2019/10/04

Baztan






BAZTANGO PAISAIAZ BLAI

Urriaren hasierarekin batera Baztanera joan ginen Auza mendira igotzeko asmoz. Erratzuko kanpinean hartu genuen ostatu, eta ilundu aurretik Xorroxin ur-jauziraino joan ginen. Gauean euria entzun genuen; euri-jasak ez zuten atertu eta egunsentiarekin handiagotu egin ziren. Euriak eta lainoek Auzaren mendi-hegalak estaltzen zituzten; ez ginen igo. Euripean, Baztango hainbat leku bisitatu genituen, eta paisaiaz blai bukatu genuen eguna.

Auza ez genuen igo; badaukagu aitzaki bat Baztanera itzultzeko.
______________

BAZTÁN; EMPAPADOS DE PAISAJE

Con el comienzo de octubre fuimos a Baztán, con la intención de subir al Auza. Nos alojamos en el camping de Erratzu, y antes del atardecer fuimos hasta la cascada de Xorroxin. Por la noche oímos la lluvia; los chaparrones no amainaron, y arreciaron al amanecer. La lluvia y las nieblas ocultaban las laderas del Auza; no subimos. Bajo la lluvia visitamos varios lugares del Baztán; terminamos el día empapados de paisaje.

No subimos al Auza; ya tenemos excusa para volver al Baztán.

Xorroxin ur-jausia



Urdazubiko kobazuloak



Zugarramurdiko kobazuloak





Infernuko erreka





Infernuko errota



Amaiur:
ABERRI ASKEAREN ALDE,
JENDEA LIBRE JAIKI





2019/09/22

De dolmen a catedral

CRÓNICAS DE UN VIAJE TRAS SAN MIGUEL DE UN ATEO SIN ESPADA
Serie de 14 episodios sobre un viaje entre Mont Saint Michel y Monte Gárgano.

A caballo entre octubre y noviembre de 2017 realicé un viaje entre Mont Saint Michel y el Monte Gárgano, para visitar cuatro lugares curiosos, espectaculares y sorprendentes. Seguí una imaginaria y misteriosa línea recta, en la que se alinean esos cuatro destinos de mi viaje. En Aiaraldea.eus publiqué 14 crónicas en euskera. Más tarde grabé 14 podcasts  en castellano, cuyo texto publico aquí.


07- DE DOLMEN A CATEDRAL
Hemen argitalpen orijinala irakur daiteke:
https://aiaraldea.eus/komunitatea/JoseMariGutierrezAngulo/1515406015104-7-trikuharri-izatetik-katedral-izatera


No se puede ir a Le Puy en Velay para ver únicamente la roca de Saint Michel d’Aiguilhe; estar allí y no ver la catedral es algo imperdonable. La catedral de Le Puy en Velay está en el punto más alto de la ciudad. Allí, al parecer, había un dolmen. Cuenta la leyenda que en el siglo III ocurrió un milagro sobre el dolmen, y construyeron una iglesia alrededor. En una capilla de la catedral hay una losa que dicen que era de aquel antiguo megalito. Mucha gente, aún hoy, está segura de su poder milagroso.

