2026/02/20

Dictadura y exilio



“Cuando mataron a mi padre, a mi madre solo le quedaron los ojos para llorar y las calles para correr”. Esta frase pronunciada por Carmen Vela hace que me quede anclado junto a su retrato con el oído pegado al altavoz por el que se escucha el documento sonoro. Su relato, de tres o cuatro minutos, se reproduce en bucle. Lo escucho varias veces para que esa frase quede fijada en mi memoria, para convertirla en el enganche en el que fijar mi recuerdo de El camino errante, una exposición sobre el exilio en la Casa de América de Madrid.


Febrero no tiene más que una semana cuando salimos de la intermodal de Bilbao. Ya se ha tenido que hacer de día, pero un cielo gris que se deshace intermitentemente en zirimiri y los cristales tintados del autobús hacen que parezca de noche aún. Abro el libro que estoy leyendo, y que quiero terminar antes de llegar a Madrid: Barne zerbitzuak, de Katixa Agirre.

Superamos el puerto de Altube y levanto la vista del libro cuando estamos a punto de salir del valle de Kuartango. Observo las sierras de Badaia y de Arkamu cubiertas por un cielo opaco y gris que casi las roza. La primera, paralela a la autopista, se orienta de norte a sur, una rara dirección para las sierras y macizos vascos. La segunda, que sigue el eje del plegamiento pirenaico (este-oeste), llega casi perpendicular hacia nosotros desde el oeste y parece cerrarnos el paso. Entre las dos forman un embudo con la salida en el desfiladero de Subijana. La autopista nos escupe por él hacia Ribera Alta y Ribera Baja. Más tarde los monolitos rocosos del desfiladero de Pancorbo vuelven a apartarme de la lectura. Ya en La Bureba, el gris mate y oscuro nos cubre por arriba y el verde del cereal recién nacido se extiende a los lados hasta las montañas que cierran la llanura y cuyas cumbres más altas se esconden en las nubes.

Vuelvo al riesgo permanente de las protagonistas de Barne zerbitzuak que hacían llegar comida y medicinas a los presos (maridos, hermanos…) tras la caída de Bizkaia en 1937. Movían clandestinamente información confidencial entre las cárceles y el Gobierno Vasco en el exilio. La novela la protagonizan cuatro mujeres que fueron las precursoras de una nutrida red de espionaje, la red Álava, de la que treinta personas fueron detenidas en 1940.

Al acercarnos al puerto de Somosierra, Josune me señala el paisaje nevado y dejo a las protagonistas y sus compañeros de militancia escuchando las sentencias, muchas de muerte tras el primer juicio sumarísimo. Los interrogatorios y las torturas en Fomento, en los centros de reclusión en Claudio Coello para las mujeres y en Chamberí para los hombres y la cárcel de Ventas quedaron páginas atrás. El paisaje que veo es tan sombrío como el futuro que espera a los miembros de la red Álava. La tintura de los cristales del autobús hace que el paisaje recién nevado aparezca como una gran mancha de blanco ceniciento que se funde con un cielo de un gris plomizo.

Antes de llegar a Madrid termino de leer la historia novelada por Katixa Agirre. Luis Álava, quien dio nombre a la red, fusilado. Quienes se libraron del paredón o del garrote vil siguieron en la cárcel. Tras la prisión tendrían que soportar un largo exilio interior.

El exilio, ese es uno de los objetivos del viaje que nos ha traído a Madrid: El cuerpo errante, una exposición en la Casa de América sobre el que provocó la guerra y la represión de la dictadura franquista. Encuadrada en el proyecto Mapas de memoria de la UNED, muestra a través de documentos, cartas, imágenes, objetos y relatos sonoros diversas maneras de soportar y vivir el exilio. No aparecen nombres y apellidos importantes. Objetos que cimentan el recuerdo de familiares asesinados y voces de mujeres que conservan y transmiten la memoria de lo que ellas y sus seres queridos padecieron hacen presente la vivencia del exilio de personas corrientes.

