2026/06/11

Las acrópolis de Rodas


La Isla de Rodas surgió del mar mucho antes de que algún ser humano llegase a ella y decidiese habitarla. La ciencia, la Geología en este caso, explica que la colisión entre las placas Africana y Euroasiática (la subducción de la primera bajo la segunda) fue la responsable de la formación de la isla hace unos tres o cuatro millones de años(1). Para un ser humano, cuya vida comparada con la duración del planeta o del universo en el que vive es menos que un suspiro, la explicación científica y los millones de años necesarios para todo el proceso pueden ser generadores de asombro, motivadores de curiosidad y, también, confirmadores de su propia intrascendencia. Pero cuando algo queda explicado y deja de ser cuestionable, se acaban las dudas, desaparece la incertidumbre y puede disiparse el interés. Ya no podemos inflamar la imaginación para moldear la realidad y se hace más difícil ser creativos. Dejamos de ser quienes deciden lo que ha sido, lo que es y lo que va a ser.

La mitología no sirve para esclarecer cómo surgieron las islas del Egeo. Los mitos no son hoy la fuente a la que acude quien tiene sed de conocimiento y curiosidad por comprender el universo, la naturaleza, el origen de la humanidad y la evolución de esta en el mundo. Pero las atemporales historias mitológicas se inventaron para explicar todo eso; también para compartir interpretaciones colectivas como pueblo, como cultura o como civilización. Estamos ya muy lejos del origen de los mitos griegos, sin embargo, siguen formando parte de nuestro acervo cultural. No necesitan obrar en nuestro sistema de creencias para que, con sus historias, podamos envolver muchos lugares a los que llegamos en una radiante y misteriosa atmósfera que proporciona más belleza a lo que ya de por sí la tiene. Y los mitos pueden llegar a encadenarse estrechamente con la historia real. Pueden hacer que lugares y personajes para los que tenemos fechas más o menos ciertas quedan estrechamente enlazados a otros de edades mitológicas y, por lo tanto, sin dimensión temporal. Eso es lo que pasa con Rodas y su historia.

Según algunas versiones mitológicas sobre el origen de Rodas, la isla debe su nombre a la ninfa Rodo. Helios, a quien Zeus se la regaló para compensarle porque no había estado en el reparto del cosmos entre los dioses olímpicos, tuvo siete hijos con ella. Tres de sus nietos fueron quienes fundaron las tres ciudades-estado de la isla, a las que dieron sus nombres: Ialisos, Camiros y Lindos(2). Estas ciudades fueron fundadas por dorios que, procedentes del Peloponeso, se establecieron en Rodas entre los siglos XI y X a. C. Varios milenios antes que ellos, durante el Neolítico, el ser humano ya había llegado a la isla y se había establecido en ella. Pasó mucho tiempo antes de la fundación o establecimiento de las tres ciudades-estado. La versión mitológica de que los fundadores fueron tres nietos de Helios origina algunas consecuencias: se borra toda la historia anterior y, como por arte de magia, en el mapa del tiempo desaparecen eones, edades y milenios. A escala humana es como si el surgimiento de la isla se hubiese producido solo dos generaciones antes de que los fundadores pusiesen la primera piedra a cada una de sus ciudades.

Hay leyendas que alimentan esa misteriosa atmósfera con la que envolvemos historias y lugares para mirarlos con más admiración. En Rodas nos hablan de otro personaje mitológico, un héroe a quien también se le atribuye la fundación de Lindos(3): Tlepólemo de Rodas. Este héroe dorio, hijo del dios Heracles y la mortal Astioquía, nos acerca a un mapa del tiempo más ajustado a nuestra capacidad de comprensión. En la Ilíada podemos leer su agitada historia(4) y, a través de ella, sospechar que los dorios que llegaron a Rodas y erigieron sus tres ciudades-estado eran fugitivos. Tlepólemo murió en la guerra de Troya(5). Aunque aquella guerra no se desarrollase como se relata en la Ilíada, sí hay consenso sobre las razones que la provocaron y la época en la que se pudo producir; esto nos deja más cerca de la historia que del mito, aunque se trate de una historia envuelta en leyendas. 

Entre todo lo que se conserva de la antigüedad en Rodas, lo más vinculado a las leyendas sobre sus fundadores, a la ninfa Rodo y al dios Helios lo buscamos en lo que el paisaje mantiene de sus antiguas ciudades. Comenzamos por la acrópolis de Lindos(6).