El casco histórico de Le Puy en Velay estaba entre el hostal en el que me hospedé y la roca de Aighille. Salí a la calle muy de mañana. Era domingo, y las calles estaban vacías a primera hora. Me introduje en un laberinto medieval para atravesar aquellas callejas silenciosas, estrechas y empinadas.
El casco antiguo se derrama desde la cumbre del monte Anis hasta dos afluentes del Loira; al norte el Borne protege la ciudad; al sureste el Dolaizon. Una vez cumplida la función protectora, los dos se unen al este, 350 metros antes de entregar sus aguas al Loira.
Quería entrar en la  catedral de Notre Dame du Puy por su fachada principal; busqué la Place des Tables para comenzar el ascenso desde allí, porque en esta iglesia no se entra, se asciende. La empinada Rue des Tables termina en los arcos de la fachada principal de la catedral, pero el suelo de la nave está diecisiete metros más arriba; muy buena parte de él no está apoyado en el suelo del terreno, sino sostenido por grandes columnas y arcos.
La entrada principal se encuentra atravesando el arco central de la fachada. Desde allí una escalera te conduce hasta el centro de la nave. Por allí habíamos entrado el verano de 2017. Quería sentir de nuevo la sensación que me había producido aparecer desde abajo, casi desde las entrañas de la tierra, en el centro del templo; con ese objetivo subí por la Rue des Tables; no lo conseguí: la puerta principal solo se abre en verano. Seguí subiendo por escaleras que están por debajo de la nave para entrar por otra puerta que hay al nivel del suelo de la iglesia.
Había unos diez fieles oyendo misa. Tratando de que nadie reparase en mi presencia anduve despacio y en silencio para ver la iglesia y las obras de arte que contiene. La mayoría de los fieles se quedaron junto al altar al terminar la misa; el oficiante se sentó al final de la nave principal para hacer de confesor. Me llamó la atención que lo hiciese una vez terminada la misa, además sin usar un confesionario; todavía me sorprendió más que otro cura que hizo la labor de ayudante durante la celebración fuese el primero en acudir al confesor. ¿Quizás un servicio de urgencia?
Los fieles no se iban; al lado del altar, y delante de la virgen negra de Notre Dame du Puy, todos parecían dedicados a ejercicios de meditación. Para no importunar a los creyentes fui lo más prudente posible mientras recorría el lugar, y sobre todo me fijaba en quienes allí estaban.  Así me acerque hasta la capilla que tenía a la izquierda, a un lado del altar mayor, con el fin de ver la losa que fue del antiguo dolmen. Encima de la piedra negra y fría había una mujer tendida de bruces, inmóvil; quizás esperaba que el milagro se repitiese. Después de estar largo tiempo postrada, fue hacia el altar y se arrodilló; su semblante triste y melancólico no indicaba que se hubiese producido prodigio alguno. Era evidente que el milagro del siglo III no volvió a repetirse.
Piedra de las fiebres –“Pierre des Fièvres” – llaman a aquella losa. La leyenda explica que una mujer que estaba enferma recibió un mandato de la Virgen: tenía que postrarse en la losa del dolmen. Mientras estuvo de bruces tuvo un sueño: le rodearon los ángeles y se le apareció la Virgen; ésta quería que se le construyese allí una iglesia. Cuando la mujer volvió en sí estaba curada. Dicen que “el milagro” ocurrió en el siglo III. Pero para sustituir el santuario pagano por una iglesia, parece que tuvieron que inventar más milagros; cuentan, entre otros, el de la curación de un paralítico. Con insistente empeño lo consiguieron, y a mediados del siglo V se construyó la primera iglesia para sustituir el santuario pagano anterior.
Unos siglos más tarde el obispo Godeskalc hizo grandes esfuerzos para atraer peregrinos; él fue quien ordenó construir la iglesia de Saint Michel d’Aiguilhe. Fue jefe de la diócesis de Puy entre el año 927 y el 962. Peregrinó en 951 o 952 hasta Santiago de Compostela con una gran comitiva compuesta de soldados, sirvientes, cocineros, nobles y eclesiásticos. Le Puy en Velay  se convirtió en el punto de partida de uno de los caminos de Santiago, la llamada Via Podiensis. Los peregrinos que a partir de entonces  llegaban a Puy, eran cada vez más numerosos; para acogerlos se construyó entre los siglos XI y XII la actual catedral.
Actualmente tanto la catedral como la roca de Aiguilhe, reciben multitud de visitantes. En un programa televisivo sobre el monumento preferido de los franceses –France 2:monument preéféré des français”–, la catedral consiguió el segundo puesto en 2015; Saint Michel d’Aiguilhe el cuarto en 2014.
Si Godescalc  resucitase se sentiría orgulloso.

Para escuchar el podcast:
https://www.ivoox.com/de-dolmen-a-catedral-audios-mp3_rf_28404286_1.html
Para escuchar en modo vídeo:
https://www.facebook.com/100008792851310/videos/1901062100196867/?id=100008792851310&lst=100008792851310%3A100008792851310%3A1569173143&sk=grid

2019/09/18

Una iglesia en la punta de una aguja


CRÓNICAS DE UN VIAJE TRAS SAN MIGUEL DE UN ATEO SIN ESPADA
Serie de 14 episodios sobre un viaje entre Mont Saint Michel y Monte Gárgano.

A caballo entre octubre y noviembre de 2017 realicé un viaje entre Mont Saint Michel y el Monte Gárgano, para visitar cuatro lugares curiosos, espectaculares y sorprendentes. Seguí una imaginaria y misteriosa línea recta, en la que se alinean esos cuatro destinos de mi viaje. En Aiaraldea.eus publiqué 14 crónicas en euskera. Más tarde grabé 14 podcasts  en castellano, cuyo texto publico aquí.


06- UNA IGLESIA EN LA PUNTA DE UNA AGUJA
Hemen argitalpen orijinala irakur daiteke:
https://aiaraldea.eus/komunitatea/JoseMariGutierrezAngulo/1514967311070-6-eliza-bat-orratz-baten-puntan


Para llegar a la iglesia de Saint Michel d’Aiguilhe tuve que hacer un quiebro en la línea recta virtual que estaba siguiendo. Esta iglesia y la Sacra di San Michele, en Italia, están casi en la misma latitud; por lo tanto es imposible que la de Le Puy esté en la misma supuesta línea que une Mont Saint Michel, la Sacra di San Michele y el monte Gárgano, aunque en Aiguilhe digan que sí. De cualquier modo, es muy recomendable salir de la línea para ver este lugar.

