Llegando en barco al puerto de Rodas podemos imaginar la imagen del dios Helios elevándose sobre la bocana del puerto con un pie en el extremo de cada uno de los diques entre los que se abre la entrada. La mitología y relatos históricos fabulosos excitan la imaginación y nos hacen situarlo allí, aunque no fuese ese el lugar desde el que brilló su imagen como un deslumbrante faro diurno(1).
El Coloso de Rodas, una de las siete maravillas de la antigüedad, era la representación de Helios, la personificación del Sol. Venerado en Rodas como su protector y patrón, cada año se celebraban las Halieya, fiestas en su honor en las que había procesiones, juegos atléticos y un espectacular sacrificio ofrecido a la deidad. Este consistía en arrojar al mar una cuadriga tirada por cuatro caballos blancos. Era la representación del carro en el que el dios de la luz atravesaba el cielo cada día alumbrando a los mortales.
En Efesíacas, Jenofonte sitúa a sus enamorados protagonistas en Rodas en momentos en los que la ciudad celebraba las Halieya(2):
...había una magnífica fiesta pública en la que los rodios celebraban a Helios, y había procesión, sacrificios y muchedumbres de ciudadanos que celebraban la fiesta.
Tan orgullosos estaban los rodios del dios más querido por ellos, y tan agradecidos de su protección, que levantaron en su honor una estatua de brillante bronce. Por su tamaño y brillo tuvo que ser visible desde muy lejos para quienes navegaban hacia Rodas. Nosotros no podremos ver su resplandor. ¿Podremos al menos encontrar el sitio en el que se mantuvo en pie durante algunas décadas?
Quienes tampoco pudieron contemplar la gigantesca estatua del coloso en pie ni sus destellos fueron Antía y Habrácomes, los protagonistas de la historia de amor de Jenofonte. El coloso no permaneció sobre su pedestal más de 60 años; un terremoto lo derribó en 226 a.C., varios siglos antes de que Jenofonte situase a los amantes de Efesíacas en Rodas.
Tampoco brilló el coloso para los soldodos que volvieron de la guerra de Troya, si es que alguno lo hizo, porque, cuando aquella se produjo, aún faltaba un milenio para que el escultor Cares de Lindos hiciese la escultura. La Ilíada nos cuenta que los orgullosos rodios enviaron a Troya nueve naves(3). Las comandaba Tlepólemo y se ordenaban en tres grupos, uno por cada ciudad estado de la isla: Lindos, Ialisos y Camiro. Tlepólemo murió en Troya; setenta versos de la Ilíada(4) relatan el combate que sostuvo con Sarpedón, comandante de los licios. De quienes le acompañaron en aquellas naves nada se cuenta. Las gestas nunca se atribuyen a quienes acompañan al héroe; por muy necesarios que sean, son prescindibles en el relato.
Según Eratóstenes aquella guerra, que duró diez años, finalizó en el año 1184 a.C. Faltaban más de siete siglos para que las tres ciudades estado se uniesen formando una unidad política y fundasen la ciudad de Rodas (408 a.C.). El puerto de esta se convirtió en el principal de la isla. Durante la época arcaica, antes de la unificación de Lindos, Ialisos y Camiro, la navegación y el comercio ya eran sectores fundamentales.
Cuando Alejandro Magno murió y su imperio quedó dividido entre sus generales, Rodas estuvo del lado de Ptolomeo, que gobernaba Egipto. Demetrio I de Macedonia ‒hijo de Antígono, el más ambicioso de los generales de Alejandro y principal rival de Ptolomeo‒ sitió Rodas durante un año, pero no consiguió someterla. Demetrio se ganó el apelativo de Poliorcetes, sitiador de ciudades, por las enormes máquinas de guerra que utilizaba. Cuando se retiró de Rodas dejó abandonadas sus torres de asedio. Los rodios las vendieron. Con el dinero obtenido y el hierro y bronce fundidos se hizo el Coloso de Rodas.
Cuando el Imperio Romano se implantó en la Hélade, Rodas fue una aliada de Roma y, como tal, aprovechó su amistad con los poderes imperiales para mantener su independencia y su influencia en el Mediterráneo; llevó su apogeo comercial y marítimo a lo más alto(5). Pero cuando su independencia dejó de ser útil para los intereses del imperio, quedó integrada y sometida a Roma. Después, el Imperio Bizantino relevó al romano, la Orden de los Caballeros de Jerusalén sustituyó a Bizancio y el Imperio Otomano la ocupó durante casi cuatro siglos. Antes de quedar integrada en Grecia en 1948, fue el reino de Italia quien la ocupo. Desde entonces, la invade sobre todo el turismo.