Acrópolis de Lindos

Salimos de la ciudad de Rodas por la carretera que sigue la costa oriental de la isla. Durante los primeros kilómetros, la sucesión de hoteles y edificios modernos se interpone entre nosotros y el mar cercano. Más tarde, cuando el paisaje deja de estar saturado del blanco de las construcciones costeras y el de las villas y chalets hacia el interior, los pinos visten las laderas montañosas y los olivos el paisaje agrícola más cercano a la costa. Poco antes de llegar a Lindos divisamos el pueblo desde arriba. Se exhibe tendido sobre un istmo que parece hundido entre el cerro de la acrópolis y el resto del territorio de la isla. Más allá, muy por encima del pueblo, la silueta de murallas, columnas y templos corona el monte que surge del mar.

Cuando pensamos en una acrópolis, quizás la primera imagen que visualicemos sea la de Atenas, un cerro rocoso, escarpado y fortificado lleno de templos en ruinas o restaurados, y siempre saturado de turistas. La de Lindos no puede competir con ella por el número de visitantes; mientras la de Atenas recibió 4.609.113 turistas durante 2025, la de Lindos “solo” 595.625, casi ocho veces menos(7). Pero en la comparación de las características que debe tener una acrópolis, la de Lindos las consuma todas. Se construyó en una colina que se eleva 116 m sobre el nivel del mar; las aguas del Egeo lamen su base y la protegen por tres de sus lados; en el cuarto, ocupando el istmo que une el cerro a la isla, se extiende el pueblo de Lindos. Todos los lados de la colina son tan abruptos que hacen difícil el acceso a la cumbre y la convierten en un lugar ideal para el culto, un lugar apartado, silencioso, protegido y seguro. La orografía separa el cerro del resto de la isla de la que forma parte, sin arrancarlo de ella, y otorga a la acrópolis unas vistas privilegiadas sobre el entorno.

Para llegar a la acrópolis hay que atravesar las estrechas calles del pueblo llenas de tiendas. En el ascenso nos asomamos a la bahía de Lindos, al norte, y a la de San Pablo, una ensenada casi cerrada, al sur. El pueblo se extiende entre las dos; parece una bufanda blanca protegiendo el cuello que une el cuerpo de la isla con la acrópolis, que sería la cabeza. Desde el camino de subida se observa un paisaje precioso, enmarcado a menudo por el ramaje de los pinos y más espléndido a medida que se asciende a lo alto de la acrópolis. Entramos en ella.

Para llegar al recinto amurallado de la acrópolis hay que ascender por un escalera del siglo II a. C. El primer lugar al que se accede por ella son las construcciones realizadas unos cuantos siglos más tarde, durante la ocupación de los Caballeros de Jerusalén. Al inicio de la escalera hay un bajo relieve de un barco de guerra esculpido con mucho detalle; al parecer se utilizó para una estatua de bronce. Está tallado en la misma roca del farallón sobre el que, muchos metros más arriba, se asienta la muralla de la acrópolis.

Desde el Neolítico, todas las civilizaciones que han ocupado Rodas han intervenido en esta roca. Aunque los hallazgos arqueológicos tan antiguos sean pocos y esporádicos, estos dan testimonio de la ocupación humana del sitio desde hace entre seis mil y cuatro mil años; de ser así hace muchísimo tiempo ya que se llegaba a la cumbre del cerro para venerar a alguna deidad. El santuario más antiguo que se puede ver, al menos en los restos que de él quedan y en las restauraciones arqueológicas modernas, es el de Atenea Lindia. Ocupa el extremo sur de la parte más llana y alta de la acrópolis. Los paneles informativos indican que la fundación del santuario se produjo en el siglo IX a. C., pero que en la época micénica (unos cuantos siglos antes) ya había allí un santuario dedicado a Lindia, una deidad femenina prehelénica vinculada a la naturaleza y a la fertilidad. De cualquier modo, el primer templo de piedra se construyó en el siglo VI a. C. Dos siglos más tarde, tras sufrir un incendio, hubo que reconstruirlo.

