proteger los restos antiguos del templo de Atenea. Estos arqueólogos han corroborado que el uso masivo de nuevos materiales de la restauración (italiana) se hizo sin tener cuidado con los restos arquitectónicos supervivientes. A este problema se debe añadir el creciente volumen de turistas.

Los monumentos de la acrópolis están dispuestos en terrazas que van descendiendo desde el templo de Atenea. Los edificios que se levantaron durante la época helenística y romana fueron ocupando la colina hacia abajo. Entre el siglo III y I a. C. se fueron construyendo propileos o pórticos de entrada al templo, escalinatas de acceso, una estoa o gran galería pública cubierta… En la parte más baja quedan restos de un templo romano construido hacia el 300 d. c.

La acrópolis estuvo fortificada desde el siglo VI a. C. A lo largo del tiempo se le fueron añadiendo refuerzos, reformas y modificaciones. Durante el periodo bizantino se reforzó la muralla y se construyó una iglesia empleando materiales de templos antiguos; la iglesia es la de San Juan, cuyas ruinas están en la parte oeste de la ubicación de la gran stoa helenística. Las murallas que rodean hoy la cima del cerro se deben, sobre todo, a los Caballeros de San Juan. Levantaron murallas y torres sobre los cimientos antiguos para convertir el lugar en un recinto inexpugnable. Hoy conviven con el resto de las ruinas, pero no pueden ocultar ni empequeñecer lo que las columnas del templo de Atenea y de la gran estoa helenística evocan. Las vistas desde lo alto de la gran escalinata de los propileos no pueden ser más hermosas; más allá de las columnas de la estoa, exentas ahora porque la cubierta de la galería pública que se apoyaba en ellas ya no existe, se extiende el Egeo. A los pies del monte está la bahía de Lindos; después los cabos de San Emiliano y de Arcangelos se introducen como dedos en el mar.

En adelante, cuando pensemos en una acrópolis, también visualizaremos la de Lindos, quizás en primer lugar.

Acrópolis de Yálisos

Antes de abandonar la ciudad de Rodas para dirigirnos a Filerimos, pasamos junto a un monumento que ya nos anuncia el pasado glorioso de la antigua ciudad de Yálisos, una estatua monumental que adorna una rotonda en la que están representados Diágoras y dos de sus hijos(10), tres personajes de la aristocracia de Ialisos durante el periodo dórico de la isla, anterior a la fundación de la ciudad de Rodas en el 408 a. C. Diágoras, hijo del rey Damageto, se convirtió en una leyenda para sus contemporáneos por sus muchas victorias en la especialidad de pugilato; nueve de ellas en en los juegos que se celebraban en distintas ciudades de la Helade y dos en los Juegos Olímpicos. En los 89º Juegos Olímpicos, sus hijos Damageto y Aquesilao ganaron, respectivamente, en la modalidad de pancracio y en la de pugilato. Lo celebraron tomando a su padre y llevándolo en volandas alrededor del estadio. Diágoras murió en aquel momento de celebración. Dorieo, el menor de sus hijos, consiguió más victorias que su padre y sus hermanos; practicó el pancracio y llegó a acumular más de veinte coronas en distintos juegos, tres consecutivas en los Olímpicos. La tranquila plaza de la Ciudad Medieval de Rodas en la que se encuentra la mezquita de Recip Pasha lleva su nombre. Murió en el 395 a. C. ejecutado por los espartanos, de quienes había sido aliado durante la guerra del Peloponeso. A la muerte del hijo menor de Diágoras, solo habían pasado trece años desde que las tres ciudades rodias de Lindos, Yálisos y Camiros decidiesen unirse en el 408 a.C para fundar la de Rodas.

El tiempo y la historia acabaron con la familia de los Diagóridas dejando de ellos solo el recuerdo de sus gestas. La historia, acompañada por la naturaleza y el paso del tiempo, son también quienes han ido añadiendo capas sobre la ciudad en l que vivieron hasta ocultarla bajo otra apariencia. 

La antigua ciudad de Yálisos se extendía alrededor de la colina de Filerimos. Aquí, a 267 m de altura, estuvo su acrópolis. En Filerimos hay restos antiguos, pero abundan más los de las épocas bizantina y de la Orden de los Caballeros de San Juan. Se puede decir que también los dejaron los italianos en el siglo XX durante su ocupación, ya que en alguna medida modificaron la apariencia del entorno(11)

No se conserva ningún edificio de los que ocupaban la antigua acrópolis; solo algunas hileras de sillares sobre los cimientos del templo de Atenea Polias. Este santuario se levantó en el siglo IV a. C.; medio milenio antes la colina ya era un lugar habitado y de culto. Sobre parte del templo de Atenea se construyó una basílica paleocristiana. De aquella iglesia se conserva un baptisterio del que se ven los restos al sur de la iglesia de Nuestra Señora de Filerimos, casi pegados a ella; esta, restaurada por los italianos, se construyó en el siglo XIV. Los restos del templo de Atenea están al oeste, tan cerca de de la iglesia como los del baptisterio. Durante la dominación otomana la iglesia sufrió un progresivo deterioro por su abandono. Mientras duró la posterior ocupación italiana, principalmente en la década de 1930, se reconstruyó la iglesia; añadieron un monasterio para su cuidado, restauraron el castillo de los Caballeros de Jerusalén e intervinieron en el paisaje que rodea el conjunto de la antigua acrópolis. 

