2021/05/31

TRES FRONTERAS PARA LLEGAR A LOSA

 


Losa. Un viaje para ‘rehabilitar’ recuerdos (1)

Primera jornada: 17/05/2021
Laudio - Quincoces de Yuso

“Para un viajero procedente de un pueblo grande o de una ciudad, las fuentes de los pueblos de Losa pueden parecer, a primera vista, un derroche; y si las contemplas y las disfrutas en un día de verano con todos los campos amarillos y con el sol golpeándote la espalda, al mostrar su abundancia y su frescura vienen a ser como una muestra de soberbia y de orgullo”.

Lo anterior es un extracto de un texto escrito en 2001 tras finalizar un viaje a pie y en solitario que me llevó durante ocho días por la mayoría de la loberas conocidas de Araba y norte de Burgos. Para ello recorrí las sierras Salvada, Carbonilla y Montes de la Peña; atravesé los valles de Losa y de Valdegobía; crucé la sierra de Arkamo y sus estribaciones; pasé por la sierra de Gibijo y, por Unzá, volví a Orduña. Pero en el texto del que procede el extracto anterior no describía aquel viaje. Me limitaba a ensalzar y agradecer lo que las fuentes en las que bebí y me refresqué me aportaron cuando pasé por los pueblos de Losa.

No hace mucho, y por casualidad, encontré aquel texto en la página web del Ayuntamiento del Valle de Losa. Fue el detonante de un nuevo viaje para volver a aquellos pueblos por los que veinte años antes simplemente pasé, o me detuve para ver algo con más calma; solo los atravesé pendiente del paisaje y concentrado en el esfuerzo, o la conversación con alguna persona me retuvo lo suficiente para no olvidar el momento; apenas paré algún tiempo para reponer fuerzas y descansar, o me quedé a pasar la noche. Entonces viajaba a pie y llevaba todo lo necesario encima. Cargaba con lo imprescindible. Más que impuesta, la austeridad fue una norma necesaria. En esta ocasión he recorrido Losa en bici y, aunque sin excesos, no he optado por la austeridad; el hotel Puente Romano de Quincoces ha sido mi alojamiento durante cuatro noches.


Tres fronteras para llegar a Losa

Una vez terminado el viaje puedo asegurar que con él he superado tres fronteras: una física, otra emocional, y la tercera temporal.

La primera y la segunda están relacionadas. La pandemia de la Covid-19 ha sido la responsable de que sea consciente de haberlas superado. Los sucesivos confinamientos nos han tenido encerrados en casa, en el pueblo, en la comarca, en la comunidad autónoma… Cuando te imponen límites de movimiento es cuando valoras el derecho a la libre circulación. Si tienes vocación de vagabundo esa limitación es, o se parece, a un castigo. Yo no puedo quejarme si me comparo con todas esas personas a las que se les impide llegar a donde quieren cuando lo único que buscan es poder vivir, cuando su deseo de traspasar fronteras está estrechamente ligado con la necesidad. Tampoco puedo ser como esas otras personas que se han revuelto con violencia verbal e incluso física contra los confinamientos mientras niegan —con violencia verbal y física aún mayores— el derecho a la libre circulación a los inmigrantes, a quienes no dudarían en confinar eternamente en la miseria.

Pero, en fin, en este viaje he superado una frontera física; he pasado al otro lado de la cadena de montañas que separa mi pueblo y mi comarca de otros territorios, de otro país. He pasado al otro lado de la Sierra Salvada, al otro lado de los montes que forman la línea de horizonte de mi pueblo.


La muga emocional (o sicológica) era otra, la de superar el confinamiento obligado y sus límites. Pero la he traspasado en el mismo punto. Franquear la frontera ha supuesto también pasar a otro estadio, pasar a sentirme dueño de decidir sin restricciones a dónde ir. Pasar la línea de muga es lo que lo ha confirmado. Y una naturaleza generosa y de colores primaverales me ha recibido.




La tercera frontera, la temporal, ha supuesto retroceder 20 años en el tiempo, hasta julio del 2001. El hecho de preparar el viaje ya había hecho que reviviese recuerdos que estaban dormidos; recuerdos de personas, de lugares, de sensaciones. Hace 20 años pasé por Losa caminando. Ahora lo he hecho en bici, con menos esfuerzo y más comodidad. En lugar de dormir en pórticos, cuevas o cabañas como lo hacía entonces, todos los días he vuelto a un cómodo alojamiento. He pasado por pueblos en los que no había estado y he descubierto cosas en las que hace dos décadas no me fijé. Pero los recuerdos que me han traído a este viaje me los aportaron las fuentes de Losa.

Durante los cuatro días que ahora he permanecido en Losa he tenido que ‘rehabilitar’ los recuerdos que conservaba de algunas de las fuentes de las que disfruté. Algunas las había idealizado tanto con el tiempo que me han sorprendido al volver a verlas.