Una de las experiencias que se muestran tiene una historia que llega hasta mediados de la década de los noventa del siglo pasado, más de cincuenta años después de terminada la guerra; es la de María Fernández Grandizo. Su padre y su marido habían sido asesinados por los franquistas en 1936. Dieciséis años más tarde detuvieron a su hijo Manuel, de veinte años. Tras varios meses encerrado, y con la seguridad de que iba a ser condenado, aprovechó un permiso carcelario para huir a México. Nunca volvió. Su madre inició una correspondencia que se mantuvo hasta que perdió la vista; luego mantuvo la comunicación por medio de cintas magnetofónicas. Buena parte de las mil quinientas cartas que María envió a su hijo cuelgan del techo de la sala; forman un bosque de papel y de palabras por el que hay que transitar. Al otro lado una maleta contiene el resto de las cartas, una grabadora y las cintas magnetofónicas. Tras visualizar un vídeo en el que se escucha la voz de una nieta de María que lee algunas de las cartas, vuelvo al bosque para buscar una fechada el 23 de noviembre de 1975. La encuentro:

“Queridísimo hijo, ¡al fin se fue! (…) Claro que no hemos estado clavados todo el tiempo ante la televisión. Lo que sí aguanté fue la jornada de hoy por curiosidad morbosa. Sobre todo no quise dejar de ver cómo lo depositaban en la fosa y tapaban con la losa. (¡Ahí, púdrete!, no pude menos de decir) (…)”.

Si las cartas de María construyen y conservan la memoria de una separación y un exilio duraderos, otros objetos portan en sí mismos un suceso momentáneo o un periodo de tiempo fosilizados. Objetos que guardan el recuerdo de vidas arrebatadas, vidas súbita y violentamente detenidas; que hablan de existencias a las que se les impidió crecer, progresar y construir futuro; que almacenan en ellos biografías completas, pero que siempre se rememoran a partir de los momentos más dolorosos, los últimos para algún ser querido.

Una foto rota y cosida puede servir para que el espectador se haga una idea de la crueldad de la represión de la dictadura franquista, represión alimentada con tortura, cárcel y fusilamientos. La misma foto ayuda a entender el dolor que el recuerdo provoca en quienes sobreviven al asesinado. Anastasio Godoy fue víctima de la represión. En 1941, con 29 años, no podía mantenerse en pie por una enfermedad contraída en prisión y lo fusilaron sentado en una silla. Desde la cárcel de Almodóvar del Campo, Ciudad Real, se había comunicado por carta durante dos años con su mujer Benita Lillo, que estaba presa en Gerona. Entre las pertenencias que tras el fusilamiento de Anastasio enviaron a su familia había una foto rota en varios trozos que había sido cosida. Guardada por Benita pudo ser el soporte para el recuerdo del tiempo vivido juntos, el hito a partir del que rememorar el futuro que solo pudieron imaginar, aunque la evocación de lo vivido y lo deseado tuviese que iniciarse siempre en recuerdos de un periodo y un hecho dolorosos.

Muchos objetos de la exposición almacenan memoria. Hay uno que conserva una parte material de la persona a quien se recuerda; es un saquito toscamente cosido que conserva una piedrecitas dentro. Las piedras están manchadas de sangre. La hermana de Ángel Ruiz, fusilado en Almagro en 1940, las recogió del lugar donde lo asesinaron y las guardó durante muchos años. Antes de morir se las entregó a Saturnina, la mujer de Ángel. Esta hizo una bolsita para guardarlas durante toda su vida en el delantal que llevaba. Hay que abrir una ventana para llegar al saquito que Saturnina llevó encima desde que llegó a sus manos. También para acceder al resto de elementos que se exponen en el espacio titulado Las pequeñas cosas. Son cajas cerradas que guardan en su interior historias de vida que se detuvieron violentamente. Sus protagonistas vieron desaparecer el camino que se habían trazado y tuvieron que buscar otro en el que, además de sobrevivir, portaron en su memoria el recuerdo y los anhelos de sus familiares desaparecidos. Saturnina, como el resto de protagonistas del espacio Las pequeñas cosas, fue envejeciendo mientras mantenía el recuerdo de su marido con el aspecto que tenía cuando se separaron.