El esfuerzo del fascismo en sus intervenciones de rehabilitación en Rodas y en las de nuevo desarrollo urbanístico(12) se debieron en buena medida al interés de convertir la isla en un escaparate propagandístico del imperio y del fascismo italiano en el Mediterráneo. Pusieron especial cuidado en hacer resplandecer el legado de la Orden de los Caballeros de San Juan, ya que ese patrimonio histórico de la orden se adaptaba mejor a la idea de posesión de la isla por parte de la potencia heredera del imperio romano, del que también la isla formó parte. Los fundadores de la orden fueron comerciantes amalfitanos; su procedencia italiana y su vinculación con la Iglesia Latina servían también para legitimar la posesión de Rodas y resto de las islas del Dodecaneso. La torre de la iglesia de Nuestra Señora de Filerimos muestra un ejemplo del empeño de dar mayor visibilidad a la etapa de ocupación de los caballeros de Jerusalén: una enorme cruz de Malta, emblema de los caballeros de San Juan, adorna la fachada oeste de la torre. Frente a los restos del templo de Atenea Polias, la cruz sobresale de la torre como si se tratase de una gran divisa adherida a ella que confirma a quién pertenecen aquellos dominios.

El entorno es sumamente atractivo. A los pies de la colina, hacia el norte, se extiende la ciudad de Yálisos moderna, el mar Egeo y la cercana costa de Turquía. Todo el sitio arqueológico está poblado de pinos que, además de proporcionar sombra, enmarcan los edificios y el paisaje; en un solo encuadre adornado con sus ramas, puedes incluir el paraje más cercano, el mar, el cielo, varios milenios de historia y el recuerdo de varias civilizaciones. Numerosos ejemplares de una especie animal, que las civilizaciones antiguas no conocieron, deambulan por el cerro proporcionando al bosque colores que el bosque no tiene, son los pavos reales. Quizás su función sea turística, pero la colina no necesita adornos que la hagan atractiva. Sus gritos, que parecen quejas, quedan atrás cuando abandonamos el lugar de la antigua acrópolis.


Acrópolis de Camiros

De las tres ciudades estado que se unieron para fundar la de Rodas en el 408 a. C., Camiros era la mas alejada del emplazamiento de la nueva ciudad. Se situaba al oeste de la isla, apenas a un km de la costa. El templo de Atenea se situaba a unos 120 m sobre el nivel del mar, en la acrópolis que dominaba la ciudad. Al contrario que la de Yálisos, la acrópolis de Camiros no ha sido colonizada por templos de religiones de un solo dios. La antigua Camiros no desapareció por haber sido conquistada y hecha desaparecer bajo edificios de nuevas civilizaciones. El terremoto que en 227 a. C.(13) hizo caer el Coloso de Rodas la afectó de manera relevante. Algo menos de cuatro siglos más tarde, en el 142 d. C., otro terremoto volvió a destruirla. Después, la naturaleza y el tiempo escondieron los restos. Entre el 1852 y el 1864(14) se llevó acabo la primera campaña arqueológica moderna que los puso a la vista.

Durante el ascenso a lo más alto del sitio arqueológico vamos dejando a nuestra izquierda (a cotas más bajas que el camino que seguimos) los niveles inferiores del yacimiento. Desde el lugar que ocupaba el templo de Atenea hay una vista excelente sobre toda el área y sobre el Egeo. Los restos de la antigua ciudad ocupan la ladera que desciende hasta el nivel más bajo de la colina. A los lados de la calle central, que une el ágora con la acrópolis, las paredes perimetrales de edificios y viviendas de época helenística se distribuyen en un orden geométrico bien definido.

El templo de Atenea hay que imaginarlo sobre la roca desnuda que corona el lugar. Delante de él se ven los restos de una cisterna con capacidad para 600.000 litros; en ella se recogía el agua para abastecer a la población. El depósito quedó oculto bajo la larga estoa de unos 200 metros que se construyó delante del templo. Las líneas marcadas por sus restos permiten adivinar la monumentalidad de la galería que tenía la ciudad a sus pies.

El ágora estaba sobre una terraza artificial en el nivel más bajo de la ciudad. En este espacio hay restos de un templo dedicado a Apolo, un santuario con varios altares y una plaza llamada la Casa de las Fuentes.

En los alrededores no hay poblaciones importantes y la comarca circundante sigue siendo un territorio agrícola como lo fue cuando Camiros pudo llegar a tener más de 3.000 habitantes. Las numerosas piezas de cerámica encontradas en el yacimiento, necesarias para comerciar con vino, aceite y otros productos, indicarían que la producción agrícola era la actividad más importante. A partir de la fundación de la ciudad de Rodas debió empezar un declive que los terremotos ultimaron. La mayoría de las piezas de cerámica y otros elementos encontrados en las ruinas están ahora en museos de varias ciudades europeas.

Hoy somos los turistas quienes visitamos su santuario, recorremos la calle principal de la ciudad y nos imaginamos a sus antiguos habitantes conviviendo en el ágora. Muchos de los actuales visitantes procederán de Londres y París, en cuyos museos Británico y del Louvre, respectivamente, se conservan muchas de la piezas de cerámica extraídas de Camiros. Si Atenea tuviese el poder de hacer resurgir la ciudad desde sus ruinas y devolver a la vida a quienes la veneraban en su templo, los ciudadanos de Camiros descubrirían que no podrían comerciar con vino, aceite y otros productos porque los recipientes necesarios para ello han desaparecido del lugar. Tendían que invocar el favor de la diosa que, además de sabia y buena estratega, es patrona de los alfareros.