(Texto elaborado a partir de los apuntes de mi diario de viaje)

LAS FUENTES DE LOSA PARA UN CAMINANTE


 

Julio del 2001

Me faltaban trece años aún para superar los 60, por lo que  un viaje realizado en 2001 no tendría cabida en un blog que se llama "viajar más allá de los 60". Si adjunto este texto aquí es porque este artículo es el que provocó que en mayo de 2021 (veinte años más tarde) me decidiese a viajar de nuevo en solitario durante cinco días por el valle de Losa. Lo tenía casi olvidado; me reencontré casualmente con el texto consultando la página web del Ayuntamiento del Valle de Losa. Lo releí y decidí volver a recorrer aquellos pueblos.
En entradas posteriores contaré mi viaje de 2021, pero antes dejo aquí el recuerdo de aquel otro, que es el que me ha motivado para hacer el de ahora y me ha guiado durante el mismo.

 

Para un viajero procedente de un pueblo grande o de una ciudad, las fuentes de los pueblos de Losa pueden parecer, a primera vista, un derroche; y si las contemplas y las disfrutas en un día de verano con todos los campos amarillos y con el sol golpeándote la espalda, al mostrar su abundancia y su frescura vienen a ser como una muestra de soberbia y de orgullo.

Son en realidad una placer para todos los sentidos; su visión alegra el espíritu del caminante y adorna el entorno; su sonido estimula el oído como la mejor de las canciones; el líquido que mana de sus grifos o el que descansa brevemente en sus estanques, abrevaderos, pilones o lavaderos adyacentes, refresca y relaja el cuerpo acalorado y los pies cansados; y aunque digan que el agua es inodora e insípida, también el olfato y el gusto son agasajados por el aire fresco que se respira en ellas y por la sensación placentera del agua en la boca que reconforta al caminante sediento.

El 25 de julio comencé en Orduña un recorrido circular que me habría de llevar durante ocho días por la mayoría de la loberas conocidas de Araba y norte de Burgos; para ello recorrería las sierras Salvada, Gurdieta, Montes de la Peña y la Magdalena, atravesaría el valle de Losa y parte del de Valdegobía, cruzaría la sierra de Arkamo y sus estribaciones, pasaría por la sierra de Gibijo, y por Unzá volvería a Orduña.

El primer contacto con las fuentes de Losa lo tuve al llegar a San Miguel de Relloso. Su único vecino, Luis Herrán estaba ausente; pero en ausencia de Sito la fuente fue un anfitrión perfecto y se encargó del hospitalario recibimiento. En medio del pueblo y rodeada de ruinas sigue vertiendo su líquida frescura en el pilón y renovando continuamente el agua del lavadero que tiene adosado. Después de un duro día de caminata, que la niebla me obligó a alargar en varias horas, compartí la fuente con un incontable número de abejas que se afanaban en recoger agua para abastecer las colmenas de un abejar cercano. La fuente sació mi sed y me permitió asearme para pasar la noche en San Miguel de Relloso sin la incomodidad de los sudores de la jornada.

La fuente de San Miguel de Relloso canta como todas las demás, pero su canción es muchísimo más perceptible que la del resto de las fuentes de Losa por las que he pasado. En medio del silencio su caño vierte el agua que, al caer en el pilón, crea hondas concéntricas que envuelven el pueblo con un dulce y relajante sonido, y forman una esfera invisible en la que, con toda seguridad, permanecen una infinidad de experiencias y recuerdos que acabarán perdiéndose si nadie los recoge.

Siguiendo los consejos de Luis Herrán para economizar esfuerzos en mi caminata me dirigí hacia Villabasil sin pasar por Relloso, que con toda seguridad también tiene una fuente que ofrece hospitalidad, porque si todos los pueblos por los que he pasado la tienen, es de esperar que Relloso también. Así que la siguiente fuente de pueblo con la que me topé fue la de Villabasil.

Villabasil es un pueblo que poco se parece a San Miguel de Relloso, por su tamaño y porque aquí no se ven casas en ruina ni se adivinan abandonadas. Pero cuando yo lo atravesé sus calles estaban totalmente silenciosas y desiertas.

Después de dos días rodeado por la niebla en busca de las loberas de San Miguel, Gurdieta y Villabasil por la Sierra Salvada, la de Gurdieta y por los Montes de la Peña, al descender del Peñalba y de la lobera de Villabasil el cielo se despejó y el calor de las primeras horas de la tarde invitaba a la siesta. Mis pasos me llevaron a la fuente. La de Villabasil es una fuente limpia y cuidada, iluminada totalmente por el sol cuando yo llegué. Las aguas cristalinas del lavadero adosado a la misma parecían invitarme a sumergirme en ellas, pero como su función no es esa me limité a refrescar mi cabeza debajo del caño, beber hasta saciarme y descansar un rato hasta casi adormecerme arrullado por el ruido del agua.

Pasé por la fuente de Castresana, o por una de ellas; en ella me detuve lo justo para beber su agua. Sus caños vierten el agua en una pila protegida por una cuidada obra de hermosos sillares. Y llegué a Villaventín, donde pasaría mi segunda noche en Losa.