La exposición se distribuye en varias salas y apartados que cuesta tiempo recorrer. Muchos de los objetos, cartas, escritos, vídeos y testimonios grabados con la voz de sus protagonistas o sus familiares dejan a la vista diversas maneras de vivir y soportar el exilio, formas diferentes de mantener el recuerdo de personas que el régimen dictatorial asesinó e hizo desaparecer, modos de comunicarse para sortear la censura y para que los mensajes llegasen a sus destinatarios… También se manifiesta en la muestra el miedo a contar, la ocultación de lo vivido a las siguientes generaciones por el temor a que sufriesen las mismas consecuencias. Y lo que la exposición también revela es que casi siempre son las mujeres quienes se ocupan del receptáculo de la memoria, conservan esta y la transmiten; a menudo, no por línea familiar directa.

La muestra nos impacta hasta el punto de que antes de abandonar Madrid volvemos a la Casa de América para llevarnos grabados algunos de los testimonios sonoros. La suerte hace que coincidamos con una visita guiada por los dos comisarios de la exposición. Al relatarnos su experiencia con varias de las personas que les han transmitido las historias, las vivencias y el significado sentimental de los objetos portadores de memoria, consiguen que quienes les escuchamos nos acerquemos emotivamente al sentimiento de quienes protagonizaron aquellas experiencias.

Me resisto a marchar sin grabar el documento sonoro de Carmen Vela. Para mi, la frase sobre lo que le quedó a su madre resume el sufrimiento que el golpe de estado y la dictadura sembraron durante tanto tiempo, algo de lo que ni quienes lo provocaron se arrepintieron ni quienes son sus sucesores ideológicos han hecho o harán.

“Cuando mataron a mi padre, a mi madre solo le quedaron los ojos para llorar y las calles para correr”.

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Cuatro días más tarde, el 14 de febrero, se clausuró la exposición, que permanecía abierta desde el 17 de diciembre. Más de 30.000 personas han visitado la muestra, convirtiéndola en la más visitada de la Casa de América en las últimas dos décadas. Una evidencia de que la memoria sobre los perseguidos durante la guerra y el franquismo interesa a mucha gente. No se puede eludir, por más que haya quienes se esfuercen en hacerlo o quieran blanquear las atrocidades cometidas por la dictadura.


En este enlace se pueden encontrar vídeos y pódcast sobre la exposición El cuerpo errante:

https://www.casamerica.es/exposiciones/el-cuerpo-errante


En un vídeo de la exposición se hacía referencia a Avelino García, fusilado en 1940. Su nieto, sorprendido de que los apellidos de sus primos no coincidiesen con ninguno de los suyos, empieza a buscar a quien fue su abuelo biológico. El vídeo que puede verse en el siguiente enlace es de Jorge Moreno, uno de los comisarios de la exposición El cuerpo errante; el estracto que se reproducía en la exposición procede de él. Avelino Chillarón, nieto de Avelino García, aunque su apellido sea otro, dice en el vídeo: 

"A mi padre le robaron al suyo, a mi abuela le robaron a su marido y a mi me robaron el poder sentarme en las rodillas de mi abuelo". 

 https://vimeo.com/85392380


 


2026/01/07

Muerte y resurrección de una lengua

¿Cómo mira el mundo la última persona hablante de una lengua? ¿Cómo lo interpreta, cómo lo nombra, cómo se integra en él? De hacer caso al mito ‒y de haber llegado a Mousehole hace dos siglos y medio‒ podríamos habérselo preguntado a Dolly Pentreath, a la que se quiere considerar la última hablante cuya lengua materna fue el córnico. Aunque el córnico no ha muerto, aún hoy es posible interpretar el mundo desde esa lengua.


Llegamos a Cornualles con el propósito de descubrir y visitar la mítica isla mareal de St. Michael’s Mount. Y el azar hizo que nos topásemos con la memoria de Dolly Pentreath cuando nuestra estancia en Cornualles llegaba a su fin. 

Media docena de pueblos se reparten toda la línea de costa en el arco más protegido de Mount’s Bay. En el extremo occidental está Mousehole. La pequeña población, de unos 540 habitantes, tiene un indudable atractivo turístico. Sin embargo no debe de ser tan atractiva para quienes allí nacen. En los primeros 20 años del siglo XXI ha perdido casi un tercio de su población (*1): 759 habitantes en 2001, 697 en 2011, 544 en 2021. En las poblaciones más cercanas del tramo de costa entre Mousehole y St. Michael’s Mount, como Newlyn, Penzance o Marazion, no ha habido crecimiento demográfico, pero la densidad de población es similar a la de comienzo de siglo.