Acrópolis de la ciudad de Rodas

Para nuestra última visita a la Ciudad Medieval de Rodas entramos por la Puerta de la Marina, atravesamos el barrio turco, ascendemos hasta la plaza de Kleovoulo y salimos por la puerta de Amboise. Antes de llegar a la ciudad medieval hemos pasado por el puerto de Mandraki y tras salir de ella llegaremos a la acrópolis. Puerto, ciudad y acrópolis son lugares en los que se asegura que estuvo el Coloso de Rodas. Tras visitar la última, ¿podremos decir que hemos estado donde el coloso estuvo?

La acrópolis de la ciudad de Rodas se encuentra en el que hoy se llama monte Smith (antes, Agios Stefanos). El parque en el que se ubica el sitio arqueológico ocupa una docena de hectáreas. Se trata de una extensa zona verde con espacios en los que afloran restos antiguos, más evidentes y rehabilitados donde estuvo la antigua acrópolis o ciudad alta. Desde la calle Diagoridon se puede acceder a la parte baja del parque. Siguiendo la calle hasta la parte más alta llegamos a la entrada más cercana a los templos de la acrópolis. Durante el ascenso, vemos a nuestra izquierda, al otro lado de la valla que cierra el parque, varios de los espacios y restos de edificios de la época helenística. Ya en la acrópolis, encontramos monumentos parcialmente reconstruidos; de otros solo se ven trozos esparcidos por el suelo o áreas delimitadas por líneas de lo que fue su perímetro.

Rodas se fundó en el 408 a. C. Los paneles informativos nos van situando en la historia temporal de las ruinas y vestigios que tenemos a la vista. Son restos de templos y edificios públicos construidos a partir de la fundación, la mayoría en periodo helenístico. El templo construido en la cota más alta del recinto sagrado estaba dedicado a Apolo. Leemos en el panel correspondiente:

“El templo original fue construido después del sinecismo(15) del 408/7 a. C. y la fundación de la ciudad de Rodas. El templo períptero dórico conservado (…) data de después del terremoto de 2027-2026 a. C.”

El terremoto que derribó el Coloso de Rodas también hizo caer el templo de Apolo Pitio original. Lo que nosotros vemos es una reconstrucción parcial realizada por los italianos en 1937 y 1938. En la actualidad se encuentra rodeada de andamios para evitar el derrumbe. La reconstrucción italiana se hizo con las prácticas habituales de la época:

El método de la restauración “escenográfica” fue la técnica de “estructura mixta” que utilizaba un núcleo de hormigón armado en combinación con nuevas piedras de biocalcarenita y la integración de muy pocos elementos arquitectónicos antiguos; así, la reconstrucción extensa del Templo se llevó a cabo utilizando materiales de hormigón y cemento, elementos de acero y fragmentos del material original, de acuerdo con las prácticas de la época. […] Lamentablemente, las extensas obras realizadas durante la restauración italiana aceleraron el deterioro del templo(16). 

También los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial contribuyeron a su deterioro.

Junto al templo de Apolo Pitios había otro que los italianos atribuyeron a Artemisa. Sin embargo, tal como se informa en el lugar donde estuvo el templo que se supuso dedicado a la hermana de Apolo:

“hoy en día, la mayoría de los investigadores asocian los restos de los edificios en la terraza más prominente de la acrópolis con el culto al dios Helios, el dios patrón de la ciudad. Según las diferentes propuestas que se han sugerido, aquí se colocaba el carro de Helios, obra del famoso escultor del siglo IV a. C., Lisipo, o la famosa estatua del Coloso de Rodas, o el templo de Helios propiamente dicho con el carro del dios en su cella”.

En la misma acrópolis, al norte del templo de Apolo, había otro dedicado a Atenea Polias y Zeus Polieo como protectores de la ciudad. De este no quedan más que los cimientos y los restos de alguna columna.

A partir de su fundación la ciudad crece en un territorio que no tenía por qué estar despoblado. De hecho los restos de los templos están en un lugar en el que ya se tributaba culto a diversos espíritus o deidades. Era, además, un punto ideal para la vigilancia, ya que desde la acrópolis el mar es visible al norte, al este y al oeste. La nueva ciudad requería más que templos. En la explanada que hay bajo la acrópolis estaban algunos de los espacios y edificios públicos que la ciudad necesitaba: el gimnasio, la biblioteca, el odeón y el estadio.


El Odeón (no se trata del teatro que tuvo la ciudad, que aún no ha sido descubierto) está reconstruido en su mayor parte; en él pueden acomodarse unas 800 personas. Su capacidad contrasta con la del estadio contiguo, que podía albergar 28.000 espectadores. El estadio que se conserva se construyó después del terremoto del 227 o 2026 a.C. El anterior tenía una orientación este-oeste, transversal al que vemos. En aquel, si los atletas corrían en dirección a la acrópolis tendrían ante sí al Coloso de Rodas, sobresaliendo por encima del muro que hay tras el Odeón. Las Halieia, las fiestas que cada cuatro años se celebraban en honor a Helios, se desarrollaban aquí. A aquellas fiestas, torneos y juegos deportivos acudían concursantes y espectadores de otras ciudades de la isla y de fuera de ella.