Si el infierno existiese y fuese de fuego, se podría decir que la roca de Saint Michel d’Aiguilhe surgió directamente de él. Son los restos de un volcán, un cuello de volcán; las entrañas de la tierra salieron por aquí, y se enfriaron, y se solidificaron. Pero solo dura lo más resistente, y el trabajo paciente de la erosión ha descompuesto y hecho desaparecer los materiales más blandos de aquellos que salieron de las entrañas de la Tierra; La roca dura de Saint Michel d’Aiguilhe, en cambio, ha aguantado y resistido al tiempo y a la erosión.

Muchos millones de años después de que la roca surgiese, apareció en los alrededores una especie, al parecer, inteligente, y de mucha creatividad para dar explicaciones a lo que no entendía; o para inventar historias atractivas sobre los lugares extraordinarios que admiraba. Ahí la razón de convertir esta roca surgida de la tierra en un lugar sagrado y de culto.

Antes de establecerse el cristianismo era el dios Mercurio quien tenía su lugar en esta roca. Los romanos tomaban por manifestaciones de sus propios dioses los de los territorios que conquistaban; y a menudo los nombres romanos sustituían a los originales. Antes de su llegada, la roca en la que se encuentra Saint Michel d’Aiguilhe ya era un lugar de culto, probablemente consagrada al dios Lug o Lugus.

Lug, Merkurio y San Miguel tienen perfiles diferentes, pero también se les adjudican funciones similares. A Merkurio, por ejemplo, se le adjudicaba entre otras la función de conducir al otro mundo a los difuntos; en el cristianismo San Miguel tiene la de pesar las almas en el juicio final.

Sea como sea, yo diría que las creencias vinculadas a esta roca sólida y duradera, son también resistentes y perdurables.

Casual meta de etapa para un posible viaje
Cuando tuve la primera idea de hacer el viaje que voy narrando en esta serie de podcasts, Saint Michel d’Aiguilhe no era una meta en el mismo. El viaje se me ocurrió cuando conocí la Sacra di san Michele en la provincia italiana de Turín; allí fue donde tuve por primera vez noticia de la alineación de varias iglesias consagradas a San Miguel. Y me resultó muy llamativo.

La iglesia de Saint Michel d’Aiguilhe no estaba en la lista. Nos topamos por casualidad con ella el verano de 2017, al volver de un viaje que hicimos a Alsacia. Teníamos que hacer una parada, y nos dirigimos a un camping de Le puy en Velay. Toparnos con esta espolón rocoso fue sorpresivo; ¡junto al camping, una iglesia a 85 m de altura en la punta de una aguja! Alargamos nuestra estancia para ver la roca y la ciudad. ¡Mereció la pena!

Muy cerca de este peñasco puntiagudo hay otro, Rocher Corneille, con la cumbre a más altura, pero no es una formación tan afilada como la de Aighille. La roca de Saint Michel d’Aiguilhe tiene forma de aguja; no se puede describir con más literalidad. Llegar a su cumbre parece imposible. Para conseguir lo que es imposible, o lo parece, los seres humanos a menudo buscan o inventan medios; aquí, en un lugar que parece inaccesible, establecieron un lugar de culto.

La primera construcción de una iglesia cristiana tuvo lugar en el año 961 o 962; la ordenó construir el obispo Godescalc de Puy en el 950, al volver de una peregrinación que hizo a Santiago de Compostela. Consiguió atraer peregrinos, y la ruta de peregrinaje a Santiago que comienza en Puy, la Via Podiensis, se convirtió en una de las más famosas.

Arte y leyendas para atraer a los peregrinos
Hollé los 268 peldaños cincelados en la roca. Cuando me faltaba muy poco para llegar arriba apareció la portada de la iglesia frente a mí, todavía sobre mi cabeza. La primera iglesia construida en la cumbre (la parte que hoy rodea el altar) es del siglo X, de estilo mozárabe. El número de peregrinos se hizo cada vez más numeroso, y en el siglo XII la ampliaron. Construyeron entonces la portada y la entrada actuales, el deambulatorio y la torre, adecuando la construcción al escasísimo espacio de la cumbre. En la portada se adivina perfectamente que el estilo arqueológico fue importado de la península ibérica, sin duda a través del camino de Santiago.

El interior es impresionante, o para ser más justos, fascinante. Probablemente se hace tan atrayente por haber en tan pequeño espacio cosas tan admirables. El espacio de la iglesia originaria y el que hay sobre la entrada están lleno de frescos; en el añadido en el siglo XII unas columnas estrechas y esbeltas soportan el techo; la luz filtrada por la puerta, las ventanas y los huecos distribuidos en planos y orientaciones diferentes, lo tiñe todo de colores cálidos …

Por fuera una pared rodea la iglesia. En algunos tramos es demasiado alta y se me hacía difícil asomar la cabeza para ver el precipicio, pero las vistas sobre Le Puy en Velay son excelentes.