En Mousehole es donde nació y vivió Dolly Pentreath, la mujer que es considerada la última hablante nativa de córnico. Se dice que nació hacia 1692, aunque no hay seguridad sobre ello, y murió en 1777. Si fuese cierto el dato sobre su año de nacimiento Dolly vivió 85 años. El debate sobre si fue la última persona cuyo idioma nativo era la lengua celta hablada en Cornualles nunca se ha cerrado; tampoco la controversia ante el planteamiento de que Dolly Pentreath solo habló córnico, su lengua materna. Es fácil sospechar que afirmaciones tan concluyentes sobre la última hablante y su monolingüismo tienen alguna falla, pero todo parece indicar que la generación de Dolly Pentreath vio notablemente reducido el número de hablantes de esa lengua. Quizás fue “la última generación criada hablando córnico desde su nacimiento” (*2). El córnico fue la que aquella generación ‒y las precedentes durante al menos dos milenios‒ utilizó para expresar el mundo y verse reflejada en él. Sin embargo, las dificultades para usarla más allá de los círculos local o socialmente más cercanos se hicieron tan considerables que el córnico dejó de ser el idioma utilizado en las relaciones sociales y acabó despareciendo de la esfera pública. Hasta su reciente y lenta recuperación. 

El córnico es una lengua celta de origen indoeuropeo emparentada con el galés y el bretón. Su decadencia comenzó por la expansión e imposición del inglés, en lo que la Iglesia y la monarquía tuvieron mucho que ver. 

En Cornualles (y otros condados del suroeste del reino de Inglaterra) se generaron rebeliones contra la corona a finales del siglo XV y primera mitad del XVI; los motivos fueron variados, siempre relacionados con el descontento en la base social (*3). En 1549 se produjo en Devon y Cornualles una rebelión popular en contra de la imposición del uso del inglés en los oficios litúrgicos. Aquella imposición se enmarca en el proceso de la Reforma inglesa, que se inició a partir de la negación de la autoridad papal por parte de Enrique VIII y la separación de la Iglesia anglicana de la de Roma. Aunque Enrique VIII defendió la mayor parte de la doctrina católica y el mantenimiento de la liturgia en las celebraciones, durante el reinado de su hijo Eduardo VI ‒que fue coronado a los nueve años y murió a los 15 sin llegar a reinar por sí mismo nunca‒ se impuso la utilización del ingles en los servicios litúrgicos de las iglesias, sobre todo en las zonas donde el catolicismo estaba más arraigado y las condiciones económicas de la mayoría de la población eran penosas, como en Cornualles. 

Los oficios litúrgicos se celebraban en latín, una lengua que el pueblo llano no entendía, pero la imposición del Book of Common Prayer (Libro de Oración Común) fue el detonante del levantamiento llamado Prayer Book Rebellion (Rebelión del Libro de Oración). La sublevación fue aplastada; más de 5.000 personas murieron y muchos rebeldes fueron cruelmente ajusticiados. A partir de la rebelión “el gobierno empezó a asociar el córnico con la sedición y el atraso” (*4). En 1549 la población de Cornualles era ya bilingüe, pero se sabe que había hablantes de córnico monolingües (*5). Los mismos líderes del levantamiento declaraban que “(…) por eso nosotros, los habitantes de Cornualles, de quienes algunos no entendemos inglés, rechazamos rotundamente este nuevo inglés” (*6). 

Desde aquel levantamiento, faltaba bastante más de un siglo para que naciese Dolly Pentreath. Durante ese tiempo ocurrió un hecho notable en la historia de Mousehole y del extremo más occidental de Cornualles. Entre el 2 y el 5 de agosto del 1595 una expedición naval enviada por la corona española desembarcó en la costa de Mount’s Bay e incendió las villas de Penzance, Newlyn y Mousehole (*7). En Mousehole sólo quedó intacta una casa: Keigwin Manor, la mansión de Jenkyn Keigwin, vivienda que ahora se llama Keigwin Arms. Una bala de cañón mató a su entonces propietario mientras este defendía el pueblo. 