Nosotros, convencidos ya de que el Coloso de Rodas estuvo en la acrópolis e imaginando haber pasado a sus pies, abandonamos el sitio. Salimos a la calle Diagoridon, atravesamos la ciudad moderna hacia el norte y nos acercamos hasta el mar en las cercanías del monumento que representa a Diágoras levantado por sus hijos. Aquel campeón de Yálisos, coronado en varias ocasiones en los Juegos Olímpicos, los Ístmicos, los Nemeos y los Píticos, murió cuarenta años antes de la fundación de Rodas. No pudo conocer la ciudad ni el magnífico estadio que en ella se construyó, pero Rodas sí recuerda sus gestas.





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1 https://science.nasa.gov/earth/earth-observatory/rhodes-greece-77079/

2 https://www.worldhistory.org/trans/es/1-534/rodas/

3 https://lugaresyotrascuriosidades.net/lindos-la-joya-de-rodas/#comments

4 Ilíada II. 653-670

5 Ilíada V. 628-698

6 Para informarnos sobre sitios arqueológicos de Rodas consultamos la información facilitada por medio de carteles in situ y, entre otros, los siguientes sitios: http://odysseus.culture.gr/h/3/eh30.jsp, del Ministerio de Cultura y Deportes griego (2012); https://www.grecia.info/es/, guía de viajes y turismo en Grecia; https://www.urbipedia.org/, archivo de arquitectura, y otros.

7 Hellenic Republic. Hellenic Statistical Authority (17 April 2026); consultado en: https://www.statistics.gr/documents/20181/a49a7dd9-68ec-3596-4a83-efd8176b4a15

8 Mariana Esponda Cascajares. (2010) Zonas arqueológicas de Italia y Grecia restauradas con hormigón armado. Valoración de su estado. Loggia, Arquitectura & Restauración 22-23 (pp. 38-59). (Sobre Lindos: pp.49-51). DOI: https://doi.org/10.4995/loggia.2010.3035

9 Idem

10 Álvarez, J. (2020, 4 de marzo). Diágoras de Rodas, el campeón olímpico que falleció cuando era llevado a hombros por sus hijos, también campeones. La brújula verde. Sitio: https://www.labrujulaverde.com/ (consultado en: https://www.labrujulaverde.com/2020/03/diagoras-de-rodas-el-campeon-olimpico-que-fallecio-cuando-era-llevado-a-hombros-por-sus-hijos-tambien-campeones)

11 http://odysseus.culture.gr/h/3/eh351.jsp?obj_id=7942

12 ”The local administration, under the direction of Mario Lago (governor of the islands from 1923–36), planned an ambitious program to reinvent Rhodes through state-of-he-art amenities as well as restoration of the island’s historical monuments, which included architecture and artwork from the Hellenistic, Roman, Christian Crusader, and Ottoman periods”; en:
McGuire, V. (2018). Bringing the Empire Home: Italian Fascism’s Mediterranean Tour of Rhodes. California Italian Studies, 8(2). http://dx.doi.org/10.5070/C382038749
Obtenido de: https://escholarship.org/uc/item/9kd9m5tk

13 Triantafyllou, Ioanna; Papadopoulos, Gerassimos A. Historical co-seismic uplift rates in the eastern Hellenic Subduction Zone: the case of Rhodes Island (2021). DOI: 10.1127/zfg/2021/0669
También en: Geological evidence of tsunamis and earthquakes at the Eastern Hellenic Arc: correlation with historical seismicity in the eastern Mediterranean Sea. (2012). Research in Geophysics, 2(2), e12.
Consultado en: https://journals.pagepress.net/rg/article/view/rg.2012.e12 .
(En otras fuentes se dice que el terremoto ocurrió en el 226 a. C.).

14 https://www.urbipedia.org/hoja/Camiros

15 Unión de varios pueblos o ciudades para formar una nueva entidad política. En este caso, la unión de las ciudades estado de Lindos, Ialisos y Camiros para fundar Rodas.

16 Apostolopoulou, M., Keramidas, V., Galanaki, N., Kalofonou, M., Skoula, C., Karoglou, M., Delegou, E. T., Mouzakis, C., Bakolas, A., Moropoulou, A., Pikoula, M., Kalagri, A., Farmakidou, E., & Michailidou, M. (2019). A Study on the Historical Materials of the Apollo Pythios Temple in Rhodes and the Evaluation of Potential Restoration Materials. Heritage, 2(1), 988-1022. https://doi.org/10.3390/heritage2010065
Ver también nota 8.








2026/06/02

Rodas. La isla del Sol

 


Llegando en barco al puerto de Rodas podemos imaginar la imagen del dios Helios elevándose sobre la bocana del puerto con un pie en el extremo de cada uno de los diques entre los que se abre la entrada. La mitología y relatos históricos fabulosos excitan la imaginación y nos hacen situarlo allí, aunque no fuese ese el lugar desde el que brilló su imagen como un deslumbrante faro diurno(1).

El Coloso de Rodas, una de las siete maravillas de la antigüedad, era la representación de Helios, la personificación del Sol. Venerado en Rodas como su protector y patrón, cada año se celebraban las Halieya, fiestas en su honor en las que había procesiones, juegos atléticos y un espectacular sacrificio ofrecido a la deidad. Este consistía en arrojar al mar una cuadriga tirada por cuatro caballos blancos. Era la representación del carro en el que el dios de la luz atravesaba el cielo cada día alumbrando a los mortales.