Como turistas cumplidores con lo que de ellos se espera, nos disponemos a ver lo que hay que ver(6) en la más nueva que vieja ciudad de Rodas. Iniciamos un paseo en el extremo norte de la ciudad y de la isla, a la orilla del mar, junto al acuario construido muy entrado ya el siglo XX. Prácticamente todo lo que vemos mientras recorremos el paseo costero son construcciones levantadas durante la ocupación italiana. Antes de llegar al puerto de Mandraki, una de las excepciones es la mezquita y el cementerio otomano de Murat Reis; ambos, que parecen abandonados, piden a gritos una profunda rehabilitación. Llegamos al puerto por la plaza Kountuorioti. En los espigones de la bocana dos columnas reciben a quien entra en el puerto; la del espigón occidental sostiene en lo alto un ciervo, la del oriental una cierva. No es posible imaginarse el coloso con los pies apoyados donde se encuentran las columnas, a no ser que lo concibas de un tamaño muchas veces superior al que se le atribuye; la altura del coloso era de unos 33 m de alto, considerablemente menor que la distancia que separa el extremo de los espigones entre los que se abre la bocana. Donde sí lo sitúan algunos investigadores es en el extremo del muelle oriental del puerto en el lugar que ocupa la torre o fortaleza de San Nicolás; esta fue construida por la Orden de los Caballeros de San Juan.
La Orden de los Caballeros de San Juan ocupó Rodas algo más de dos siglos (1309-1522). Las murallas que hoy atravesamos para entrar en la ciudad medieval, numerosos palacios dentro de ella, iglesias y el imponente Palacio del Gran Maestre se deben a aquella orden militar. Pero no todo lo que en el interior de la murallas podemos ver es lo que originalmente construyeron los Caballeros Hospitalarios. Ya en el siglo XX, los italianos rehabilitaron profundamente la ciudad medieval, para muchos con un acierto cuestionable. En una página de rhodesprivatetours.com(7), una sitio web con información sobre Rodas, se puede leer:
Durante los años de la ocupación, los italianos llevaron a cabo, aprovechando la mano de obra local casi gratuita, un extenso programa de restauraciones. (…) Los métodos de restauración que utilizaron son objeto de una encarnizada crítica en la actualidad.
Pero los trabajos de restauración (y los de modernización y nuevas construcciones fuera de la ciudad medieval) de los italianos no respondieron a los mismos criterios durante todo el periodo de ocupación(8). Durante las dos primeras décadas, los arquitectos encargados de la rehabilitación de la ciudad habían optado por adoptar elementos orientales de la arquitectura local y conservar monumentos de la época otomana. Italia quiso convertir Rodas en el escaparate de su imperio colonial. Según Valerie McGuire(9) se planeó un programa para reinventar Rodas con edificios e instalaciones modernas, pero también con la restauración de monumentos históricos. Entre sus objetivos estaba el de ofrecer al turismo una imagen multicultural de la isla, que la vinculaba al pasado, y contraponerla con otra que fuese el reflejo de la modernidad de la metrópoli fascista. Se quería conseguir, además, la legitimación de la ocupación del Egeo y desviar las reivindicaciones griegas sobre las islas. La población de Rodas era griega en su mayoría, pero Italia no consideraba griegas a las islas del Dodecaneso sino una parte de su imperio colonial. Quisieron italianizar Rodas y convertirla en un escaparate de la cultura italiana y del pasado romano. Algunos periodos históricos de Rodas servían mejor que otros para legitimar el derecho de Italia sobre las islas del Dodecaneso. La romanización durante el Imperio Romano y la ocupación durante algo más de dos siglos por parte de los Caballeros de San Juan eran mejor coartada para el Imperio Colonial Italiano que los periodos helenístico, bizantino u otomano. Sobre esto, dice Valerie McGuire, es necesario destacar que la arquitectura medieval de los Caballeros de San Juan fue uno de los primeros distintivos del pasado cristiano que los arquitectos italianos se apresuraron a reinterpretar(10).