La familia de Jenkyn Keigwin vendió la mansión y esta terminó convirtiéndose en un bar que fue “escenario de innumerables acontecimientos a lo largo de los siglos y sus muros han albergado a nobles y contrabandistas, tribunales forenses y damas de mala reputación. De hecho, las historias de borracheras, suciedad, crímenes y apariciones fantasmales podrían cambiar para siempre la perspectiva que se tiene de esta icónica casa” (*8). Quién sabe cuánto de realidad y cuánto de leyenda hay en esto. Pero los escollos para distinguir realidad y fantasía en relación a Dolly Pentreath son mucho mayores; de ella se dice que “vendía pescado, bebía cerveza, fumaba en pipa y maldecía a gritos en córnico” y que “también tenía fama de dedicarse a la brujería y la astrología” (*9). 

Tratando de armonizar la información que sobre la marcha busco en Internet sobre Mousehole y Dolly Pentreath, me imagino a mí mismo siguiendo los pasos de esta por las callejas de Mousehole para descubrir que “Pentreath solía sentarse a una mesa junto a la ventana del pub Keigwin Arms, beber, fumar y gritarles a los pescadores cuando llegaban al puerto” (*10). La imagino provocando o siendo víctima de más de una discusión o altercado, y que su famosa frase en córnico kronnekyn hager du (feo sapo negro) se escuchó a menudo en aquel pub. 

Pero tengo que volver a lo que me hizo parar, a lo que me motivó para interesarme por Musehole mucho más allá de su atractivo turístico: la idea de que allí vivió la última hablante monolingüe de córnico y el deseo de saber cómo la última persona hablante de una lengua que desaparecería con ella podía mirar el mundo y verse en él. 

El relativismo lingüístico plantea que la lengua moldea nuestra percepción de la realidad y, en cierta medida, configura nuestra mente. Sin pararme a elegir entre la gramática generativa y la opción relativista de que es la lengua que utiliza cada hablante la que conforma y armoniza lo que ve, lo que siente y lo que expresa, me inclino a creer que la lengua sí condiciona nuestra visión del mundo y la de todo lo que en él acontece (*11). Si Dolly Pentreath hubiese sido realmente la última hablante de córnico, con ella habría desaparecido un mundo que nadie más iba a mirar, ver y expresar. Si la lengua influye en la percepción del mundo, después de Dolly Pentreath nadie más lo podría ver como ella. 

Dolly Pentreath fue una mujer pobre, hija de un pescador de Mousehole, que trabajó desde niña y hasta su vejez vendiendo pescado en Newlyn y Penzance. Según el mito, que ya en su vida comenzó a configurarse alrededor de su nombre, Dolly Pentreath era una mujer de carácter huraño y esquivo que insultaba en córnico a cualquiera que la molestara al cruzarse en su camino. En la construcción del mito sobre su persona y sobre ser la última hablante nativa de córnico tuvo una influencia capital Daines Barrington, un erudito inglés. Tras entrevistarla, publicó un informe en el que la presentaba como la última hablante de córnico nativa. Tuvo tanta repercusión que Dolly se hizo muy popular en vida. Aunque el córnico no despareció con ella, esa es la versión que ha prevalecido. 

Se consideraba que a principios del siglo XIX el córnico era una lengua extinta. Sin embargo, hay autores que sostienen que el idioma sobrevivió como lengua de ámbito doméstico (*12). Henry Jenner fue un investigador de las lenguas celtas e impulsor del resurgimiento del córnico. En su libro A Handbook of the Cornish Language (1904) (*13) hace un repaso de la situación del idioma durante los siglos XVIII y XIX. Tal como expone el autor siempre hubo personas en Cornualles que conocían el córnico, pero no asegura que fuese un idioma de uso común ni siquiera en aislados reductos familiares o de trabajo. La publicación de este libro se considera como el inicio de la recuperación del córnico. 

En 2009 la UNESCO modificó la clasificación del córnico como “extinto” para etiquetarlo como “en peligro crítico de extinción” (*14). En la actualidad el córnico se está recuperando y hay cientos de hablantes que pueden usar con fluidez el idioma de Cornualles. Todavía se necesitará mucho tiempo, esfuerzo, protección y promoción para que el córnico abandone el estatus de “en peligro crítico de extinción”. 