En la Edad Media las reliquias eran fundamentales para atraer a los peregrinos; sin embargo era materialmente imposible conseguir reliquias de San Miguel para promover su devoción, ya que se trata de un espíritu. Aunque sobre esto hay que decir que eso no impidió que en más de una iglesia de España, de Italia y de Alemania se mostrasen plumas que se atribuían a San Miguel o a San Gabriel; o reliquias de otros espíritus, como las dos plumas y un huevo del Espíritu Santo que mostraban en la catedral alemana de Mainz. En Aighille, como en la mayoría de los templos dedicados a San Miguel, no llegaron tan lejos; para atraer la atención y la devoción hacia el arcángel recurrieron a las apariciones y a las leyendas.

La leyenda más famosa de Aiguilhe se repite, aunque con algunas variantes, en otro lugar que visitaría más tarde durante este viaje. Una mujer joven vio comprometida su reputación porque se había puesto en duda su virginidad. Entonces se encomendó a San Miguel y se arrojó al vacío desde lo alto de la roca. San Miguel ralentizó su caída y la joven no sufrió ningún daño. La joven se arrojó de nuevo, y de nuevo la salvó el arcángel. La soberbia se apoderó de la mujer, y se lanzó desde lo alto por tercera vez. A la tercera San Miguel no detuvo la caída.

Yo, por si acaso, para abandonar la aguja sobre la que se construyó la iglesia, bajé por las escaleras.

Para escuchar el podcast:
https://www.ivoox.com/una-iglesia-punta-aguja-audios-mp3_rf_28379336_1.html
Para escuchar en modo vídeo:
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2019/09/15

Cueva de Skocjan, Eslovenia; la medida de la eternidad

Hace más de dos meses que no he añadido ninguna entrada a este blog; las razones han sido varias. Hoy reinicio aquí la actividad con una entrada sobre el lugar que más me impresionó en un viaje durante el mes de julio a Eslovenia.



Si la primera vez que me hicieron visualizar la eternidad hubiese sido en la cueva de Skocjan, el hipotético castigo eterno por sacrilegio me habría aterrorizado infinitamente más de lo que lo hizo durante siete u ocho años.


En un reciente viaje a Eslovenia seguimos la recomendación de un joven laudioarra que ha vivido unos cuantos meses allí, y visitamos la cueva de Skocjan. Para quien lo más atractivo de las cavidades subterráneas son las formaciones que durante decenas y cientos de miles de años se han formado en ellas (estalactitas, estalagmitas, columnas…), hay cuevas más espectaculares que ésta. Una de ellas es la de Postonja, también en Eslovenia y muchísimo más visitada que la de Skocjan. Sin embargo fue esta última la que nos sorprendió de una manera extraordinaria por la enormidad de sus espacios.
La Naturaleza (o Natura, ese organismo en el que los seres humanos vivimos como parásitos depredadores sin previsión de futuro) tiene agentes muy pacientes que han ido moldeando el planeta durante miles de millones de años. El río Reka y el agua filtrándose por las fisuras del suelo calizo, que son algunos de esos agentes, solo han necesitado unos cientos de millones de años para dar forma a la gruta y a los espeleotemas que pudimos admirar en Skocjan.

Aunque las inundaciones en la gruta pueden llegar a superar los 100 metros sobre el fondo de la misma, el río Reka no parecía caudaloso cuando visitamos la gruta en el mes de julio. El rumor del agua nos acompañó durante gran parte de los varios kilómetros de recorrido. El sifón que impide un rápido desagüe cuando el caudal crece excesivamente por lluvias o deshielo, no dificultaba el paso de la que me pareció una modesta corriente de agua. Nada más de lo que vimos se puede calificar de moderado; todo se podría adjetivar como imponente por sus dimensiones, por el tiempo necesario para su formación, por las sensaciones que su visión produce…

La gigantesca dolina por la que salimos de la gruta también es impresionante. Es la dolina Velika, una enorme depresión producida por el hundimiento del techo de la cueva hace unos cientos de millones de años. El agua del río Reka surge del interior de la tierra, se desliza por el fondo de la dolina y desaparece de nuevo en las profundidades en dirección contraria a la que nosotros traíamos. Las paredes de esta especie de caldera gigante se elevan hasta 165 metros; el río, después de atravesar el fondo de la dolina, vuelve a esconderse en las entrañas de la tierra, y no vuelve a salir a la luz hasta treinta y seis kilómetros más lejos, cerca ya de la costa del Adriático.

Pero volvamos a la oscuridad y al misterio.

La Cámara de Martel fue el espacio más grande por el que pasamos. Tiene más de 300 metros de largo y una anchura promedio de 89; la altura supera los 100, siendo su punto más alto desde el lecho del río Reka de 146 metros. El volumen de la cámara es de 2.200.000 metros cúbicos.