La primera vez que entramos en el recinto medieval lo hicimos por la puerta de Eleftherias o Puerta de la Libertad. Esta puerta, que se abre en la muralla y se integra perfectamente en ella, no la construyeron los Caballeros de San Juan; la abrieron los italianos en 1924 cuando ya estaba en el poder el régimen fascista. Un espectador despistado, como lo éramos nosotros cuando atravesamos la puerta y vimos su nombre en caracteres griegos, podría pensar que esa denominación hace referencia al sentimiento que los rodios (o los griegos por extensión) pudieron sentir al liberarse del dominio de alguna de las potencias o imperios que ocuparon la isla a lo largo de la historia. Y sí, hace referencia al fin del dominio del Imperio Otomano, pero la libertad que se celebra nada tiene que ver con lo heleno sino con lo romano: el Imperio Colonial Italiano es quien se adjudica la liberación del Imperio Otomano tras la victoria de Italia en la guerra italo-turca.
Conscientes de todo lo anterior nos adentramos en la ciudad medieval de Rodas. El domingo de Pascua, una fiesta importantísima para los ortodoxos, no encontramos ningún monumento, museo o edificio histórico abierto. Llegamos a la plaza de Symi donde están las ruinas del templo de Venus. El entorno medieval de la época de los Caballeros de San Juan y las remodelaciones de los italianos no contribuyen a que el templo despunte.
Dejándonos guiar por informaciones consultadas en Internet(11) por los carteles informativos de los edificios importantes y por el atractivo o la espectacularidad de fachadas, torres y calles recorremos un espacio ocupado por turistas como nosotros y, como la del domingo de Pascua es una fiesta que los ortodoxos celebran y santifican, con muchos comercios y servicios turísticos cerrados. Pasamos junto a la iglesia de Panagia tou Kastrou (Virgen del Castillo) y enseguida, a la altura del antiguo Hospital de los Caballeros, que ahora es Museo Arqueológico, iniciamos el ascenso por la calle Ippoton hasta llegar al palacio del Gran Maestre. El palacio está en lo alto de la ciudad amurallada. Hay arqueólogos e historiadores que sitúan el Coloso de Rodas aquí, un milenio y medio antes de que los Caballeros de Jerusalén se apoderasen de Rodas.
Seguimos la calle más alta de la ciudad medieval hasta salir por la puerta d’Amboise. Atravesamos el puente por el que se llega a la ciudad moderna y volvemos a entrar por el mismo sitio. Continuamos paseando por el bonito, acogedor y ancho pasaje a espaldas del palacio del Gran Maestre y por el barrio turco en lo alto de la ciudad. Dos hitos imprescindibles son la Torre del Reloj y la mezquita de Solimán. El esbelto minarete de esta, con dos plataformas circulares para los muecines, se eleva esbelto muy por encima de la cúpula semiesférica de la mezquita. Descendemos por la calle Socratous hasta la plaza Hipocratous. A los lados de la calle hay numerosas tiendas; muy
pocas estaban abiertas. En el centro de la plaza una fuente de mármol, remodelada durante la ocupación italiana, congrega a su alrededor cafeterías y terrazas para solaz de turistas; las escaleras de la biblioteca municipal son también un buen lugar para sentarse al sol y contemplar la fuente, la plaza y el paisanaje.
Más adelante, siguiendo por la calle Aristotelous y tras pasar la plaza de los Mártires Judíos, llegamos a las ruinas de la iglesia de nuestra Señora de la Merced. Sus tres ábsides y el espacio que ocupaba el templo son también un lugar donde descansar del lento paseo mientras se toma el sol. Muy cerca está la puerta de la Virgen. Esta tampoco estaba en las murallas construidas por los Caballeros de San Juan; la proyectaron los italianos para facilitar el tráfico de vehículos, aunque fue la administración griega quien la abrió en 1955(12). Por ella salimos de la ciudad antigua.
Volvimos algunos días más tarde para recorrer sus calles y entrar en algunos de los edificios de los que solo habíamos visto sus fachadas. El primero que visitamos fue la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. Se construyó en el siglo XI y fue catedral ortodoxa. Poco antes de que los Caballeros de Jerusalén ocuparan la isla, un terremoto produjo importantes daños en la iglesia. Los nuevos dueños la transformaron en una basílica de tres naves y pasó a ser una iglesia de culto latino. Después, los otomanos la convirtieron en mezquita. En la actualidad está vacía y las paredes están desnudas; no hay mobiliario, ni ornamentación, ni elementos de culto; solo una exposición de iconos en la nave derecha y su ábside pueden atraer la mirada de quien al entrar queda absorto al contemplar el vacío encerrado en tres naves góticas; la desnudez de sus muros y sus bóvedas contribuye a engrandecer el espacio y elevar las bóvedas nervadas. Que no haya nadie en la iglesia mientras permaneces en ella agiganta su espacio y te empequeñece a ti.