Como dice Niwlen Ster, “the last speaker of Cornish hasn’t even been born yet” (el último hablante de córnico aún no ha nacido; en córnico: Drefen ny veu genys hwath an diwettha Kerneweger ). Lo dice en un artículo cuyo título en castellano es “Matando a Dolly” (*15) (“Ladha Dolly” en córnico). Dice la autora que “ni siquiera el creador accidental del mito de Dolly creía realmente que Pentreath fuera la “última hablante de Cornualles”. Se refiere a Daines Barrington, el erudito inglés (hijo de un vizconde) que entrevistó a Dolly Pentreath y convirtió en mito a la supuesta última hablante de córnico. Según Niwlen Ster, Daines Barrington y otros anticuarios como él preferían ver morir una lengua antes que comprobar que seguía viva. Se trataba de personajes que provenían del núcleo imperial; para ellos quienes hablaban aquella lengua de una tierra de medio salvajes eran de otra clase. Unos clasistas y colonialistas como ellos solo podían mezclarse con unos pobres de pueblo convirtiendo el encuentro en un entretenimiento condescendiente. El mito de Dolly Peltrath, dice Newlen Ster, fue creado por el clasismo y el colonialismo y “no nos protege de ellos, los protege a ellos de nosotros”. 

Aquellos clasistas ingleses no fueron los únicos que alimentaron el mito de la última hablante de córnico. En 1860, 83 años después de la muerte de Dolly Pentreath, Louis Lucien Bonaparte (*16) contribuyó a erigir un monumento en el cementerio de la parroquia de Paul en el que aquella fue enterrada. Con ello apuntaló la versión de que aquella mujer había sido la última hablante nativa de córnico y toda la leyenda que sobre ella se había generado, incluyendo la afirmación de que era monolingüe. No sé si Dolly Pentreath conocía el inglés y hasta que punto. Quizás no lo pudiese utilizar de una manera fluida. Según se cuenta sus últimas palabras fueron: "Me ne vidn cewsel Sawznek!" o, lo que es lo mismo, "¡Yo nunca hablaré inglés!". Si las completamos con una frase que supuestamente utilizaba a menudo para dirigirse a los pescadores y a quienes la molestaban, la última frase de la supuesta última hablante nativa de córnico pudo haber sido: "¡Yo nunca hablaré inglés, feo sapo negro!". Si el córnico configuraba la percepción que Dolly Pentreath tenía del mundo, sus últimas palabras retratarían su impermeable desprecio a la lengua del imperio. Quizás el imperio quiso arrinconar el córnico hasta hacerlo desaparecer. Pero el córnico sigue vivo, porque el último hablante de córnico aún no ha nacido.

(*1) https://www.citypopulation.de/en/uk/southwestengland/cornwall/E63007079__mousehole/


(*2) https://news.exeter.ac.uk/faculty-of-humanities-arts-and-social-sciences/cornish-continued-to-be-used-throughout-the-19th-century-long-after-the-death-of-dolly-pentreath-new-book-shows/

(*3) https://jacobinlat.com/2025/01/la-lucha-de-clases-contra-el-capitalismo-comenzo-con-una-rebelion-en-el-campo-ingles/

(*4) https://en.wikipedia.org/wiki/Prayer_Book_Rebellion

(*5) Language Death and Revival in the British Isles: Two Case Studies. Tesis doctoral presentada por Christopher Langmuir Thomson en el Departamento de Lengua Inglesa de la Universidad de Sevilla 2015.
Consultada en: https://idus.us.es/items/afca47a2-8814-497b-bd75-0ba58997d9e8

(*6) https://en.wikipedia.org/wiki/Prayer_Book_Rebellion

(*7) https://en.wikipedia.org/wiki/Raid_on_Mount's_Bay

(*8) https://cornishbirdblog.com/the-keigwin-arms-mousehole-ghosts-smuggling-bad-behaviour/

(*9) https://www.ebsco.com/research-starters/history/dolly-pentreath

(*10) Idem.
 