La visión de aquel espacio fue suficiente para quedar impresionado; pero, además, escuchar estos datos de boca de la guía me trasladó a mi infancia. Comencé a hacer cálculos sobre la duración de la eternidad, como cuando a los seis o siete años inicié ese tipo de cuentas.

No sé qué extraño mecanismo provocó tan repentino retroceso temporal, pero recuerdo con precisión por qué, en mi infancia, inicié la extravagante costumbre de medir la eternidad, costumbre que, después de muchas décadas olvidada, recordé en Skocjan, y la retomé como un juego por un día. Sin embargo, cuando era niño no se trataba de un pasatiempo.

No sé si antes, pero en vísperas de mi primera comunión comencé a imaginar el fuego eterno, siempre relacionado con el pecado y el castigo. El culpable no fue otro que el cura que nos preparaba para la primera comunión. Para que entendiésemos lo doloroso de ser consumidos por las llamas no tuvo que hacer mucho esfuerzo, pero para que visualizásemos lo que es hacerlo eternamente se explayó mucho más. Dentro de la iglesia nos hizo imaginar un pájaro que entraba en ella cada mil años para dejar un grano de trigo; cuando la iglesia se hubiese llenado, la eternidad ni siquiera habría empezado. No recuerdo que la lista de pecados mortales por los que podríamos ser castigados al fuego eterno fuese larga; además, a aquella edad, era muy improbable que pudiésemos caer en la mayoría de ellos; sin embargo, había algunos fáciles de cometer, como jurar o blasfemar, algo que a menudo oíamos hacer a los mayores. Más grave aún era cometer sacrilegio, lo que haríamos si comulgábamos en pecado mortal.

Me acabó pareciendo que, teniendo en cuenta el castigo, ser pecador tenía que ser algo muy importante. Por otro lado era muy fácil hacerse perdonar aquella maldad explicada con tanto entusiasmo por el cura; era suficiente confesarse, o en caso de urgencia hacer una acto de contrición rezando un señormiojesucristo. El caso es que cuando fui a confesarme la víspera de la primera comunión, al hacer el examen de conciencia pensé:

―¡Vaya mierda de pecados que tengo! ¡Si son todos veniales! Voy a hacer un par de mortales.

Y en la iglesia, que aquel día un pájaro pudo empezar a llenar de trigo, pronuncié en voz baja:

―¡Me cago en Dios! ¡Me cago en la Virgen!

No me atreví a confesarlo, así que al día siguiente cometí un sacrilegio.

La bola de nieve empezó a crecer y crecer, porque, aunque no me atrevía a confesar tan grave pecado, comulgaba cada vez que iba a misa, donde hacía de monaguillo. Para colmo era el ayudante mejor valorado por el mismo cura que, aterrorizándonos, nos ponía en guardia contra los tres enemigos del alma. Con seis años no entendíamos bien lo de el Mundo y la Carne, pero sí lo de el Demonio, ya que a este nos lo habían descrito con mucha precisión.

Lo cierto es que también me resultaba raro el dios que nos explicaban. Su característica principal era la perfección, y la magnanimidad era una de las cualidades de la perfección; sin embargo era capaz de enfadarse eternamente, y de imponer castigos infinitamente desproporcionados, lo que no deja de ser una grandísima imperfección. De Padre a padre (no dominaba todavía la diferencia entre la mayúscula y la minúscula), 
me parecía más perfecto el mío, quizás no en omnipotencia, pero sí en magnanimidad. No sé por qué abandoné estas primeras dudas, cuya probable resolución me habría evitado muchos momentos de desasosiego.


El caso es que de aquel grupo con el que compartí aquellas primeras catequesis fui, probablemente, quien más señormiojesucristos rezó hasta los trece o catorce años. Para esa edad, la comparación de la eternidad con el pájaro que llena de trigo una iglesia ya la había oído en templos cada vez más grandes. El crecimiento de la eternidad se iba haciendo exponencial; comencé a escuchar el relato en una iglesia de pueblo y acabé haciéndolo en una catedral. ¡La eternidad no dejaba de crecer!

Cuando conseguí librarme de esa sensación de angustia que a veces me invadía a la hora de conciliar el sueño, no fue liberación lo que sentí, sino decepción hacia quienes habían provocado en mí aquel miedo; y vergüenza por haberme dejado engañar durante tanto tiempo.

Pero eso es otra historia, y me estoy alejando demasiado de Skocjan. Vuelvo al lugar que provocó los recuerdos anteriores, y a los cálculos inútiles con los que jugué.

Los cálculos que había comenzado a plantearme durante la visita de la cueva, los terminé en la auto caravana por la noche. En mi imaginación había puesto a trabajar al pájaro que debía acarrear el trigo, grano a grano, haciendo un viaje cada 1.000 años. Tenía que reunir de ese modo los granos suficientes para llenar un espacio de 2.200.000 metros cúbicos, un espacio diez veces más grande que el de la catedral donde alguna vez me aterrorizó la duración del castigo eterno.