Nada de lo que hoy se ve estaba en pie al inicio del siglo XX. Entre 1902 y 1905 una misión arqueológica danesa excavó la acrópolis hasta descubrir los cimientos de todos los edificios. Durante la ocupación italiana se restauró buena parte del sitio, principalmente los edificios de la antigüedad griega. Junto al objetivo de ensalzar los monumentos estaba también el propagandístico: el de justificación del dominio italiano en el Egeo por parte de la Italia fascista. Aquellas intervenciones realizadas entre 1936 y 1940, en las que se utilizó hormigón armado, tuvieron efectos perjudiciales para la conservación de los monumentos y contribuyeron a su deterioro. Como en otros monumentos antiguos en los que se utilizó hormigón armado para su restauración, también en la acrópolis de Lindos hubo “necesidad de restaurar lo ya restaurado”(8). Entre 2000 y 2005 arqueólogos griegos rehabilitaron de nuevo los restos del templo de Atenea Lindia y corrigieron errores de la restauración italiana: recuperaron la altura original de sus columnas, recolocaron correctamente bloques originales de piedra y sustituyeron los materiales que habían contribuido al deterioro por otros compatibles con la conservación del monumento. Mariana Esponda Cascajares(9) dice en su trabajo:

En los últimos años arqueólogos del Ministerio Griego de Cultura han trabajado para restaurar y proteger los restos antiguos del templo de Atenea. Estos arqueólogos han corroborado que el uso masivo de nuevos materiales de la restauración (italiana) se hizo sin tener cuidado con los restos arquitectónicos supervivientes. A este problema se debe añadir el creciente volumen de turistas.

Los monumentos de la acrópolis están dispuestos en terrazas que van descendiendo desde el templo de Atenea. Los edificios que se levantaron durante la época helenística y romana fueron ocupando la colina hacia abajo. Entre el siglo III y I a. C. se fueron construyendo propileos o pórticos de entrada al templo, escalinatas de acceso, una estoa o gran galería pública cubierta… En la parte más baja quedan restos de un templo romano construido hacia el 300 d. c.

La acrópolis estuvo fortificada desde el siglo VI a. C. A lo largo del tiempo se le fueron añadiendo refuerzos, reformas y modificaciones. Durante el periodo bizantino se reforzó la muralla y se construyó una iglesia empleando materiales de templos antiguos; la iglesia es la de San Juan, cuyas ruinas están en la parte oeste de la ubicación de la gran stoa helenística. Las murallas que rodean hoy la cima del cerro se deben, sobre todo, a los Caballeros de San Juan. Levantaron murallas y torres sobre los cimientos antiguos para convertir el lugar en un recinto inexpugnable. Hoy conviven con el resto de las ruinas, pero no pueden ocultar ni empequeñecer lo que las columnas del templo de Atenea y de la gran estoa helenística evocan. Las vistas desde lo alto de la gran escalinata de los propileos no pueden ser más hermosas; más allá de las columnas de la estoa, exentas ahora porque la cubierta de la galería pública que se apoyaba en ellas ya no existe, se extiende el Egeo. A los pies del monte está la bahía de Lindos; después los cabos de San Emiliano y de Arcangelos se introducen como dedos en el mar.

En adelante, cuando pensemos en una acrópolis, también visualizaremos la de Lindos, quizás en primer lugar.

Acrópolis de Ialisos

Antes de abandonar la ciudad de Rodas para dirigirnos a Filerimos, pasamos junto a un monumento que ya nos anuncia el pasado glorioso de la antigua ciudad de Ialisos, una estatua monumental que adorna una rotonda en la que están representados Diágoras y dos de sus hijos(10), tres personajes de la aristocracia de Ialisos durante el periodo dórico de la isla, anterior a la fundación de la ciudad de Rodas en el 408 a. C. Diágoras, hijo del rey Damageto, se convirtió en una leyenda para sus contemporáneos por sus muchas victorias en la especialidad de pugilato; nueve de ellas en en los juegos que se celebraban en distintas ciudades de la Helade y dos en los Juegos Olímpicos. En los 89º Juegos Olímpicos, sus hijos Damageto y Aquesilao ganaron, respectivamente, en la modalidad de pancracio y en la de pugilato. Lo celebraron tomando a su padre y llevándolo en volandas alrededor del estadio. Diágoras murió en aquel momento de celebración. Dorieo, el menor de sus hijos, consiguió más victorias que su padre y sus hermanos; practicó el pancracio y llegó a acumular más de veinte coronas en distintos juegos, tres consecutivas en los Olímpicos. La tranquila plaza de la Ciudad Medieval de Rodas en la que se encuentra la mezquita de Recip Pasha lleva su nombre. Murió en el 395 a. C. ejecutado por los espartanos, de quienes había sido aliado durante la guerra del Peloponeso. A la muerte del hijo menor de Diágoras, solo habían pasado trece años desde que las tres ciudades rodias de Lindos, Ialisos y Camiros decidiesen unirse en el 408 a.C para fundar la de Rodas.