La fuente de Villaventín se adelanta a la fachada de la iglesia dejando a sus espaldas, entre la iglesia y ella misma, un espacio herboso con un banco corrido de piedra, que se apoya en la parte posterior del muro que constituye el frente de la fuente y de sus dos largos abrevaderos; es un espacio que, al menos después de una larga caminata, invita al descanso. La fuente domina la amplia plazuela del centro del pueblo, y adelantada a la iglesia como está parece decir: “acércate, que de mí sí obtendrás consuelo inmediato para tu sed”. Yo sacié mi sed y refresqué mi cuerpo.

Al lado de la fuente está la vieja escuela, que hoy alberga el teléfono público y una sala de concejos. No hará muchas décadas que esta escuela todavía rebosaba vida durante los periodos lectivos; es fácil imaginarse a todas las alumnas y alumnos saliendo veloces al recreo y corriendo a la fuente a saciar su sed, a desarrollar sus juegos en la plaza y los alrededores, o a contarse secretos y confidencias en los bancos que hay a la espalda de la fuente, protegiéndose por la propia fuente y la fachada de la iglesia de miradas y oídos no deseados.

Dejé atrás Villaventín bastante temprano para acercarme por Muga hasta el portillo de la Magdalena y hasta la lobera de Castrobarto. Otra vez la niebla me jugó una mala pasada y me hizo caminar hora y media más de lo previsto para alcanzar mis objetivos. Volví a Castrobarto y desde allí seguí hacia Villalacre y Rosío para acabar mi jornada en Salinas de Rosío.

No fue ese un día en el que la sed me urgiese. A Castrobarto llegué con exceso de agua, sobre todo en mis pies. Había recogido toda la que la niebla había depositado en el brezo, en los enebros, en las otacas y en los espinos de la sierra mientras trataba de llegar al portillo de la Magdalena rodeado de niebla y cruzando a veces por pasajes tenebrosos entre hayas o avellanos, donde parecía que alguien había robado toda la luz circundante, lechosa y ya escasa de por sí. Pero tanto en Castrobarto como en Villalacre me serví de sus fuentes para saciar mi sed y aliviar por un momento mi espalda librándola del peso de la mochila. La de Castrobarto domina una amplia plaza y protege una bolera que tiene detrás; entre sus dos largos abrevaderos cubre un frente de unos 25 m. Los tres caños de la de Villalacre surgen de un rollo o cilindro de piedra que en su base está rodeado por una pila semicircular, donde los caños vierten el agua; esta pila se prolonga por uno de sus lados en un largo abrevadero.

Y así fui acercándome hasta Salinas de Rosío.

El caño de la fuente de la Plaza Mayor de Salinas de Rosío vierte el agua en un pilón alargado, que comienza bajo el mismo caño y sigue durante varios metros la dirección de la carretera que atraviesa el pueblo en dirección a La Cerca. Al otro lado de la carretera hay un edificio que alberga el local social, con su barra de bar, donde se reunen los vecinos que pasan los fines de semana y el verano en el pueblo (me cuentan que en invierno apenas quedan casas abiertas). En la parte delantera hay un soportal cubierto donde pasé la noche después de una velada de charla con algunos vecinos. Cuando todos los vecinos acabaron sus partidas de mus y de brisca el entorno quedó vacío; el agua del caño golpeando en la del pilón me acompañó en mi sueño. El sonido monocorde del chorro de agua me acompañó hasta que, a primeras horas de la madrugada dos parejas de jóvenes se sentaron frente al soportal en el que dormía para alargar la noche con animada charla y con risas. Dejé de escuchar la fuente; me pareció que se callaba para escuchar la conversación de aquellos cuatro jóvenes. ¿Guardará muchos secretos esta fuente?

Al alejarme de Salinas de Rosío pasé por otra fuente, cercana a la iglesia y a un antiguo hospital. Los caños y la pila están protegidos por un arco de piedra rematado en una estructura triangular, también de piedra, a modo de tejado. En esta fuente y en sus piedras se adivinan muchos años de historia, pero hoy se concentra más actividad junto a la más humilde fuente de la Plaza Mayor.

Pasé por Villamor y Villate para llegar a Perex. La fuente de Perex se apoya en un muro que cierra un patio sobre el que se ve la preciosa solana de una de las casas que rodean la plaza en la que está la fuente. Para cuando llegué a Perex el sol ya se había deshecho de las nubes y golpeaba fuerte; así que meter la nuca debajo del chorro de agua durante un buen rato y dar unos buenos tragos me refrescó lo suficiente como para seguir hasta la lobera, dar un rodeo para ir hasta San Pantaleón antes de llegar a Río de Losa y volver luego a este pueblo donde pasaría la cuarta y última noche de las que, durante este viaje, haría en Losa.