En Efesíacas, Jenofonte sitúa a sus enamorados protagonistas en Rodas en momentos en los que la ciudad celebraba las Halieya(2):

...había una magnífica fiesta pública en la que los rodios celebraban a Helios, y había procesión, sacrificios y muchedumbres de ciudadanos que celebraban la fiesta.

Tan orgullosos estaban los rodios del dios más querido por ellos, y tan agradecidos de su protección, que levantaron en su honor una estatua de brillante bronce. Por su tamaño y brillo tuvo que ser visible desde muy lejos para quienes navegaban hacia Rodas. Nosotros no podremos ver su resplandor. ¿Podremos al menos encontrar el sitio en el que se mantuvo en pie durante algunas décadas?

Quienes tampoco pudieron contemplar la gigantesca estatua del coloso en pie ni sus destellos fueron Antía y Habrácomes, los protagonistas de la historia de amor de Jenofonte. El coloso no permaneció sobre su pedestal más de 60 años; un terremoto lo derribó en 226 a.C., varios siglos antes de que Jenofonte situase a los amantes de Efesíacas en Rodas.

Tampoco brilló el coloso para los soldodos que volvieron de la guerra de Troya, si es que alguno lo hizo, porque, cuando aquella se produjo, aún faltaba un milenio para que el escultor Cares de Lindos hiciese la escultura. La Ilíada nos cuenta que los orgullosos rodios enviaron a Troya nueve naves(3). Las comandaba Tlepólemo y se ordenaban en tres grupos, uno por cada ciudad estado de la isla: Lindos, Yálisos y Camiro. Tlepólemo murió en Troya; setenta versos de la Ilíada(4) relatan el combate que sostuvo con Sarpedón, comandante de los licios. De quienes le acompañaron en aquellas naves nada se cuenta. Las gestas nunca se atribuyen a quienes acompañan al héroe; por muy necesarios que sean, son prescindibles en el relato.

Según Eratóstenes aquella guerra, que duró diez años, finalizó en el año 1184 a.C. Faltaban más de siete siglos para que las tres ciudades estado se uniesen formando una unidad política y fundasen la ciudad de Rodas (408 a.C.). El puerto de esta se convirtió en el principal de la isla. Durante la época arcaica, antes de la unificación de Lindos, Yálisos y Camiro, la navegación y el comercio ya eran sectores fundamentales.

Cuando Alejandro Magno murió y su imperio quedó dividido entre sus generales, Rodas estuvo del lado de Ptolomeo, que gobernaba Egipto. Demetrio I de Macedonia ‒hijo de Antígono, el más ambicioso de los generales de Alejandro y principal rival de Ptolomeo‒ sitió Rodas durante un año, pero no consiguió someterla. Demetrio se ganó el apelativo de Poliorcetes, sitiador de ciudades, por las enormes máquinas de guerra que utilizaba. Cuando se retiró de Rodas dejó abandonadas sus torres de asedio. Los rodios las vendieron. Con el dinero obtenido y el hierro y bronce fundidos se hizo el Coloso de Rodas.

Cuando el Imperio Romano se implantó en la Hélade, Rodas fue una aliada de Roma y, como tal, aprovechó su amistad con los poderes imperiales para mantener su independencia y su influencia en el Mediterráneo; llevó su apogeo comercial y marítimo a lo más alto(5). Pero cuando su independencia dejó de ser útil para los intereses del imperio, quedó integrada y sometida a Roma. Después, el Imperio Bizantino relevó al romano, la Orden de los Caballeros de Jerusalén sustituyó a Bizancio y el Imperio Otomano la ocupó durante casi cuatro siglos. Antes de quedar integrada en Grecia en 1948, fue el reino de Italia quien la ocupo. Desde entonces, la invade sobre todo el turismo.

Como turistas cumplidores con lo que de ellos se espera, nos disponemos a ver lo que hay que ver(6) en la más nueva que vieja ciudad de Rodas. Iniciamos un paseo en el extremo norte de la ciudad y de la isla, a la orilla del mar, junto al acuario construido muy entrado ya el siglo XX. Prácticamente todo lo que vemos mientras recorremos el paseo costero son construcciones levantadas durante la ocupación italiana. Antes de llegar al puerto de Mandraki, una de las excepciones es la mezquita y el cementerio otomano de Murat Reis; ambos, que parecen abandonados, piden a gritos una profunda rehabilitación. Llegamos al puerto por la plaza Kountuorioti. En los espigones de la bocana dos columnas reciben a quien entra en el puerto; la del espigón occidental sostiene en lo alto un ciervo, la del oriental una cierva. No es posible imaginarse el coloso con los pies apoyados donde se encuentran las columnas, a no ser que lo concibas de un tamaño muchas veces superior al que se le atribuye; la altura del coloso era de unos 33 m de alto, considerablemente menor que la distancia que separa el extremo de los espigones entre los que se abre la bocana. Donde sí lo sitúan algunos investigadores es en el extremo del muelle oriental del puerto en el lugar que ocupa la torre o fortaleza de San Nicolás; esta fue construida por la Orden de los Caballeros de San Juan.