El tiempo y la historia acabaron con la familia de los Diagóridas dejando de ellos solo el recuerdo de sus gestas. La historia, acompañada por la naturaleza y el paso del tiempo, son también quienes han ido añadiendo capas sobre la ciudad en l que vivieron hasta ocultarla bajo otra apariencia. 

La antigua ciudad de Ialisos se extendía alrededor de la colina de Filerimos. Aquí, a 267 m de altura, estuvo su acrópolis. En Filerimos hay restos antiguos, pero abundan más los de las épocas bizantina y de la Orden de los Caballeros de San Juan. Se puede decir que también los dejaron los italianos en el siglo XX durante su ocupación, ya que en alguna medida modificaron la apariencia del entorno(11)

No se conserva ningún edificio de los que ocupaban la antigua acrópolis; solo algunas hileras de sillares sobre los cimientos del templo de Atenea Polias. Este santuario se levantó en el siglo IV a. C.; medio milenio antes la colina ya era un lugar habitado y de culto. Sobre parte del templo de Atenea se construyó una basílica paleocristiana. De aquella iglesia se conserva un baptisterio del que se ven los restos al sur de la iglesia de Nuestra Señora de Filerimos, casi pegados a ella; esta, restaurada por los italianos, se construyó en el siglo XIV. Los restos del templo de Atenea están al oeste, tan cerca de de la iglesia como los del baptisterio. Durante la dominación otomana la iglesia sufrió un progresivo deterioro por su abandono. Mientras duró la posterior ocupación italiana, principalmente en la década de 1930, se reconstruyó la iglesia; añadieron un monasterio para su cuidado, restauraron el castillo de los Caballeros de Jerusalén e intervinieron en el paisaje que rodea el conjunto de la antigua acrópolis. 

El esfuerzo del fascismo en sus intervenciones de rehabilitación en Rodas y en las de nuevo desarrollo urbanístico(12) se debieron en buena medida al interés de convertir la isla en un escaparate propagandístico del imperio y del fascismo italiano en el Mediterráneo. Pusieron especial cuidado en hacer resplandecer el legado de la Orden de los Caballeros de San Juan, ya que ese patrimonio histórico de la orden se adaptaba mejor a la idea de posesión de la isla por parte de la potencia heredera del imperio romano, del que también la isla formó parte. Los fundadores de la orden fueron comerciantes amalfitanos; su procedencia italiana y su vinculación con la Iglesia Latina servían también para legitimar la posesión de Rodas y resto de las islas del Dodecaneso. La torre de la iglesia de Nuestra Señora de Filerimos muestra un ejemplo del empeño de dar mayor visibilidad a la etapa de ocupación de los caballeros de Jerusalén: una enorme cruz de Malta, emblema de los caballeros de San Juan, adorna la fachada oeste de la torre. Frente a los restos del templo de Atenea Polias, la cruz sobresale de la torre como si se tratase de una gran divisa adherida a ella que confirma a quién pertenecen aquellos dominios.

El entorno es sumamente atractivo. A los pies de la colina, hacia el norte, se extiende la ciudad de Ialisos moderna, el mar Egeo y la cercana costa de Turquía. Todo el sitio arqueológico está poblado de pinos que, además de proporcionar sombra, enmarcan los edificios y el paisaje; en un solo encuadre adornado con sus ramas, puedes incluir el paraje más cercano, el mar, el cielo, varios milenios de historia y el recuerdo de varias civilizaciones. Numerosos ejemplares de una especie animal, que las civilizaciones antiguas no conocieron, deambulan por el cerro proporcionando al bosque colores que el bosque no tiene, son los pavos reales. Quizás su función sea turística, pero la colina no necesita adornos que la hagan atractiva. Sus gritos, que parecen quejas, quedan atrás cuando abandonamos el lugar de la antigua acrópolis.