La fuente de Río de Losa domina el espacio que la circunda. Desde esa posición se muestra tan soberbia que hasta para poder beber exige algún esfuerzo al sediento, a no ser que metas los pies en el agua de sus pilones. Sus dos caños vierten el agua hacia el centro de cada uno de los anchos abrevaderos o pilones que se extienden a dos de los lados de la estructura cúbica de la que surgen.

El flujo abundante y constante de agua es motivo de orgullo para los de Río; “hasta hoy nunca se ha secado esta fuente”, me aseguran. Yo me hubie
se sumergido con ganas en su agua fresca y cristalina para librarme del sudor y del polvo del camino, pero una familia de Alonsotegi me ofreció el baño de su casa para darme una ducha; esa es una de las mejores ofertas que se le pueden hacer a un caminante acalorado y sudoroso, y de las que más se agradecen; así que preferí la ducha a la fuente antes de pasar la noche en el lugar que también me ofrecieron para dormir. Pensaba haber dormido en el pórtico de la iglesia, pero se encontraba cerrado y ya había hecho dos intentos para conseguir la llave sin dar con quien la guarda.

Las fuentes son anfitriones de sus pueblos; más aún cuando el abastecimiento de agua está asegurado en cada una de las casas. Por eso mismo las propias fuentes y su cuidado, además de revalorizar el pueblo, se pueden considerar como un presente que se hace al visitante. Yo como tal lo tomé en cada una de las fuentes de Losa en las que sacié mi sed o refresqué mi cuerpo. Gracias a todas ellas y a quienes las conservan.

(Jose Mari Gutiérrez Angulo. La Solana, dic. 2001)

2020/08/05

ZUBEROA, destino recurrente


Julio de 2020

Han pasado tres décadas desde que Josune y yo hicimos el primer viaje juntos a Zuberoa. Aunque no hayamos vuelto con regularidad se ha convertido en un destino recurrente. Hemos vuelto en diferentes estaciones del año, primero solos , con Aimar después; algunas veces acompañados por otras personas.

Nuestro primer viaje fue en verano. Cada vez que por las tardes íbamos a instalar nuestra tienda en algún camping se desataba la tormenta; algún día también nos sorprendió en medio de un bosque durante algún recorrido montañero.

En alguno de nuestros viajes la lluvia no nos abandonó en ningún momento; proporcionaba al paisaje un verde saturado y, a veces, un ambiente misterioso. Aquel color y aquel ambiente es el que visualizo cada vez que pienso en Zuberoa.

Esta vez nos instalamos en el camping de Pont d'Aubense (Oinizegaine), un camping precioso en un pueblo separado de Atharratze por el río. Los dos pueblos están comunicados por un estrechísimo puente sobre el río Uhaitzandi (la Saison).

En este enésimo viaje a Zuberoa nos hemos centrado sobre todo en las gargantas de Basabürüa: Holtzarte y Oladibia, Kakueta y Eluharre. Algo de ellas se puede ver pulsando en este enlace.




2020/04/22

De Lima a donde me esperaban


Latinoamérica; pinceladas, imágenes y enlaces de un viaje (y 30)


De Lima a donde me esperaban
09/12/2018 - 11-12-2018


Mi viaje por Latinoamérica iba a terminar en Lima, en la ciudad donde dos meses y medio antes lo había comenzado. La Lima que yo vi en diciembre no se parecía en nada a la que a finales de setiembre de 2018 se me mostró dura, esquiva y desagradable. En setiembre no pude atravesar la Plaza de Armas; solo pude acercarme a la catedral o algún otro lugar de las cercanías por sus costados, siempre superando controles militares, cuya criba siempre me parecía arbitraria. Y de ninguna manera se podía pisar la plaza. La arbitrariedad se me hacía evidente cuando inmediatamente antes o después de permitirme a mí el paso se lo negaban a personas nativas, a hombres y mujeres con rasgos andinos. Los controles ya comenzaban varias cuadras antes de la Plaza de Armas, y se hacían más estrictos en todas las entradas a la misma.

Desde poco después de las elecciones presidenciales de 2016, en las que por un margen muy estrecho Pedro Pablo Kuczynski ganó la presidencia a Keiko Fujimori, la crisis política en Perú no ha amainado. Las manifestaciones y protestas comenzaron en 2017; el presidente Kuczynski renunció el 21 de marzo de 2018, con el país institucionalmente fracturado; y las movilizaciones se siguieron sucediendo. La fractura institucional se daba entre la presidencia por un lado, y el parlamento controlado por la oposición fujimorista y sus socios coyunturales por otro; el poder judicial hacía agua por todas partes; la corrupción estaba detrás de muchas de las maniobras de los grupos políticos y del uso partidista de la justicia.

Cuando llegué a Lima en setiembre, el presidente Martín Vizcarra, que había asumido el cargo por la dimisión de Kuczynski, estaba empeñado en una reforma de la Constitución para impedir la corrupción. La oposición, mayoritaria en el parlamento y liderada por el fujimorismo, ponía todas las trabas posibles a la reforma. En diciembre iban a celebrarse elecciones municipales en Perú. Las manifestaciones y protestas se sucedían, pero no podían acercarse a la Plaza de Armas, que es donde está la sede del gobierno; no a todas se lo impedían, porque en una calle contigua a la plaza vi una concentración de policías retirados, que no parecía inquietar a sus colegas en activo ni a los militares desplegados.