La Orden de los Caballeros de San Juan ocupó Rodas algo más de dos siglos (1309-1522). Las murallas que hoy atravesamos para entrar en la ciudad medieval, numerosos palacios dentro de ella, iglesias y el imponente Palacio del Gran Maestre se deben a aquella orden militar. Pero no todo lo que en el interior de la murallas podemos ver es lo que originalmente construyeron los Caballeros Hospitalarios. Ya en el siglo XX, los italianos rehabilitaron profundamente la ciudad medieval, para muchos con un acierto cuestionable. En una página de rhodesprivatetours.com(7), una sitio web con información sobre Rodas, se puede leer:

Durante los años de la ocupación, los italianos llevaron a cabo, aprovechando la mano de obra local casi gratuita, un extenso programa de restauraciones. (…) Los métodos de restauración que utilizaron son objeto de una encarnizada crítica en la actualidad.

Pero los trabajos de restauración (y los de modernización y nuevas construcciones fuera de la ciudad medieval) de los italianos no respondieron a los mismos criterios durante todo el periodo de ocupación(8). Durante las dos primeras décadas, los arquitectos encargados de la rehabilitación de la ciudad habían optado por adoptar elementos orientales de la arquitectura local y conservar monumentos de la época otomana. Italia quiso convertir Rodas en el escaparate de su imperio colonial. Según Valerie McGuire(9) se planeó un programa para reinventar Rodas con edificios e instalaciones modernas, pero también con la restauración de monumentos históricos. Entre sus objetivos estaba el de ofrecer al turismo una imagen multicultural de la isla, que la vinculaba al pasado, y contraponerla con otra que fuese el reflejo de la modernidad de la metrópoli fascista. Se quería conseguir, además, la legitimación de la ocupación del Egeo y desviar las reivindicaciones griegas sobre las islas. La población de Rodas era griega en su mayoría, pero Italia no consideraba griegas a las islas del Dodecaneso sino una parte de su imperio colonial. Quisieron italianizar Rodas y convertirla en un escaparate de la cultura italiana y del pasado romano. Algunos periodos históricos de Rodas servían mejor que otros para legitimar el derecho de Italia sobre las islas del Dodecaneso. La romanización durante el Imperio Romano y la ocupación durante algo más de dos siglos por parte de los Caballeros de San Juan eran mejor coartada para el Imperio Colonial Italiano que los periodos helenístico, bizantino u otomano. Sobre esto, dice Valerie McGuire, es necesario destacar que la arquitectura medieval de los Caballeros de San Juan fue uno de los primeros distintivos del pasado cristiano que los arquitectos italianos se apresuraron a reinterpretar(10).

La primera vez que entramos en el recinto medieval lo hicimos por la puerta de Eleftherias o Puerta de la Libertad. Esta puerta, que se abre en la muralla y se integra perfectamente en ella, no la construyeron los Caballeros de San Juan; la abrieron los italianos en 1924 cuando ya estaba en el poder el régimen fascista. Un espectador despistado, como lo éramos nosotros cuando atravesamos la puerta y vimos su nombre en caracteres griegos, podría pensar que esa denominación hace referencia al sentimiento que los rodios (o los griegos por extensión) pudieron sentir al liberarse del dominio de alguna de las potencias o imperios que ocuparon la isla a lo largo de la historia. Y sí, hace referencia al fin del dominio del Imperio Otomano, pero la libertad que se celebra nada tiene que ver con lo heleno sino con lo romano: el Imperio Colonial Italiano es quien se adjudica la liberación del Imperio Otomano tras la victoria de Italia en la guerra italo-turca.

Conscientes de todo lo anterior nos adentramos en la ciudad medieval de Rodas. El domingo de Pascua, una fiesta importantísima para los ortodoxos, no encontramos ningún monumento, museo o edificio histórico abierto. Llegamos a la plaza de Symi donde están las ruinas del templo de Venus. El entorno medieval de la época de los Caballeros de San Juan y las remodelaciones de los italianos no contribuyen a que el templo despunte.

Dejándonos guiar por informaciones consultadas en Internet(11) por los carteles informativos de los edificios importantes y por el atractivo o la espectacularidad de fachadas, torres y calles recorremos un espacio ocupado por turistas como nosotros y, como la del domingo de Pascua es una fiesta que los ortodoxos celebran y santifican, con muchos comercios y servicios turísticos cerrados. Pasamos junto a la iglesia de Panagia tou Kastrou (Virgen del Castillo) y enseguida, a la altura del antiguo Hospital de los Caballeros, que ahora es Museo Arqueológico, iniciamos el ascenso por la calle Ippoton hasta llegar al palacio del Gran Maestre. El palacio está en lo alto de la ciudad amurallada. Hay arqueólogos e historiadores que sitúan el Coloso de Rodas aquí, un milenio y medio antes de que los Caballeros de Jerusalén se apoderasen de Rodas.

Seguimos la calle más alta de la ciudad medieval hasta salir por la puerta d’Amboise. Atravesamos el puente por el que se llega a la ciudad moderna y volvemos a entrar por el mismo sitio. Continuamos paseando por el bonito, acogedor y ancho pasaje a espaldas del palacio del Gran Maestre y por el barrio turco en lo alto de la ciudad. Dos hitos imprescindibles son la Torre del Reloj y la mezquita de Solimán. El esbelto minarete de esta, con dos plataformas circulares para los muecines, se eleva esbelto muy por encima de la cúpula semiesférica de la mezquita. Descendemos por la calle Socratous hasta la plaza Hipocratous. A los lados de la calle hay numerosas tiendas; muy
pocas estaban abiertas. En el centro de la plaza una fuente de mármol, remodelada durante la ocupación italiana, congrega a su alrededor cafeterías y terrazas para solaz de turistas; las escaleras de la biblioteca municipal son también un buen lugar para sentarse al sol y contemplar la fuente, la plaza y el paisanaje.