Aunque la densidad del trigo es variable, por depender de varios factores, calculé que un kilo de trigo tiene unos 20.000 granos, y que en un decímetro cúbico entran unos 16.000; es decir, 16.000.000 de granos en un metro cúbico; ¡dieciséis millones de granos!

Sin fijarnos en la imposible longevidad del pájaro, esto supone que la Cámara de Martel de la cueva de Skocjan se podría llenar en… (aquí sería necesario un redoble de tambor) 35.200.000.000.000 años. ¡Treinta y cinco billones doscientos mil millones de años! ¡Qué placer hubiesen sentido aquellos productores de miedo si hubiesen podido adoctrinarnos en esta cueva!

Sobre la duración del universo no hay un consenso científico, y sobre su final hay varias teorías. No hay acuerdo sobre si se seguirá expandiendo indefinidamente, si llegará un momento en el que comience a contraerse para volver a una singularidad como la que provocó el Big-Bang, … De cualquier modo la edad del que conocemos es de unos 13.800 millones de años (creo que esto es bastante aceptado por la mayoría de los científicos). Mientras ese pájaro, al parecer inmortal, llena la Cámara de Martel con granos de trigo, se podrían crear más de 2.550 universos como el nuestro. El pájaro no va a tener tiempo; decenas de billones de años antes de que hubiese podido llenar la cámara, no quedará rastro ni de la cueva de Skocjan ni del planeta en el que se encuentra.

Aunque podamos llegar a creer en seres ficticios y ponerles nombre para hacerlos parecer reales, no todo lo que se nombra existe. De cualquier modo, como no habrá nadie que crea en él, que lo nombre o que lo utilice, tampoco quedará rastro de ese dios que se enoja hasta el infinito por una simple cagada infantil.

2019/07/05

Lendoño de Abajo. En la Esquina de Arriba


LAU BIDALDI LEHENALDIRA
Esaten dute gure lehenengo aberria haurtzaroa dela. Haurtzaroan bizi izandakoa askotan islatzen dugu gure oroimenean; ziur aski idealizazio eta errealitatearen arteko oroitzapenak dira. 2015eko udan nire lehenengo aberrira egindako lau bidaien berri utziko ditut hemen. Denboran atzera bidaiatzeko bi euskarri mota erabili nituen: bat-batean berraurkitutako hiru argazki zaharrak, eta haurtzaroan praktikatzen genuen joko baten errepikapena; azken hau egungo herriko haurrekin, gu ere haurrak izango bagina.

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CUATRO VIAJES AL PASADO
Dicen que la infancia es nuestra primera patria. A menudo se reproduce en nuestros recuerdos lo que vivimos en la infancia; seguramente se trata de recuerdos que están entre la idealización y la realidad. Voy a dejar aquí noticia de cuatro viajes que el verano de 2015 hice a mi primera patria. Para viajar hacia atrás en el tiempo utilicé dos tipos de recursos: tres viejas fotografías recuperadas de sopetón, y la repetición de juegos practicados en la infancia; esto último con niños del pueblo, y como si nosotros también lo fuéramos.

4 - LENDOÑO DE ABAJO. en la esquina de arriba
Hemen argitalpen orijinala irakur daiteke:

Después de más de cincuenta años seguimos jugando junto a la escuela de Lendoño de Abajo, en la Esquina de Arriba, como antes.

Al este de la iglesia del pueblo y pegada a ella, está la elegante y restaurada torre medieval (del siglo XIII o del XIV). La torre es mucho más vieja que la iglesia, por lo que quizás sea mejor decir que la iglesia está al oeste de la torre.

Para todos los lendoñeses de más de cincuenta años esa torre fue escuela; una escuela con un único maestro o maestra. Durante varias décadas el mismo: el que enseñó a leer y escribir a mi madre también me enseñó a mí. Tanto ella como yo poco aprendimos en la escuela, pero mi madre tenía una letra mucho más clara.

Durante los recreos jugábamos casi siempre en la Esquina de Arriba, detrás de la iglesia. La Esquina de Abajo era un espacio muy estrecho y solo la frecuentábamos para jugar al escondite o en las carreras alrededor de la escuela y de la iglesia. Bueno, también para algo imposible de evitar: los chicos usábamos la Esquina de Abajo de meadero (así lo llamábamos).

En las fiestas 
de este año de Lendoño de Abajo también hemos usado la Esquina de Arriba como lugar de recreo. Lo podéis ver en la foto; en ella aparecen tres alumnos de la última época en la que la torre fue escuela: uno lleva una camiseta roja, los otros dos están en los extremos de la fila; el de la izquierda ya ha superado la frontera de los sesenta, el de la derecha está más cerca de los sesenta que de los cincuenta. Compitieron con intención de ganar; el de la derecha ganó la carrera de sacos, el de la izquierda no la perdió. Hace tiempo que los dos participaron con pasión en los juegos de la Esquina de Arriba. ¡Todavía la mantienen!