Cuando volví en diciembre la crisis política se mantenía, pero la plaza estaba abierta y engalanada para la Navidad, el ambiente era festivo y, aunque la presencia policial era evidente, algunas mujeres policía, jóvenes y sobre flamantes motos, se hacían fotos con niños y adultos frente al palacio presidencial.

Aproveche mis últimos días de viaje para visitar algunos sitios que no había visitado en setiembre, y para hacer algunas compras. El primer día fui hasta El Callao. Vi muy por encima el Callao monumental y me acerqué hasta La Punta. Era domingo y día de elecciones: segunda vuelta de las elecciones regionales y municipales y referéndum sobre reforma de la Constitución, con el que Vizcarra quería poner trabas a la corrupción.

Aproveché para comer ceviche. Me decidí por un restaurante cuyo dueño me abordó para que eligiese su local. Conocía, dijo, el País Vasco porque había sido marinero, y me habló de varias localidades vascas y del norte peninsular. Lo que me convenció para entrar fue que me ofreció poder comer con cerveza, aunque en Perú está prohibida la comercialización y venta alcohol desde las 24 horas anteriores a abrirse los colegios electorales, prohibición que dura 48 horas. El dueño del restaurante siguió haciendo teatro cuando me senté a la mesa y ocultó la cerveza con la carta aconsejándome que no la dejase a la vista. Enseguida comprobé que mi mesa no era la única en la que había cerveza.

Durante los dos días que me quedaban deambulé entre la Plaza de Armas, la de San Martín y la de 2 de Mayo. Celebré el final de mi viaje en un restaurante del cuarto piso en el edificio del Club de la Unión, al costado de la catedral y enfrente del palacio Presidencial. El tema principal de la prensa era el éxito de Vizcarra en el referéndum. El menú: ensalada, cuis, un postre dulce y una cerveza. Por poco más de 10 euros, quizás fue el mayor exceso culinario de todo el viaje. Y me despedí con el pisco sour al que me invitaron.

Pero el viaje no había terminado. El destino no estaba lejos en el tiempo, aunque sí en el espacio; estaba en casa y en el reencuentro con las personas que había dejado lejos dos meses y medio antes. En palabras de Saramago, siempre acabamos llegando a donde nos esperan.

Limatik nire zain zeuden lekura


Latinoamerika; bidaia baten hainbat zertzelada, irudi eta esteka (eta 30)


Limatik nire zain zeuden lekura
(2018-12-09 - 2018-12-11)


Liman bukatutzat eman behar nuen Latinoamerikako bidaia, bi hilabete eta erdi lehenago hiri berean hasi nuena. Abenduan ikusi nuen Limak ez zuen batere antzik 2018ko irailaren amaieran ikusi nuenarekin; irailekoa gogorra, zaputza eta desatsegina iruditu zitzaidan. Irailean ezin izan nuen Plaza de Armas zeharkatu; katedralera edo inguruko beste lekuren batera bere alboetatik hurbildu besterik ezin izan nuen egin, beti kontrol militarrak gaindituz; haien galbahea beti arbitrarioa iruditzen zitzaidan. Eta inolaz ere zapaldu zitekeen plaza. Bidegabekeria agerian geratzen zitzaidan, niri pasatzen utzi aurretik edo ondoren bertakoei, andetar itxurako gizon eta emakumeei ukatzen zietenean. Kontrolak Plaza de Armas baino cuadra batzuk lehenago hasten ziren, eta sarrera guztietan zorrotzago egiten ziren.

2016ko hauteskundetan Pedro Pablo Kuczynskik Keiko Fujimoriri irabazi zion presidentetza; ordutik Peruko krisi politikoa ez da baretu. Manifestazioak eta protestak 2017an hasi ziren; Kuczynski presidenteak uko egin zion 2018ko martxoaren 21ean, herrialdea instituzionalki hautsita zegoela; eta mobilizazioek aurrera jarraitu zuten. Erakundeen haustura nabarmena zen. Alde batetik presidentetza, eta bestetik parlamentua, oposizio fujimoristak eta haren koiunturazko aliatuek kontrolatua; botere judizialak ura egiten zuen alde guztietatik; talde politikoen maniobra askoren eta justiziaren erabilera alderdikoiaren atzean ustelkeria zegoen.