(*11) Entiendo, no sé si con acierto suficientemente contrastado, que la gramática generativa es innata a todo ser humano independientemente de la lengua que utilice y por tanto anterior a la concreción del mundo que cada hablante contempla y puede expresar. Para el relativismo lingüístico, en cambio, cada lengua influye de manera diferente en nuestra visión del mundo y en el modo en el que lo vemos y lo expresamos.

(*12) https://www.bbc.co.uk/voices/multilingual/cornish_history.shtml

(*13) Se puede leer aquí: https://www.gutenberg.org/files/26192/26192-h/26192-h.htm

(*14) Atlas de las lenguas del mundo en peligro.
Ver en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000189453?posInSet=2&queryId=f41e9f6e-613f-4d28-ac1b-b83c4154772a

(*15) El artículo se puede leer en https://sordya.net/ (Sordya es Kernewek, que significa levantarse, emerger, provocar e instigar). El enlace para el artículo es este: https://sordya.net/2023/07/07/killing-dolly-ladha-dolly/#notennow

(*16) “Uno de los más importantes promotores de los estudios de la lengua vasca”. Louis Lucien Bonaparte dedicó buena parte de su vida a los estudios lingüísticos, centrándose en los idiomas del Reino Unido, pero, sobre todo, en el euskera. Para este idioma contó con la amistad y la ayuda de Antoine d’Abbadie y del guipuzcoano Claudio Otaegui, que era cuñado de la última esposa de d’Abbadie.
Ver: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/bonaparte-louis-lucien-1813-1891/ar-32829/

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Hay una canción popular sobre Dolly Peltreath que, sin hacer caso al mito de que fue la última hablante nativa de córnico, describe en pocas estrofas su dura vida de trabajo como vendedora de pescado. Se puede escuchar aquí: 
https://www.google.com/search?sca_esv=00fe40e04878748b&sxsrf=AE3TifNWTxbfPwvxpZhxShLVHpZnIZTEOg:1764229303295&udm=7&fbs=AIIjpHx4nJjfGojPVHhEACUHPiMQA7xZwAaEOXZSyoNSOb3VyMAXFNFhptW4GMdYByMgYAn35WZEDHPKbdxfsVwCTJ9A5lPbx3iuZF6nVFLaymRjm7l_WQZDxyWh7lzbU4OYsHh3pVSS3tpAtjJZ9hMcJJjRl-qYcQB8NiEJHUFYlvTg7AKSg1tTAe6E1hGA9OyzHLiiLske&q=dolly+pentreath+lyrics&sa=X&ved=2ahUKEwibmrOn6pGRAxW6R_4FHXTnGaAQtKgLegQIFRAB&biw=1280&bih=551&dpr=1#fpstate=ive&vld=cid:d5b37cc6,vid:Pic1G-ezvq8,st:0 

Esta es la letra, por si quieres cantarla: 

DOLLY PENTREATH
(Natalie McGrath/Claire Ingleheart) 

Sops:     Dolly Pentreath was a Mousehole maid 
All:        Whey hey, a Mousehole maid 
Sops:     She was Cornish of tongue and a fish jowster by trade
All:        Whey hey Dolly Pentreath

All Chorus: Lay down them fish ‘gainst the cellar wall 
                    Then don’t forget the salt to cover them all
                     Lay down then fish ‘gainst the cellar wall
                     There’s seven more baskets from this day’s haul. 

 Sops:     With her ‘cowal’ strapped daily, against her back 
 All:        Whey hey against her back 
 Sops:     She moves through the day ‘til dark shadows crack 
 All:         Whey hey Dolly Pentreath 
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All Chorus:
 -------- 
Sops:     This weight of labour scored lines on her face 
All:        Whey hey, lines on her face 
Sops:     All the gathering and carrying, all over the place
All:        Whey hey Dolly Pentreath
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All Chorus:
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Basses:  When Dolly was old , to be lain in the ground
All:        Whey hey lain in the ground
Sops:     They found pilchards in her pockets for a jowster she was bound
All:        Whey hey Dolly Pentreath 
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All Chorus: X2

Dictadura y exilio

“Cuando mataron a mi padre, a mi madre solo le quedaron los ojos para llorar y las calles para correr”. Esta frase pronunciada por Carmen Ve...