Más adelante, siguiendo por la calle Aristotelous y tras pasar la plaza de los Mártires Judíos, llegamos a las ruinas de la iglesia de nuestra Señora de la Merced. Sus tres ábsides y el espacio que ocupaba el templo son también un lugar donde descansar del lento paseo mientras se toma el sol. Muy cerca está la puerta de la Virgen. Esta tampoco estaba en las murallas construidas por los Caballeros de San Juan; la proyectaron los italianos para facilitar el tráfico de vehículos, aunque fue la administración griega quien la abrió en 1955(12). Por ella salimos de la ciudad antigua.

Volvimos algunos días más tarde para recorrer sus calles y entrar en algunos de los edificios de los que solo habíamos visto sus fachadas. El primero que visitamos fue la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. Se construyó en el siglo XI y fue catedral ortodoxa. Poco antes de que los Caballeros de Jerusalén ocuparan la isla, un terremoto produjo importantes daños en la iglesia. Los nuevos dueños la transformaron en una basílica de tres naves y pasó a ser una iglesia de culto latino. Después, los otomanos la convirtieron en mezquita. En la actualidad está vacía y las paredes están desnudas; no hay mobiliario, ni ornamentación, ni elementos de culto; solo una exposición de iconos en la nave derecha y su ábside pueden atraer la mirada de quien al entrar queda absorto al contemplar el vacío encerrado en tres naves góticas; la desnudez de sus muros y sus bóvedas contribuye a engrandecer el espacio y elevar las bóvedas nervadas. Que no haya nadie en la iglesia mientras permaneces en ella agiganta su espacio y te empequeñece a ti.


Al otro lado de la calle, casi enfrente de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, se encuentra el museo arqueológico de Rodas. Se trata de un monumental y admirable edificio construido en el siglo XV que fue hospital de los Caballeros de Jerusalén. Como la iglesia, también el hospital se ha destinado a funciones diferentes dependiendo de quién ocupaba y gobernaba la isla; con los otomanos buena parte de él se convirtió en depósito de armas, aunque también fue hospital militar; los italianos lo restauraron y lo dedicaron a museo, la misma función que hoy tiene. En sus salas se exponen numerosos objetos, esculturas y elementos arquitectónicos de Rodas, de las tres ciudades estado que se unieron para fundarla y de otras islas del Dodecaneso. Destaca la imagen de Afrodita agachada (algo de lo que el turista ha venido a ver); con una rodilla en tierra levanta las manos y separa del cuerpo los cabellos para secarlos. La sala más grande no reúne esculturas ni otras obras de arte o restos arqueológicos, a excepción de varias losas funerarias pegadas a sus paredes laterales. Ocho pilares octogonales dividen la sala en dos naves diáfanas y sin divisiones; no hay nada que impida deambular por el recinto y, como en la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, el vacío contribuye a la percepción del lugar como algo enorme. Los italianos restauraron el hospital para convertirlo en museo, pero hay elementos que se construyeron ex novo; uno de ellos es la escalera monumental sin barandilla que conecta el patio, que está rodeado de galerías abovedadas, con la galería de la primera planta. 

La fachada norte del complejo en el que está el museo arqueológico forma parte de la calle Ippoton o de los Caballeros. Se dice de ella que es la calle medieval mejor conservada de Europa. Mientras la recorremos para llegar al palacio del Gran Maestre en la parte alta de la ciudadela, no nos esforzamos en distinguir entre la piedra original y la finta pietra, una piedra o cemento coloreado que imita la utilizada para levantar los edificios medievales. En esta calle debe abundar. Los italianos reconstruyeron y restauraron edificios, fachadas, arcos y pavimento de la que debió ser la arteria principal de Rodas para devolverle su aspecto medieval. En ella estaban la mayoría de las posadas o albergues de los caballeros, que se agrupaban y organizaban por las lenguas de las ocho naciones de las que procedían.

El palacio del Gran Maestre acabó muy arruinado tras una explosión accidental de un polvorín otomano. Aquella explosión destruyó también la iglesia gótica de San Juan cercana al palacio. Para la reconstrucción de este los italianos utilizaron elementos originales, piedra nueva de canteras locales y técnicas de imitación como la finta pietra. Aunque mantuvieron la ubicación y el aspecto originales, trastocaron la estructura y la distribución de sus dependencias. En Italia y en su imperio colonial gobernaba el fascismo. Los objetivos y deseos de la monarquía y del fascismo se adivinan con claridad en el texto de la placa conmemorativa de la inauguración que hay a la entrada del enorme patio:

Durante el reinado de Su Majestad Víctor Manuel III, Rey de Italia y Albania, Emperador de Etiopía y siendo líder del fascismo y jefe de gobierno Benito Musolini, César María de Vecchi, Condes de Val Cismon, Gobernador de las Islas Italianas del Egeo Occidental, este antiguo castillo, construido por los Caballeros de San Juan en las inviolables costas romanas, sede del gobierno, ciudadela de la fortaleza de la ley y la religión de Roma, será restaurado y reconstituido, devolviendo poder y esplendor a su renovada historia. En el año del Señor de 1940, XVIII de la era fascista(13).