Irailean Limara iritsi nintzenean, Martin Vizcarra presidentea, Kuczynskiren dimisioagatik kargua hartu zuena, Konstituzioaren erreforma batean tematuta zegoen ustelkeria eragozteko. Oposizioak, fujimorismoa buru parlamentuan gehiengoa zena, erreformari oztopo guztiak jartzen zizkion. Abenduan udal hauteskundeak egitekoak ziren Perun. Manifestazioak eta protestak bata bestearen atzetik zetozen, baina ezin ziren Plaza de Armas-era hurbildu, gobernuaren egoitza dagoen tokira. Dena dela ez zieten denei galarazten; izan ere, plazaren ondoko kale batean polizia erretiratuen kontzentrazio bat ikusi nuen, eta elkarretaratze hark ez zituen, itxuraz, jardunean ari ziren lankideak eta militarrak kezkatzen.

Abenduan itzuli nintzenean krisi politikoak bere horretan jarraitzen zuen, baina plaza irekita zegoen, eta Gabonetarako apainduta. Poliziaren presentzia nabaria bazen ere, festa giroa zen nagusi, eta polizia emakume batzuek, gazteak eta motor handi eta ederretan, haur eta nagusiekin argazkiak egiteko prest zeuden presidentearen jauregiaren aurrean.

Irailean bisitatu ez nituen leku batzuk bisitatzeko eta erosketa batzuk egiteko aprobetxatu nituen nire azken egunak. Hasteko El Callaora joan nintzen. Callao monumentala oso gainetik ikusi eta La Puntara hurbildu nintzen. Igandea eta hauteskunde eguna zen: eskualde eta udal hauteskundeen bigarren itzulia eta Konstituzioaren erreformari buruzko erreferenduma; honekin Vizcarrak oztopoak jarri nahi zizkion ustelkeriari.

Ceviche jateko aprobetxatu nuen. Jatetxe baten jabeak bere lokala aukeratzeko eskatu zidan eta bertan sartu nintzen. Jabeak Euskal Herria ezagutzen zuen, marinela izan zelako, eta hainbat Euskal Herriko eta penintsulako iparraldeko herrietaz hitz egin zidan. Sartzeko konbentzitu ninduena garagardoarekin jateko aukera eskaini zidala izan zen, egun hartan debekatuta egon arren. Hauteslekuak ireki aurreko 24 ordutik alkohola merkaturatzea eta saltzea debekatuta dago Perun, eta 48 ordu irauten du debekuak. Jatetxeko nagusiak antzerkia egiten jarraitu zuen garagardoa mahaira ekarri eta kartarekin ezkutatu zuenean. Berehala konturatu nintzen nire mahaia ez zela garagardoa zeukan bakarra.

Geratzen zitzaizkidan bi egunetan Plaza de Armas, San Martin eta 2 de Mayo plazen artean ibili nintzen. Nire bidaiaren amaiera Club de la Unión eraikineko laugarren solairuko jatetxe batean ospatu nuen, katedralaren albo batean eta Presidentetza jauregiaren aurrean. Prentsan Vizkarraren garaipena erreferendumean zen gai nagusia. Menua: entsalada, cuis, postre eta garagardo bat. 10 edo 11 eurorengatik, agian bidaia osoan sukaldaritza-gehiegikeriarik handiena izan zen. Eta gonbidatu ninduten pisco sour goxoarekin agurtu nintzen.

Baina bidaia ez zen amaitu oraindik. Hurrengo helmuga denboran ez zegoen urrun, espazioan bai; etxean eta bi hilabete eta erdi lehenago urrun utzitako pertsonekin elkartzean zegoen. Saramagoren hitzetan, beti iristen gara gure zain dauden lekura.

2020/04/11

Arequipa y Cañón del Colca


Latinoamérica; pinceladas, imágenes y enlaces de un viaje (29)


Arequipa y Cañón del Colca
06/12/2018 - 08-12-2018

El 5 de diciembre se me fue en el viaje de autobús entre Iquique y Arequipa, con los trámites de aduana incluidos. El viaje por Latinoamérica se estaba acabando. Me quedaba una semana para tomar el avión de vuelta a casa desde Lima.

Arequipa era solo una posible etapa en mi plan de viaje; de no haber dispuesto de tiempo suficiente no la habría visitado. Lo que me hizo incluir la Ciudad Blanca entre las solo posibles etapas, era la curiosidad por volver a su plaza de armas después de 35 años desde que la pisé por primera vez. La pisé, pero no la recordaba. Mi recuerdo de la plaza no era más que el de una multitud, de la que yo formaba parte, que ocupaba cada milímetro cuadrado. Se celebraba la fundación de la ciudad y, dada la masa de gente que la ocupaba, era literalmente imposible cualquier movimiento. Pero aquella fue otra historia.

Esta vez disfruté de la Ciudad Blanca con más tranquilidad, y con la sensación de calma que me daba el no tener que cumplir más objetivos auto impuestos. La visita de Arequipa era el descanso antes de la última parada en Lima para la vuelta a casa.

Arequipa me pareció una ciudad atractiva, amable, limpia…, y realmente blanca. Blanca por la piedra con la que están construidos muchos de sus edificios; el sillar utilizado para construirlos, producto de erupciones volcánicas, le da esa luminosidad. Atractiva es mientras no vayas a los barrios marginales, que habitualmente no visitamos los turistas. Esa parte menos seductora de la ciudad la vi durante un recorrido en un autobús turístico de dos pisos. Durante el tour presté poca atención a las explicaciones que nos ofrecían por megafonía; estuve entretenido en la conversación que entablé con un estudiante de medicina de Santiago de Chile que tuve como compañero de asiento.