2019/06/24

Lendoño de Abajo. Lejos de la escuela


LAU BIDALDI LEHENALDIRA
Esaten dute gure lehenengo aberria haurtzaroa dela. Haurtzaroan bizi izandakoa askotan islatzen dugu gure oroimenean; ziur aski idealizazio eta errealitatearen arteko oroitzapenak dira. 2015eko udan nire lehenengo aberrira egindako lau bidaien berri utziko ditut hemen. Denboran atzera bidaiatzeko bi euskarri mota erabili nituen: bat-batean berraurkitutako hiru argazki zaharrak, eta haurtzaroan praktikatzen genuen joko baten errepikapena; azken hau egungo herriko haurrekin, gu ere haurrak izango bagina.

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CUATRO VIAJES AL PASADO
Dicen que la infancia es nuestra primera patria. A menudo se reproduce en nuestros recuerdos lo que vivimos en la infancia; seguramente se trata de recuerdos que están entre la idealización y la realidad. Voy a dejar aquí noticia de cuatro viajes que el verano de 2015 hice a mi primera patria. Para viajar hacia atrás en el tiempo utilicé dos tipos de recursos: tres viejas fotografías recuperadas de sopetón, y la repetición de juegos practicados en la infancia; esto último con niños del pueblo, y como si nosotros también lo fuéramos.

3 - LENDOÑO DE ABAJO. LEJOS DE LA ESCUELA
Hemen argitalpen orijinala irakur daiteke:

Esta foto es anterior a la de la tala de las encinas (1968) del barrio de Elizalde de Lendoño de Abajo; tiene por lo menos seis años más. La ocupación de quienes aparecemos en ella es evidente. Era por la tarde, probablemente en otoño. No recuerdo la hora, podría ser hora de estar en la escuela. La de Lendoño la teníamos cerca, pero la caprichosa decisión de alguien nos había secuestrado el derecho de acudir a ella. A veces, cuando teníamos que ayudar en los quehaceres urgentes del caserío, pedíamos permiso al maestro o a la maestra para salir antes de clase. Pero no, el secuestro o el robo del derecho no fue para ese día; nos cerraron la escuela durante cuatro años. Según le pareció a alguien, el edificio (la actualmente rehabilitada supuesta casa torre) no reunía condiciones suficientes. Los niños de los dos Lendoños nos quedamos sin aula y sin maestra. Esta no hizo ningún esfuerzo por quedarse, estaba deseando abandonar Lendoño; quien ordenó el cierre no nos dio la oportunidad de ejercer nuestro derecho en las escuelas de Belandia o de Orduña.

Algunos fuimos un año a donde un maestro jubilado de Orduña; otro año la mayoría de los de Lendoño de Abajo fuimos donde dos frailes que estuvieron en la casa El Recuerdo, en el barrio de La Antigua de Orduña; durante otro curso un cura joven que vino a Ruzabal, nos enseñaba algo en la escuela que habían cerrado… Todo sin método, sin seguimiento, casi sin resultados.

La maestra que se había ido volvió de nuevo a dar clases en la misma escuela que había abandonado. El único cambio que se había producido en el edificio era el solado del aula, mucho más feo que el anterior. No sabemos dónde estuvo la maestra durante aquellos cuatro años. Nosotros yendo y viniendo de Orduña; jugando al fútbol con el cura del pueblo (tampoco aprendimos mucho en esto) y practicando otros juegos alrededor de la iglesia y la escuela; ayudando en los trabajos del caserío… Y muchos días cuidando las vacas, como en la foto. Quien nos sacó la foto tenía que conocer el entorno para pasar por donde estábamos. Para nosotros era ya mayor, pero le vimos con ojos de niño y puede que fuese joven. ¿Era de Orduña? Si aún vive, ¿recuerda aquel momento?
(*👇)


(*Cuando escribí y publiqué esto en 2015 y 2019, no recordaba quién nos había hecho la foto. Fue después cuando me recordaron que la hizo un primo de mi madre (primo segundo nuestro), que aquel día vino de visita a Lendoño.
(Nota añadida el verano del 2022)

2019/06/19

Ochocientos kilómetros y cuatro trenes en doce horas


CRÓNICAS DE UN VIAJE TRAS SAN MIGUEL DE UN ATEO SIN ESPADA
Serie de 14 episodios sobre un viaje entre Mont Saint Michel y Monte Gárgano.