Acrópolis de Camiros

De las tres ciudades estado que se unieron para fundar la de Rodas en el 408 a. C., Camiros era la mas alejada del emplazamiento de la nueva ciudad. Se situaba al oeste de la isla, apenas a un km de la costa. El templo de Atenea se situaba a unos 120 m sobre el nivel del mar, en la acrópolis que dominaba la ciudad. Al contrario que la de Ialisos, la acrópolis de Camiros no ha sido colonizada por templos de religiones de un solo dios. La antigua Camiros no desapareció por haber sido conquistada y hecha desaparecer bajo edificios de nuevas civilizaciones. El terremoto que en 227 a. C.(13) hizo caer el Coloso de Rodas la afectó de manera relevante. Algo menos de cuatro siglos más tarde, en el 142 d. C., otro terremoto volvió a destruirla. Después, la naturaleza y el tiempo escondieron los restos. Entre el 1852 y el 1864(14) se llevó acabo la primera campaña arqueológica moderna que los puso a la vista.

Durante el ascenso a lo más alto del sitio arqueológico vamos dejando a nuestra izquierda (a cotas más bajas que el camino que seguimos) los niveles inferiores del yacimiento. Desde el lugar que ocupaba el templo de Atenea hay una vista excelente sobre toda el área y sobre el Egeo. Los restos de la antigua ciudad ocupan la ladera que desciende hasta el nivel más bajo de la colina. A los lados de la calle central, que une el ágora con la acrópolis, las paredes perimetrales de edificios y viviendas de época helenística se distribuyen en un orden geométrico bien definido.

El templo de Atenea hay que imaginarlo sobre la roca desnuda que corona el lugar. Delante de él se ven los restos de una cisterna con capacidad para 600.000 litros; en ella se recogía el agua para abastecer a la población. El depósito quedó oculto bajo la larga estoa de unos 200 metros que se construyó delante del templo. Las líneas marcadas por sus restos permiten adivinar la monumentalidad de la galería que tenía la ciudad a sus pies.

El ágora estaba sobre una terraza artificial en el nivel más bajo de la ciudad. En este espacio hay restos de un templo dedicado a Apolo, un santuario con varios altares y una plaza llamada la Casa de las Fuentes.

En los alrededores no hay poblaciones importantes y la comarca circundante sigue siendo un territorio agrícola como lo fue cuando Camiros pudo llegar a tener más de 3.000 habitantes. Las numerosas piezas de cerámica encontradas en el yacimiento, necesarias para comerciar con vino, aceite y otros productos, indicarían que la producción agrícola era la actividad más importante. A partir de la fundación de la ciudad de Rodas debió empezar un declive que los terremotos ultimaron. La mayoría de las piezas de cerámica y otros elementos encontrados en las ruinas están ahora en museos de varias ciudades europeas.

Hoy somos los turistas quienes visitamos su santuario, recorremos la calle principal de la ciudad y nos imaginamos a sus antiguos habitantes conviviendo en el ágora. Muchos de los actuales visitantes procederán de Londres y París, en cuyos museos Británico y del Louvre, respectivamente, se conservan muchas de la piezas de cerámica extraídas de Camiros. Si Atenea tuviese el poder de hacer resurgir la ciudad desde sus ruinas y devolver a la vida a quienes la veneraban en su templo, los ciudadanos de Camiros descubrirían que no podrían comerciar con vino, aceite y otros productos porque los recipientes necesarios para ello han desaparecido del lugar. Tendían que invocar el favor de la diosa que, además de sabia y buena estratega, es patrona de los alfareros.


Acrópolis de la ciudad de Rodas

Para nuestra última visita a la Ciudad Medieval de Rodas entramos por la Puerta de la Marina, atravesamos el barrio turco, ascendemos hasta la plaza de Kleovoulo y salimos por la puerta de Amboise. Antes de llegar a la ciudad medieval hemos pasado por el puerto de Mandraki y tras salir de ella llegaremos a la acrópolis. Puerto, ciudad y acrópolis son lugares en los que se asegura que estuvo el Coloso de Rodas. Tras visitar la última, ¿podremos decir que hemos estado donde el coloso estuvo?