Durante el tiempo que permanecí en la ciudad, además de recorrer sus calles visité la catedral. Terremotos e incendios han obligado a reconstruirla varias veces. El último terremoto que ha sufrido fue en 2001; fueron dañadas sus dos torres, así que las que vi en este viaje son reconstrucciones de las que vi hace 35 años, y aquellas, reedificaciones posteriores a otros desastres naturales. Lo más atractivo de la visita para mí fue el paseo por su cubierta, desde la que nada impedía la visión de los volcanes cercanos a la ciudad: Chachani, Pichu-Pichu y Misti. Aquí dicen con orgullo que “no se nace en vano al pie de un volcán”. El Misti es el símbolo de Arequipa, al que un día quise subir, pero que en este viaje no me planteé hacerlo.

También visité el Monasterio de Santa Catalina, un pueblo con sus calles y plazas dentro de la ciudad, pero aislado de ella. Se trata de un monasterio de monjas fundado en 1579. Ocupa dos hectáreas y está aislado por un muro de cuatro metros. Es mucho más pequeño que mi pueblo (Lendoño de Abajo), pero con muchísimas más viviendas (o estancias), en las que han llegado a vivir 500 mujeres al mismo tiempo, entre las que hay que contar monjas, criadas, refugiadas... Este monasterio, patrimonio de la humanidad, me pareció un lugar sumamente atractivo.

En el Museo Santuarios Andinos (en el enlace hay también un vídeo) vi la momia de Juanita, una niña sacrificada hace más de 500 años en el volcán Ampato. Aunque su sacrificio se debió realizar fuera o en el borde del cráter del volcán, el fardo con su cuerpo se encontró en el interior del cono; la erupción del volcán Sabancaya en 1995 derritió también los hielos de la cumbre del Ampato, que protegían la momia, y esta rodó al interior del cono. Se expone al público en una sala fría y en penumbra, dentro de una urna con las condiciones y temperatura adecuadas para su conservación. Pero no está expuesta todo el año; periódicamente se cambia la momia expuesta al público; el siguiente medio año será Sarita, otra momia encontrada en el nevado Sara Sara, la que se exponga en la penumbra de la sala.

Habiendo parado en Arequipa no podía dejar de visitar el Cañón del Colca. Con una profundidad de 3.400 metros es uno de los más profundos del mundo. A las tres de la madrugada salí en un tour con otras quince personas para llegar hasta el valle: dos hermanos limeños (con los que visitaría al día siguiente el Museo Santuarios Andinos), otras dos parejas, y un profesor con un grupo de siete alumnos y alumnas adolescentes; exceptuándome a mí todos eran peruanos. Al amanecer hicimos alguna parada antes de llegar al pueblo de Maca para divisar de lejos varios volcanes, entre ellos el Ampato, donde sacrificaron a Juanita, y el Sabancaya. Este último está activo, y la columna de humo y cenizas que arroja era perfectamente visible.

El punto más alto al que ascendimos fue el mirador de la Cruz del Cóndor, a 3.800 metros de altitud. Desde este punto hasta el lecho del río Colca hay 1.200 metros. El espectáculo es impresionante, solo él hace que el viaje merezca la pena. Lo que no vimos fue ningún cóndor sobrevolando el cañón, aunque esa experiencia sea uno de los atractivos que ofrecen las agencias para atraer a los turistas a la excursión.

Arequipa eta Cañón del Colca


Latinoamerika; bidaia baten hainbat zertzelada, irudi eta esteka (29)


Arequipa eta Cañón del Colca
(2018-12-06 - 2018-12-08)


Abenduaren 5a Iquique eta Arequipa arteko autobus bidaian joan zitzaidan, aduana tramiteak barne. Latinoamerikako bidaia amaitzen ari zen. Astebete geratzen zitzaidan Limatik etxerako hegazkina hartzeko.

Arequipa etapa posible bat besterik ez zen nire bidaia-egitasmoan; denbora nahikorik izan ezean, ez nuke bisitatuko. Hiri Zuria balizko etapen artean sartzera eraman ninduenak, bere arma-plaza berriro ikustearen jakin-mina izan zen, lehen aldiz zapaldu nuenetik 35 urte igaro ondoren. Zapaldu egin nuen, baina bere fisonomia ahaztuta neukan. Nire plazaren oroitzapena jendetza batena zen, milimetro karratu bakoitza hartzen zuena. Hiriaren fundazioa ospatzen zen eta hain estu geunden ezinezkoa zela edozein mugimendua egitea. Baina hura beste istorio bat izan zen.