Al otro lado de la calle, casi enfrente de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, se encuentra el museo arqueológico de Rodas. Se trata de un monumental y admirable edificio construido en el siglo XV que fue hospital de los Caballeros de Jerusalén. Como la iglesia, también el hospital se ha destinado a funciones diferentes dependiendo de quién ocupaba y gobernaba la isla; con los otomanos buena parte de él se convirtió en depósito de armas, aunque también fue hospital militar; los italianos lo restauraron y lo dedicaron a museo, la misma función que hoy tiene. En sus salas se exponen numerosos objetos, esculturas y elementos arquitectónicos de Rodas, de las tres ciudades estado que se unieron para fundarla y de otras islas del Dodecaneso. Destaca la imagen de Afrodita agachada (algo de lo que el turista ha venido a ver); con una rodilla en tierra levanta las manos y separa del cuerpo los cabellos para secarlos. La sala más grande no reúne esculturas ni otras obras de arte o restos arqueológicos, a excepción de varias losas funerarias pegadas a sus paredes laterales. Ocho pilares octogonales dividen la sala en dos naves diáfanas y sin divisiones; no hay nada que impida deambular por el recinto y, como en la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, el vacío contribuye a la percepción del lugar como algo enorme. Los italianos restauraron el hospital para convertirlo en museo, pero hay elementos que se construyeron ex novo; uno de ellos es la escalera monumental sin barandilla que conecta el patio, que está rodeado de galerías abovedadas, con la galería de la primera planta.
La fachada norte del complejo en el que está el museo arqueológico forma parte de la calle Ippoton o de los Caballeros. Se dice de ella que es la calle medieval mejor conservada de Europa. Mientras la recorremos para llegar al palacio del Gran Maestre en la parte alta de la ciudadela, no nos esforzamos en distinguir entre la piedra original y la finta pietra, una piedra o cemento coloreado que imita la utilizada para levantar los edificios medievales. En esta calle debe abundar. Los italianos reconstruyeron y restauraron edificios, fachadas, arcos y pavimento de la que debió ser la arteria principal de Rodas para devolverle su aspecto medieval. En ella estaban la mayoría de las posadas o albergues de los caballeros, que se agrupaban y organizaban por las lenguas de las ocho naciones de las que procedían.
El palacio del Gran Maestre acabó muy arruinado tras una explosión accidental de un polvorín otomano. Aquella explosión destruyó también la iglesia gótica de San Juan cercana al palacio. Para la reconstrucción de este los italianos utilizaron elementos originales, piedra nueva de canteras locales y técnicas de imitación como la finta pietra. Aunque mantuvieron la ubicación y el aspecto originales, trastocaron la estructura y la distribución de sus dependencias. En Italia y en su imperio colonial gobernaba el fascismo. Los objetivos y deseos de la monarquía y del fascismo se adivinan con claridad en el texto de la placa conmemorativa de la inauguración que hay a la entrada del enorme patio:
Durante el reinado de Su Majestad Víctor Manuel III, Rey de Italia y Albania, Emperador de Etiopía y siendo líder del fascismo y jefe de gobierno Benito Musolini, César María de Vecchi, Condes de Val Cismon, Gobernador de las Islas Italianas del Egeo Occidental, este antiguo castillo, construido por los Caballeros de San Juan en las inviolables costas romanas, sede del gobierno, ciudadela de la fortaleza de la ley y la religión de Roma, será restaurado y reconstituido, devolviendo poder y esplendor a su renovada historia. En el año del Señor de 1940, XVIII de la era fascista(13).
La reconstrucción del palacio se diseñó para convertirlo en una residencia de lujo para Víctor Manuel III y Musolini(14). Pero el poder y el esplendor de monarquía y fascismo duraron poco; el fascismo fue derrotado y los italianos se libraron de la monarquía en 1946 mediante un referéndum.
Volvimos un día más a la ciudad medieval para pasear por ella. Entramos por la puerta de de la Marina. Solo la calzada asfaltada que discurre al norte de las murallas separa estas del puerto comercial. Desde el borde del muelle, habilitado con un pasaje de madera al otro lado de la carretera, no hay espacio para observar de una sola mirada el conjunto defensivo. La propia puerta, el acceso al interior de la ciudad, queda empequeñecida por el impresionante tamaño de las dos torres que la flanquean. El que en otro tiempo tuvo que parecer un acceso inexpugnable a quien llegase a él desde el mar es el hoy el primero por el que los turistas que llegan en grandes cruceros invaden la ciudad medieval.