La acrópolis de la ciudad de Rodas se encuentra en el que hoy se llama monte Smith (antes, Agios Stefanos). El parque en el que se ubica el sitio arqueológico ocupa una docena de hectáreas. Se trata de una extensa zona verde con espacios en los que afloran restos antiguos, más evidentes y rehabilitados donde estuvo la antigua acrópolis o ciudad alta. Desde la calle Diagoridon se puede acceder a la parte baja del parque. Siguiendo la calle hasta la parte más alta llegamos a la entrada más cercana a los templos de la acrópolis. Durante el ascenso, vemos a nuestra izquierda, al otro lado de la valla que cierra el parque, varios de los espacios y restos de edificios de la época helenística. Ya en la acrópolis, encontramos monumentos parcialmente reconstruidos; de otros solo se ven trozos esparcidos por el suelo o áreas delimitadas por líneas de lo que fue su perímetro.

Rodas se fundó en el 408 a. C. Los paneles informativos nos van situando en la historia temporal de las ruinas y vestigios que tenemos a la vista. Son restos de templos y edificios públicos construidos a partir de la fundación, la mayoría en periodo helenístico. El templo construido en la cota más alta del recinto sagrado estaba dedicado a Apolo. Leemos en el panel correspondiente:

“El templo original fue construido después del sinecismo(15) del 408/7 a. C. y la fundación de la ciudad de Rodas. El templo períptero dórico conservado (…) data de después del terremoto de 2027-2026 a. C.”

El terremoto que derribó el Coloso de Rodas también hizo caer el templo de Apolo Pitio original. Lo que nosotros vemos es una reconstrucción parcial realizada por los italianos en 1937 y 1938. En la actualidad se encuentra rodeada de andamios para evitar el derrumbe. La reconstrucción italiana se hizo con las prácticas habituales de la época:

El método de la restauración “escenográfica” fue la técnica de “estructura mixta” que utilizaba un núcleo de hormigón armado en combinación con nuevas piedras de biocalcarenita y la integración de muy pocos elementos arquitectónicos antiguos; así, la reconstrucción extensa del Templo se llevó a cabo utilizando materiales de hormigón y cemento, elementos de acero y fragmentos del material original, de acuerdo con las prácticas de la época. […] Lamentablemente, las extensas obras realizadas durante la restauración italiana aceleraron el deterioro del templo(16). 

También los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial contribuyeron a su deterioro.

Junto al templo de Apolo Pitios había otro que los italianos atribuyeron a Artemisa. Sin embargo, tal como se informa en el lugar donde estuvo el templo que se supuso dedicado a la hermana de Apolo:

“hoy en día, la mayoría de los investigadores asocian los restos de los edificios en la terraza más prominente de la acrópolis con el culto al dios Helios, el dios patrón de la ciudad. Según las diferentes propuestas que se han sugerido, aquí se colocaba el carro de Helios, obra del famoso escultor del siglo IV a. C., Lisipo, o la famosa estatua del Coloso de Rodas, o el templo de Helios propiamente dicho con el carro del dios en su cella”.

En la misma acrópolis, al norte del templo de Apolo, había otro dedicado a Atenea Polias y Zeus Polieo como protectores de la ciudad. De este no quedan más que los cimientos y los restos de alguna columna.

A partir de su fundación la ciudad crece en un territorio que no tenía por qué estar despoblado. De hecho los restos de los templos están en un lugar en el que ya se tributaba culto a diversos espíritus o deidades. Era, además, un punto ideal para la vigilancia, ya que desde la acrópolis el mar es visible al norte, al este y al oeste. La nueva ciudad requería más que templos. En la explanada que hay bajo la acrópolis estaban algunos de los espacios y edificios públicos que la ciudad necesitaba: el gimnasio, la biblioteca, el odeón y el estadio.


El Odeón (no se trata del teatro que tuvo la ciudad, que aún no ha sido descubierto) está reconstruido en su mayor parte; en él pueden acomodarse unas 800 personas. Su capacidad contrasta con la del estadio contiguo, que podía albergar 28.000 espectadores. El estadio que se conserva se construyó después del terremoto del 227 o 2026 a.C. El anterior tenía una orientación este-oeste, transversal al que vemos. En aquel, si los atletas corrían en dirección a la acrópolis tendrían ante sí al Coloso de Rodas, sobresaliendo por encima del muro que hay tras el Odeón. Las Halieia, las fiestas que cada cuatro años se celebraban en honor a Helios, se desarrollaban aquí. A aquellas fiestas, torneos y juegos deportivos acudían concursantes y espectadores de otras ciudades de la isla y de fuera de ella.