A caballo entre octubre y noviembre de 2017 realicé un viaje entre Mont Saint Michel y el Monte Gárgano, para visitar cuatro lugares curiosos, espectaculares y sorprendentes. Seguí una imaginaria y misteriosa línea recta, en la que se alinean esos cuatro destinos de mi viaje. En Aiaraldea.eus publiqué 14 crónicas en euskera. Más tarde grabé 14 podcasts  en castellano, cuyo texto publico aquí.


05- ochocientos kilómetros y cuatro trenes en doce horas
Hemen argitalpen orijinala irakur daiteke:
https://aiaraldea.eus/komunitatea/JoseMariGutierrezAngulo/1514564096900-5-zortziehun-km-eta-lau-tren-hamabi-ordutan

Tuve que hacer un viaje de unos 850 km para llegar a la segunda meta: Saint Michel d’Aiguilhe. Entre Rennes y París lo hice en un TGV. Fue el tramo más rápido, sin embargo fue el más incómodo para mí. No quedaban asientos libres y me vendieron “un billet sans droit de siège”; eso sí, tuve que pagar lo mismo que si hubiese tenido derecho. Encontré un sitio en la plataforma de entrada, en un asiento plegable y pequeño; desde él no había posibilidad de disfrutar del paisaje.

La estación de Montparnasse en París estaba a rebosar de gente. Yo, que estaba siguiendo una línea recta virtual, no podía caminar en línea recta. Fui en metro hasta la estación de Bercy, para tomar en ella otro tren hasta Clermond Ferrand. Fue un tren más lento, porque paraba en más estaciones, pero viajé mucho más cómodo.

Hasta Vichy tuve de vecino a un hombre ya maduro; intenté abrir camino a la conversación, pero recibí una muda y áspera respuesta. El paisaje era monótono y me puse a leer, con algún pensamiento desagradable para con aquel hombre. Más tarde me arrepentí. Hicimos una parada más larga en una estación, y pregunté al compañero de asiento a ver dónde estábamos. Me contestó tartamudeando y gesticulando como no había visto nunca; comprendí la silenciosa y áspera respuesta anterior.

Cerca ya de Clermond Ferrand el paisaje se animó; las llanadas y tierras de cultivo fueron siendo sustituidas por un paisaje más accidentado y montañoso. Vi y reconocí el Puy de Dôme; eso y recordar los paisajes que se ven desde su cumbre, hicieron desaparecer el sueño ligero de la hora anterior.

En la estación de 
Clermond Ferrand esperé veinte minutos para tomar el siguiente tren, éste de un solo vagón. Aquí todo se animó; por un lado el paisaje se hizo más cambiante y atractivo, aunque pronto se hizo de noche; por otro el tren paraba en todas las estaciones, así que los compañeros de viaje también cambiaban continuamente.

Exceptuando el del metro de París, todos los demás billetes de viaje me los habían dado grapados; el revisor los miró todos y me dijo:


―Long voyage! Italien?

―Non, je suis basque. ―Contesté; y aproveche para preguntarle por la mejor combinación para ir desde Le Puy en Velay hasta Turín.

Se sorprendió. Le pareció raro mi viaje de aquel día para no quedarme en ninguna de las ciudades del trayecto y hacerlo en Le Puy en Velay; más le sorprendió que quisiera ir luego a Turín. Estuvo, sentado en otro asiento, buscando con su teléfono la información que le había pedido. Antes de terminar el viaje se acercó a mí para darme las indicaciones precisas para llegar a Turín en tren. No le expliqué que estaba siguiendo una supuesta línea recta; ganas ya tuve para que entendiese mi viaje, y sobre todo para mostrarme amable con él; pero no me atreví por miedo a no poder encontrar la manera de hacerlo en una lengua que no domino.

Lo que más me sorprendió ocurrió al final del viaje. El tren sufrió una avería entre dos estaciones. El maquinista salió de su cabina con una carpeta grande debajo del brazo, cogió varias herramientas de una caja que había en el espacio de los viajeros y saltó a la vía para solucionar la avería. Mientras el maquinista trabajaba nos explicaba por megafonía que habían tenido una avería, que lo estaban solucionando, y que llegaríamos a Le Puy en Velay en unos veinte minutos o media hora. Y así fue. Cuando el maquinista saltó de nuevo al vagón recibió aplausos y vivas.

―Esto no lo he visto nunca en los trenes entre Orduña y Bilbao ―pensé yo.

Antes de llegar a Le Puy en Velay, vi la roca de Saint Michel d’Aiguilhe, y la iglesia en la punta de aquella aguja; la iluminación artificial la arrancaba de la oscuridad circundante.


Para escuchar el podcast:
https://www.ivoox.com/ochocientos-kilometros-cuatro-trenes-doce-horas-audios-mp3_rf_28352010_1.html
Para escuchar en modo vídeo:
https://www.facebook.com/100008792851310/videos/1900407010262376/?id=100008792851310&lst=100008792851310%3A100008792851310%3A1560957507

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