La reconstrucción del palacio se diseñó para convertirlo en una residencia de lujo para Víctor Manuel III y Musolini(14). Pero el poder y el esplendor de monarquía y fascismo duraron poco; el fascismo fue derrotado y los italianos se libraron de la monarquía en 1946 mediante un referéndum.

Volvimos un día más a la ciudad medieval para pasear por ella. Entramos por la puerta de de la Marina. Solo la calzada asfaltada que discurre al norte de las murallas separa estas del puerto comercial. Desde el borde del muelle, habilitado con un pasaje de madera al otro lado de la carretera, no hay espacio para observar de una sola mirada el conjunto defensivo. La propia puerta, el acceso al interior de la ciudad, queda empequeñecida por el impresionante tamaño de las dos torres que la flanquean. El que en otro tiempo tuvo que parecer un acceso inexpugnable a quien llegase a él desde el mar es el hoy el primero por el que los turistas que llegan en grandes cruceros invaden la ciudad medieval.

Llegamos por calles estrechas hasta la plaza Dorieus en busca de la mezquita de Recep Pasha y la iglesia de San Fanurio. En la plaza, apartada del centro y de las calles más frecuentadas, hay algunos árboles que extienden sus ramas sobre las terrazas de algunas tabernas. La mezquita y la fuente contigua a ella confieren a la plaza un aspecto oriental. La iglesia de San Fanurio, con entrada en la calle del mismo nombre, está al oeste y no se accede a ella desde la plaza. Es una iglesia construida en el siglo XII, transformada en mezquita por los otomanos y ahora en una oscura iglesia ortodoxa. Desde fuera nada impresiona, su entrada es anodina. Las paredes de la nave, que vista desde el nártex parece un túnel oscuro, están cubiertas de frescos oscurecidos por la humedad.


A medida que nos alejamos hacia el norte para llegar a la parte más alta del recinto medieval, las calles están cada vez más concurridas. Por detrás del palacio del Gran Maestre llegamos a la puerta d’Amboise y salimos a la ciudad nueva para ascender hasta la antigua acrópolis de Rodas. Quizás allí encontremos el lugar en el que se alzó el Coloso de Rodas, la gigantesca imagen de Helios.

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(1) Spinelli, A., Lapatin, K., & Daehner, J.M. (2017). Artistry in Bronze: The Greeks and Their Legacy XIXth International Congress on Ancient Bronzes. Getty Publications. https://muse.jhu.edu/book/74914.
Según Ursula Vedder, de la Comisión de Historia Antigua y Epigrafía del Instituto Arqueológico Alemán de Múnich, el coloso pudo estar situado junto al templo de Helios en la acrópolis de Rodas. Un trabajo de esta autora sobre el modo en el que pudo ser fundido el bronce para la estatua se puede leer aquí: https://muse.jhu.edu/pub/331/edited_volume/chapter/2593189

(2) Jenofonte de Éfeso (1979). Efesíacas. Traducción de Julia Mendoza. Madrid: Editorial Gredos.
En una nota de esta edición (p. 306) se dice que las fiestas se celebraban cada cada cuatro años, con juegos gimnásticos y musicales y una gran procesión.

(3) Ilíada II. 653-658

(4) Ilíada V. 628-698.

(5) Aragón Perez, Alberto. Rodas desde el el siglo IV a.C. hasta la conquista de Roma. En Ab Initio (2012), revista digital para estudiantes de Historia Vol. 3 Núm. 6, pp. 3-28.
Consultado en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3959263

(6) Se atribuye a Chesterton la frase: El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que ha venido a ver.

(7) https://www.rhodesprivatetours.com/monumentos_arquitectura_italiana.htm

(8) McGuire, V. (2018). Bringing the Empire Home: Italian Fascism’s Mediterranean Tour of Rhodes. California Italian Studies, 8(2). http://dx.doi.org/10.5070/C382038749
Obtenido de: https://escholarship.org/uc/item/9kd9m5tk
L'anno del signore 1940, xviii dele era fascista

(9) McGuire, V. op. cit.:”The local administration, under the direction of Mario Lago (governor of the islands from 1923–36), planned an ambitious program to reinvent Rhodes through state-of-he-art amenities as well as restoration of the island’s historical monuments, which included architecture and artwork from the Hellenistic, Roman, Christian Crusader, and Ottoman periods”. (pp. 1 y 2)

(10) McGuire, V. op. cit.

(11) Principalmente en los sitios https://www.greece-is.com/ (https://www.greece-is.com/destinations/rhodes/), https://www.nuevatribuna.es/ (https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/isla-rodas-mediterraneo-grecia-viajes-turismo/ 20220708134746200396.html) y https://www.panoramagriego.gr/ (https://www.panoramagriego.gr/el-dodecaneso-un-tesoro-cultural-e-historico-en-el-egeo/)

(12) nuevatribuna.es (página citada)

(13) regnando sua maesta vittorio Emanuele iii re d'italia e di albania imperatore di etiopia e sendo duce del fascismo capo del gobernbenito musolini cesare maria de vecchi coniti di val cismon gobernatore delle isoli italiani di il egeo ovesto antico castiglio edificato dai caivaleri di san giovanni sopra inviolati balvardi romani sede del goberno citadella della fortaleza difesa della civilta occidentale del diritto e della religione di roma restavro e ricostitui ridonando potenza e splendore a la sua estoria rinovata.

(14) https://www.rhodesprivatetours.com/palacio_del_Gran_Maestre_rodas.htm

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