Nosotros, convencidos ya de que el Coloso de Rodas estuvo en la acrópolis e imaginando haber pasado a sus pies, abandonamos el sitio. Salimos a la calle Diagoridon, atravesamos la ciudad moderna hacia el norte y nos acercamos hasta el mar en las cercanías del monumento que representa a Diágoras levantado por sus hijos. Aquel campeón de Ialisos, coronado en varias ocasiones en los Juegos Olímpicos, los Ístmicos, los Nemeos y los Píticos, murió cuarenta años antes de la fundación de Rodas. No pudo conocer la ciudad ni el magnífico estadio que en ella se construyó, pero Rodas sí recuerda sus gestas.





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1 https://science.nasa.gov/earth/earth-observatory/rhodes-greece-77079/

2 https://www.worldhistory.org/trans/es/1-534/rodas/

3 https://lugaresyotrascuriosidades.net/lindos-la-joya-de-rodas/#comments

4 Ilíada II. 653-670

5 Ilíada V. 628-698

6 Para informarnos sobre sitios arqueológicos de Rodas consultamos la información facilitada por medio de carteles in situ y, entre otros, los siguientes sitios: http://odysseus.culture.gr/h/3/eh30.jsp, del Ministerio de Cultura y Deportes griego (2012); https://www.grecia.info/es/, guía de viajes y turismo en Grecia; https://www.urbipedia.org/, archivo de arquitectura, y otros.

7 Hellenic Republic. Hellenic Statistical Authority (17 April 2026); consultado en: https://www.statistics.gr/documents/20181/a49a7dd9-68ec-3596-4a83-efd8176b4a15

8 Mariana Esponda Cascajares. (2010) Zonas arqueológicas de Italia y Grecia restauradas con hormigón armado. Valoración de su estado. Loggia, Arquitectura & Restauración 22-23 (pp. 38-59). (Sobre Lindos: pp.49-51). DOI: https://doi.org/10.4995/loggia.2010.3035

9 Idem

10 Álvarez, J. (2020, 4 de marzo). Diágoras de Rodas, el campeón olímpico que falleció cuando era llevado a hombros por sus hijos, también campeones. La brújula verde. Sitio: https://www.labrujulaverde.com/ (consultado en: https://www.labrujulaverde.com/2020/03/diagoras-de-rodas-el-campeon-olimpico-que-fallecio-cuando-era-llevado-a-hombros-por-sus-hijos-tambien-campeones)

11 http://odysseus.culture.gr/h/3/eh351.jsp?obj_id=7942

12 ”The local administration, under the direction of Mario Lago (governor of the islands from 1923–36), planned an ambitious program to reinvent Rhodes through state-of-he-art amenities as well as restoration of the island’s historical monuments, which included architecture and artwork from the Hellenistic, Roman, Christian Crusader, and Ottoman periods”; en:
McGuire, V. (2018). Bringing the Empire Home: Italian Fascism’s Mediterranean Tour of Rhodes. California Italian Studies, 8(2). http://dx.doi.org/10.5070/C382038749
Obtenido de: https://escholarship.org/uc/item/9kd9m5tk

13 Triantafyllou, Ioanna; Papadopoulos, Gerassimos A. Historical co-seismic uplift rates in the eastern Hellenic Subduction Zone: the case of Rhodes Island (2021). DOI: 10.1127/zfg/2021/0669
También en: Geological evidence of tsunamis and earthquakes at the Eastern Hellenic Arc: correlation with historical seismicity in the eastern Mediterranean Sea. (2012). Research in Geophysics, 2(2), e12.
Consultado en: https://journals.pagepress.net/rg/article/view/rg.2012.e12 .
(En otras fuentes se dice que el terremoto ocurrió en el 226 a. C.).

14 https://www.urbipedia.org/hoja/Camiros

15 Unión de varios pueblos o ciudades para formar una nueva entidad política. En este caso, la unión de las ciudades estado de Lindos, Ialisos y Camiros para fundar Rodas.

16 Apostolopoulou, M., Keramidas, V., Galanaki, N., Kalofonou, M., Skoula, C., Karoglou, M., Delegou, E. T., Mouzakis, C., Bakolas, A., Moropoulou, A., Pikoula, M., Kalagri, A., Farmakidou, E., & Michailidou, M. (2019). A Study on the Historical Materials of the Apollo Pythios Temple in Rhodes and the Evaluation of Potential Restoration Materials. Heritage, 2(1), 988-1022. https://doi.org/10.3390/heritage2010065
Ver también nota 8.








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