Oraingoan lasaitasun handiagoz gozatu nuen Hiri Zuriaz, eta nire buruari ezarritako helburu gehiago bete behar ez izateak ematen zidan barealdi sentsazioarekin. Etxera itzultzeko Liman egingo nuen azken geldialdiaren aurreko atsedena Arequipako geldialdia izan zen.

Arequipa hiri erakargarria iruditu zitzaidan, atsegina, garbia …, eta benetan zuria. Eraikin asko egiteko erabili den harriagatik zuria; eraikinetan erabilitako harlanduek, sumendi-erupzioetatik sortuak, halako argitasuna ematen diote. Erakargarria da auzo marjinaletara joaten ez zaren bitartean, normalean turistek bisitatzen ez dituztenak. Hiriko alde umilago hori bi solairuko autobus turistiko batetik ikusi nuen. Ibilbidean ez nien jaramon handirik egin megafoniaz ematen zizkiguten azalpenei; Santiago de Chile-ko medikuntza-ikasle batekin izan nuen elkarrizketan entretenituta egon nintzen.

Hirian egon nintzen bitartean, bertako kaleetan ibiltzeaz gain, katedrala bisitatu nuen. Lurrikarek eta suteek sortutako kalteengatik hainbat aldiz berreraiki behar izan dute. Jasan duen azken lurrikara 2001ean izan zen; bere bi dorreak kaltetuak izan ziren, beraz bidaia honetan ikusi ditudanak duela 35 urte ikusi nituenen berreraikuntzak dira, eta haiek, beste hondamendi natural batzuen ondorengo berreraikuntzak. Bisitaren gauzarik erakargarriena, niretzako, katedralaren teilatutik paseatzea izan zen; handik ezerk ez zuen eragozten hiritik gertu zeuden sumendiak ikustea: Chachani, Pichu-Pichu eta Misti; azken hau Arequiparen ikurra da. Hemen harrotasunez esaten dute: "sumendi baten oinean jaiotzea ez da alferrikakoa". Aspaldian Misti-ra igo nahi izan nuen, baina bidaia honetan ez nuen horrelakorik egitea pentsatu.

Santa Katalina monasterioa ere bisitatu nuen, kaleak eta plazak dituen herri bat hiri barruan, baina bertatik isolatuta. Mojen monasterioa da, 1579an fundatua. Bi hektarea hartzen ditu, eta lau metroko horma batek hiritik isolatzen du. Nire herria (Lendoñobeiti) baino askoz txikiagoa izan arren, askoz etxebizitza gehiago ditu, eta noizbait 500 emakume aldi berean biz izan dira bertan: mojak, neskameak, errefuxiatuak... Monasterio hau gizateriaren ondarea da; oso leku erakargarria iruditu zitzaidan.

Santuarios Andinos museoan (bideo bat ere badago estekan) Juanitaren momia ikusi nuen, duela 500 urte baino gehiago Ampato sumendian sakrifikatu zuten neskato batena. Bere sakrifizioa, sumendiaren kraterraren ertzean edo kanpoan egin behar izan zen arren, bere gorpua, konoaren barnean aurkitu zen; Sabancaya sumendiaren erupzioak, 1995ean, Ampatoko tontorreko momia babesten zuten izotzak ere urtu zituen, eta Juanitaren gorpua gordetzen zuen fardela konoaren barnean irristatu zen. Jendeari gela hotz eta ilunpean erakusten zaio, kontserbatu ahal izateko baldintza eta tenperatura egokiak dituen urna baten barruan. Baina ez dago urte osoan ikusgai; aldizka jendaurrean ikusgai dagoen momia aldatzen da; hurrengo urte erdian Sarita izango da aretoko ilunpetan ikusgai egongo dena, Sara-Sara sumendian aurkitutako beste momia bat.

Arequipan geldialdi bat egiten, Cañón del Colca bisitatu behar nuen. 3.400 metroko sakonerarekin munduko arroilarik sakonenetakoa da. Hara joateko txango batean atera nintzen goizaldeko hiruretan beste hamabost lagunekin: Limako bi anaia (zeinekin hurrengo egunean Santuarios Andinos Museoa bisitatuko nuen), beste bi bikote, eta irakasle bat zazpi ikasle nerabeekin; ni izan ezik beste gainontzekoak perutarrak ziren. Egunsentian, Maca herrira iritsi aurretik, geldialdiren bat egin genuen urrutitik sumendi batzuk ikusteko; Anpato zen bat, non Juanita sakrifikatu zuten, eta beste bat Sabancaya. Azken hau aktibo dago, eta botatzen zuen ke eta errauts zutabea argi ikusten zen.

Igo ginen punturik altuena Cruz del Cóndor begiratokia izan zen, 3.800 metroko altueran. Puntu horretatik Colca ibaiaren hondoraino 1.200 metro daude. Ikuskizuna ikaragarria da, horrek bakarrik justifikatzen du bidaia. Baina kondorrik ez genuen ikusi hegan egiten arroilaren gainetik, nahiz eta agentzia turistikoek esperientzia hori eskaini txangoa erakargarriagoa egiteko.


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