Llegamos por calles estrechas hasta la plaza Dorieus en busca de la mezquita de Recep Pasha y la iglesia de San Fanurio. En la plaza, apartada del centro y de las calles más frecuentadas, hay algunos árboles que extienden sus ramas sobre las terrazas de algunas tabernas. La mezquita y la fuente contigua a ella confieren a la plaza un aspecto oriental. La iglesia de San Fanurio, con entrada en la calle del mismo nombre, está al oeste y no se accede a ella desde la plaza. Es una iglesia construida en el siglo XII, transformada en mezquita por los otomanos y ahora en una oscura iglesia ortodoxa. Desde fuera nada impresiona, su entrada es anodina. Las paredes de la nave, que vista desde el nártex parece un túnel oscuro, están cubiertas de frescos oscurecidos por la humedad.
A medida que nos alejamos hacia el norte para llegar a la parte más alta del recinto medieval, las calles están cada vez más concurridas. Por detrás del palacio del Gran Maestre llegamos a la puerta d’Amboise y salimos a la ciudad nueva para ascender hasta la antigua acrópolis de Rodas. Quizás allí encontremos el lugar en el que se alzó el Coloso de Rodas, la gigantesca imagen de Helios.
(1) Spinelli,
A., Lapatin, K., & Daehner, J.M. (2017). Artistry
in Bronze: The
Greeks and Their Legacy XIXth International Congress on Ancient
Bronzes.
Getty Publications. https://muse.jhu.edu/book/74914.
Según
Ursula
Vedder, de
la Comisión
de Historia Antigua y Epigrafía del Instituto Arqueológico Alemán
de
Múnich, el
coloso pudo estar situado junto al templo de Helios en la acrópolis
de Rodas. Un trabajo de esta autora sobre el modo en el que pudo ser
fundido el bronce para la estatua se puede leer
aquí: https://muse.jhu.edu/pub/331/edited_volume/chapter/2593189
(2) Jenofonte
de Éfeso (1979).
Efesíacas.
Traducción de Julia Mendoza. Madrid: Editorial Gredos.
En una nota de esta edición (p. 306) se dice que las fiestas se
celebraban cada cada
cuatro
años, con juegos gimnásticos
y musicales y una
gran
procesión.
(3) Ilíada II. 653-658
(4) Ilíada V. 628-698.
(5) Aragón
Perez, Alberto.
Rodas desde el el siglo IV a.C. hasta la conquista de Roma.
En Ab
Initio (2012),
revista
digital para estudiantes de Historia Vol. 3 Núm. 6,
pp. 3-28.
Consultado en:
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3959263
(6) Se atribuye a Chesterton la frase: El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que ha venido a ver.
(8) McGuire,
V. (2018). Bringing the Empire Home: Italian Fascism’s
Mediterranean Tour of Rhodes. California
Italian Studies,
8(2). http://dx.doi.org/10.5070/C382038749
Obtenido
de:
https://escholarship.org/uc/item/9kd9m5tk
L'anno del signore 1940,
xviii dele era fascista
(9) McGuire, V. op. cit.:”The local administration, under the direction of Mario Lago (governor of the islands from 1923–36), planned an ambitious program to reinvent Rhodes through state-of-he-art amenities as well as restoration of the island’s historical monuments, which included architecture and artwork from the Hellenistic, Roman, Christian Crusader, and Ottoman periods”. (pp. 1 y 2)
(10) McGuire, V. op. cit.
(11) Principalmente en los sitios https://www.greece-is.com/ (https://www.greece-is.com/destinations/rhodes/), https://www.nuevatribuna.es/ (https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/isla-rodas-mediterraneo-grecia-viajes-turismo/ 20220708134746200396.html) y https://www.panoramagriego.gr/ (https://www.panoramagriego.gr/el-dodecaneso-un-tesoro-cultural-e-historico-en-el-egeo/)
(12) nuevatribuna.es (página citada)
(13) regnando sua maesta vittorio Emanuele iii re d'italia e di albania imperatore di etiopia e sendo duce del fascismo capo del gobernbenito musolini cesare maria de vecchi coniti di val cismon gobernatore delle isoli italiani di il egeo ovesto antico castiglio edificato dai caivaleri di san giovanni sopra inviolati balvardi romani sede del goberno citadella della fortaleza difesa della civilta occidentale del diritto e della religione di roma restavro e ricostitui ridonando potenza e splendore a la sua estoria rinovata.






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